Estados Unidos ha presentado las tasas más altas de mortalidad hasta la fecha por la epidemia, al informar casi 2,000 muertes diarias por cuatro día consecutivos, en su mayoría dentro y en las zonas aledañas a Nueva York.
Incluso esas estimaciones se consideran bajas, ya que Nueva York aún está tratando de incluir de la mejor manera posible en sus estadísticas un incremento de fallecimientos en las casas, no en hospitales.
Expertos en salud pública han advertido que la cifra de muertos en Estados Unidos podría llegar a 200.000 durante el verano boreal si se levantan las órdenes de confinamiento y de cierres de negocios después de apenas 30 días.
Pero la mayoría de las restricciones a la vida pública, como los cierres de escuelas y órdenes de emergencia de que los trabajadores no esenciales se queden en casa, han surgido a partir de la autoridad de los gobernadores de los estados, no del presidente.
Trump dijo que quiere que los estadounidenses vuelvan a la normalidad lo antes posible y que las medidas para evitar la propagación del coronavirus ya tienen en sí mismas un elevado costo económico derivados de la paralización y los gastos adicionales en salud pública.
El sábado en Nueva York, el gobernador del estado y el alcalde de la ciudad de enfrascaron en otra disputa sobre sus esfuerzos por combatir el virus, en el que ahora es su nuevo epicentro global, esta vez para debatir por cuánto tiempo más deberían permanecer cerradas las escuelas.