Montepío Luz Saviñón: nació en 1902
Más de un siglo después del primer Monte de Piedad mexicano, surgió Montepío Luz Saviñón. La institución se constituyó el 24 de abril de 1902 por Luz Saviñón, quien destinó parte de su patrimonio a crear una organización sin fines de lucro que otorga crédito prendario a las personas de menores recursos.
El primer establecimiento abrió en el Centro Histórico de la Ciudad de México y tuvo un episodio peculiar: durante su inauguración, Porfirio Díaz realizó el primer empeño, dejando como garantía una leontina (cadena o cinta corta que se usa en la ropa para sujetar un reloj de bolsillo), y una pluma de oro a cambio de 35 pesos.
Montepío, al igual que la mayoría de este tipo de establecimientos se modernizó, por lo que a través de su página oficial explica el proceso en cuatro pasos: llevar una prenda, recibir una valuación, obtener el préstamo y liquidarlo para recuperar el artículo. Entre los bienes que acepta se encuentran joyas, relojes, celulares, computadoras, motocicletas y automóviles, siempre sujetos a valuación y a sus políticas vigentes.
En su página detalla cómo funciona, qué tipo de prendas recibe y el uso de su app para que los usuarios conozcan las fechas relevantes para hacer los pagos sin necesidad de acudir a una sucursal; sin embargo, para recibir dinero a cambio, sí se necesita acudir a una de sus más de 200 sucursales distribuidas a lo largo del país.
Historia de la Fundación Dondé
El origen de Fundación Dondé es distinto: su historia comenzó con un propósito educativo. Don Rafael Dondé estableció en su testamento que su patrimonio se destinara a apoyar la educación de niños de escasos recursos. La Fundación fue creada posteriormente por sus albaceas y desarrolló diversas instituciones educativas y asistenciales.
El modelo de prendario llegó décadas después. En 1994 se inauguró el primer Montepío Fundación Dondé, con la finalidad de generar recursos para fortalecer las actividades de la Fundación. En 2013, creó Banco Dondé para ampliar sus servicios financieros.
Su esquema de empeño sigue la lógica tradicional: el cliente entrega un bien que funciona como garantía, la institución determina su valor y otorga un préstamo. Si el crédito se liquida conforme a las condiciones pactadas, el cliente recupera la prenda. El modelo permite convertir temporalmente bienes de valor en liquidez sin recurrir necesariamente a un crédito bancario tradicional.