La infraestructura espacial también permitiría colocar capacidad de procesamiento y almacenamiento más cerca de los usuarios, además de conectar distintos nodos en órbita con menor latencia. Esto abre la posibilidad de procesar grandes volúmenes de datos fuera de la Tierra y utilizar la energía solar disponible en el espacio para alimentar esa infraestructura.
El mercado todavía es incipiente, pero las expectativas de crecimiento son altas. Al cierre de 2026, los centros de datos espaciales tendrán un valor de 1,440 millones de dólares y para 2034 alcanzarán 3,810 millones de dólares, lo que representa un crecimiento de 12.96%, de acuerdo con Business Insights.
Viasat prepara una red más amplia
El ViaSat-3 F2 también forma parte de una estrategia más amplia de expansión de la conectividad de Viasat. La empresa opera actualmente ocho satélites geoestacionarios en la banda L, pero contempla evolucionar hacia una constelación de cientos de satélites de órbita terrestre baja, conocidos como LEO.
La combinación de ambas tecnologías permitiría a Viasat ampliar gradualmente sus servicios y mejorar la conectividad conforme aumente la demanda.
Ese movimiento coloca a la compañía frente a Starlink , el negocio de conectividad satelital de SpaceX, que también busca participar en el desarrollo de centros de datos espaciales para inteligencia artificial.
SpaceX contempla lanzar hasta un millón de satélites destinados a centros de datos espaciales para IA. La primera serie, denominada AI1, tendrá una capacidad de cómputo promedio de 120 kilovatios y un máximo de 150 kilovatios. Para alimentar esa infraestructura utilizará dos paneles solares con una envergadura de 70 metros y una capacidad de generación de 250 vatios por metro cuadrado.
Viasat enfrenta directamente a Musk
La competencia entre Viasat y Starlink no dependerá únicamente de la capacidad de cada satélite. La rentabilidad de los centros de datos espaciales estará relacionada con factores como el número de equipos que puedan colocarse en órbita, la latencia, la interconexión entre satélites y la capacidad de lanzamiento de los cohetes.
En este punto, SpaceX parte de la experiencia acumulada con Starlink y con la operación de una megaconstelación satelital, además de su capacidad para realizar lanzamientos mediante sus propios cohetes.
Viasat, por su parte, busca ampliar su participación en el mercado a partir de una infraestructura que combina la conectividad tradicional con nuevas aplicaciones para el procesamiento de datos en el espacio.
El ViaSat-3 F2 representa así una pieza dentro de una transformación más amplia del negocio satelital. La disputa ya no se limita a quién puede llevar internet a más hogares, aviones, barcos o zonas remotas, sino a quién puede convertir la órbita terrestre en una nueva plataforma para la infraestructura digital que requiere la inteligencia artificial.