China produce actualmente cerca de tres cuartas partes de las baterías para vehículos eléctricos del mundo, lo que le permite ofrecer automóviles con menores costos de producción. Al mismo tiempo, el país desarrolló una cadena de suministro integrada y un ecosistema tecnológico donde empresas especializadas aportan software, electrónica, inteligencia artificial y plataformas digitales que aceleran la innovación.
Mientras tanto, muchos fabricantes tradicionales continúan desarrollando buena parte de estas capacidades de manera individual, lo que incrementa costos y alarga los tiempos de desarrollo.
El resultado ya es visible en los mercados internacionales. Las marcas chinas ya alcanzan participaciones de dos dígitos en Europa, expanden rápidamente su presencia en América Latina, Australia y Medio Oriente, mientras incluso Tesla pierde participación dentro del propio mercado chino debido al ritmo con el que los fabricantes locales lanzan nuevos modelos.
En ese contexto, el problema para Volkswagen no se limita a la caída de ventas en China.
Su histórico modelo exportador enfrenta ahora una menor demanda en el mercado asiático, mayores barreras comerciales derivadas de los aranceles impulsados por Estados Unidos y Europa, además de una competencia cada vez más intensa en prácticamente todos los mercados internacionales.
Las acciones de Volkswagen acumulan una caída superior a 25% en lo que va del año. Tras difundirse el reporte sobre el posible recorte de 100,000 empleos, los títulos cedían otro 0.2% en las operaciones del viernes, reflejando el escepticismo de los inversionistas sobre la velocidad con la que el grupo podrá recuperar competitividad.
La presión también alcanza a la rentabilidad. En 2025, Volkswagen registró un desplome de 53% en su utilidad operativa, mientras que el beneficio neto cayó hasta 7,900 millones de dólares. En China, las entregas descendieron a 2.69 millones de vehículos, con una caída particularmente pronunciada en los eléctricos, cuyas ventas retrocedieron 44.3%, según su informe financiero anual.
Aunque la empresa continúa generando recursos para invertir, la dirección decidió reducir en alrededor de 15% su plan de inversiones de los próximos cinco años, que quedaría en poco más de 130,000 millones de euros, con el objetivo de preservar liquidez y priorizar proyectos estratégicos.
La propia compañía ha reconocido que el problema trasciende un ciclo económico adverso. “Nuestro modelo actual de desarrollar vehículos en Alemania, producirlos en Europa y exportarlos al resto del mundo ya no funciona para todas las marcas”, señaló Volkswagen al explicar la necesidad de una transformación profunda.
Esa admisión resume el desafío de competir contra fabricantes chinos que no solo producen a menor costo, sino que también lideran en baterías, software y vehículos definidos por inteligencia artificial.