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BlackRock y Vanguard: 16 billones de dólares detrás de las vacunas

Los administradores de recursos están entre los principales accionistas de las farmacéuticas y tienen intereses en empresas afectadas por la crisis. Por ello empujan la colaboración entre rivales.
lun 08 marzo 2021 05:05 AM
Vacunas y dinero
La ecuación para los “mecenas de Wall Street” es clara: entre más rápida sea la recuperación económica, mejores utilidades y mejores retornos de inversión lograrán.

Las empresas desean, obviamente, que todo marche a la perfección con la vacunación y por fin se presione hasta el fondo el botón de reinicio de la actividad económica. Pero todavía tienen más interés en ello quienes ponen grandes sumas de dinero en las compañías: los grandes gestores de activos.

BlackRock y Vanguard administran 16 billones de dólares. Si fueran un bloque de naciones, serían la tercer potencia mundial por debajo de Estados Unidos y China, de acuerdo con datos del Banco Mundial en 2019. No es un dato trivial, ya que este peso les permite tener voz, voto e influencia en las asambleas generales de muchas empresas.

Por ejemplo, puede encontrarse el nombre de BlackRock como uno de los dos accionistas mayoritarios de la farmacéutica francesa Sanofi —con el 5.90%— . Y también en la biofarmacéutica estadounidense Pfizer, donde esta firma y los otros dos gigantes de su sector, Vanguard y State Street, son los principales accionistas, con 7.7%, 8.13% y 5.28% de la participación, respectivamente. Y en AstraZeneca suma el 4.16% de los títulos, con lo que es el tercer mayor accionista, mientras que Vanguard, con el 2.77%, es el quinto.

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Esta es una pequeña muestra, focalizada en un sector, pero el enfoque no es causal. En abril de 2020, al inicio de la pandemia, BlackRock y otros fondos mandaron un mensaje directo a las farmacéuticas en una entrevista publicada en el diario británico Financial Times: “Hagan a un lado cualquier reserva que tengan sobre colaborar con rivales”.

El mensaje fue escuchado. Pfizer y Moderna trabajan, cada una por su cuenta, con otras biofarmacéuticas como Rentscheler Polymun, Rovi, Recipharm, mientras que AstraZeneca y Novavax colaboran con el Serum Institute of India, el mayor fabricante de vacunas del mundo, que está elaborando en paralelo productos similares a los de Oxford-AstraZeneca. Incluso esta última empresa anunció una alianza similar con Novavax (sí, también BlackRock y Vanguard son sus mayores accionistas).

La ecuación para estos “mecenas de Wall Street” es clara: cuanto más rápida sea la recuperación económica, mejores utilidades y, teóricamente, mejores retornos de inversión lograrán. Su dinero impulsó el desarrollo de las vacunas, lo que a su vez impulsará la actividad económica, que el resto de empresas de otros sectores donde también son accionistas necesitan para salir de la crisis.

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“Son participantes muy interesados en la recuperación, mientras más rápida y sólida, mejor”, dice en entrevista Esteban Polidura, director de asesoría y productos para la región de América del banco de inversión Julius Bär (BlackRock también es uno de los principales accionistas en este banco suizo). “Eso se traduce en mejores utilidades, más crecimiento y, en teoría, acciones más altas. Hay un incentivo claro ahí”.

Polidura, quien analiza el pulso de los inversionistas, señala que la relación entre fondos y empresas a menudo es tensa, lo que quedó en evidencia con las farmacéuticas en un año atípico. Es común que haya desencuentros entre las decisiones del consejo de administración de la empresa y los accionistas. Un ejemplo en México ocurrió en 2017, cuando la familia Hank impulsó la después exitosa fusión de Banorte con Interacciones. Un grupo de accionistas, entre ellos (sí, otra vez) BlackRock, puso en duda la operación por posibles conflictos de interés, ya que Interacciones y Banorte estaban en manos de la misma familia.

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¿Es esto malo? No necesariamente. Para Jorge Arturo Martínez, director del Think Tank Financiero de EGADE, esta “pelea” es natural debido a que hay una disociación entre la rentabilidad inmediata que busca a menudo un gestor de activos y los planes a futuro que persigue el empresario de una compañía.

Estas discordancias se encuentran en los votos y minutas de las asambleas generales de las empresas públicas. Ahí, dependiendo de la participación accionaria que posean y los asientos que ocupen, los fondos pueden presionar a la compañía. Y también tienen el poder de la persuasión entre los inversionistas más pequeños, quienes pueden encontrar poco atractivas las acciones de una empresa que está en una rispidez constante con accionistas del tamaño de BlackRock y Vanguard.

Sin embargo, en esta relación también hay sinergias. Por ejemplo, el banco de inversión suizo UBS busca tener un diálogo y reuniones constantes entre sus administradores de portafolios, los analistas y los miembros de la junta directiva de una empresa. Entre los puntos que usualmente dialoga, destacan la estrategia corporativa y sus objetivos, el desempeño de la administración y el progreso de los activos frente a las expectativas del banco, comenta UBS Asset Management en un documento en el que sintetiza sus políticas y procedimientos.

“Una empresa puede beneficiarse de forma tangible de ese ‘know how’ que puede tener el fondo”, dice Polidura. “Si tienen algo que aportar al modelo de negocios de una empresa, debemos esperar que traten de tener participación suficientemente grande que les dé voz y voto en la asamblea y el consejo”.

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Para Martínez, esta relación también evidencia que existe una “sobreconcentración” en los fondeadores, que puede derivar en casos como el de Greensill Capital, la startup británica de financiamiento a cadenas de suministro, financiada por la firma japonesa SoftBank, que se encuentra al borde de la quiebra. SoftBank era accionista, pero también tenía acciones en las empresas que recibían financiamiento de Greensill y era inversionista en uno de los fondos, de acuerdo con un reporte del sitio especializado Financial News. Los reguladores investigan el caso.

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