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Nuestras Historias

Las cárceles de Latinoamérica se convierten en un polvorín ante el coronavirus

El incremento de contagios en las prisiones de la región, así como las condiciones de hacinamiento y de poca higiene de estos centros consternan a la ONU.
mar 05 mayo 2020 11:14 AM
Primeros motines
En varios países de la región, como Brasil, se han llevado a cabo motines de los presos durante la pandemia.

MONTEVIDEO- La irrupción del coronavirus ha crispado los nervios en los hacinados penales latinoamericanos, provocando fugas masivas, varios motines que dejaron más de 80 muertos y llevando a varios gobiernos a tomar la impopular medida de liberar a presos.

El incidente más letal ocurrió el fin de semana en una prisión en Guanare, en el centro de Venezuela, donde la restricción de visitas como medida de cordón sanitario desencadenó un suceso que acabó con al menos 47 muertos y 75 heridos, según la ONG Observatorio Venezolano de Prisiones. Algunos medios locales cifraron los fallecidos en más de 60.

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La precariedad de muchos penales hace que la alimentación de los reclusos dependa de lo que les llevan sus familiares, por lo que la suspensión de visitas se traduce en hambre.

La primera señal de alarma fue en Brasil el 16 de marzo y por la razón opuesta: la restricción de salidas temporales para evitar el ingreso del virus. Cerca de 1.400 presos se fugaron de varias prisiones del interior de Sao Paulo en reacción a la medida; las autoridades lograron recapturar a unos 600.

Desde entonces, cada semana han estallado nuevos disturbios en Colombia, Argentina, Perú o México, mientras los contagios crecen entre reos y custodios.

La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, manifestó este martes su "profunda preocupación" por las condiciones de las cárceles en la región y "la rápida propagación de COVID-19".

GALERÍA: El día del trabajo en medio de una pandemia de coronavirus

Ciudad de México

Ciudad de México

El paseador de perros mexicanos Armando García, 39 años, posa en la colonia Condesa. García cree que su trabajo ayuda a aliviar el estrés de los perros cuyos dueños pemanecen en cuarentena por el nuevo coronavirus.
FOTO: AFP/Pedro Pardo
Líbano

Líbano

La farmacéutica libanesa Tatiana Rcaiby, de 36 años, posa en su farmacia en la ciudad costera de Biblos, Líbano. Rcaiby es muy feliz de servir a la comunidad independientemente de la situación. Ella dice que los farmacéuticos siempre han sido considerados como una parte esencial del sistema de salud y que hacen su trabajo con gran placer.
FOTO: AFP/Joseph Eid
Argentina

Argentina

Susana Tuara, una vendedora de víveres argentina de 40 años, posa para en su tienda de frutas y verduras en Buenos Aires. Tuara dice que escucha las necesidades de la gente y le piden que no cierre, y que es su trabajo y le gusta. Trabajar no es un sacrificio para ella.
FOTO: AFP/Juan Mabromata
Japón

Japón

El japones Kunio Hayakawa, de 72 años, es un pescadero que posa en su tienda en Tokio. Kunio Hayakawa decidió mantener su tienda abierta porque buscaba hacer "todo por la gente de Sinagawa". Dijo que no hay cambios debido al virus, que cuenta con el mismo número de consumidores y que permanecerán abiertos hasta el final de la crisis o hasta que el gobierno diga.
FOTO: AFP/Charly Triballeau
Rusia

Rusia

La veterinaria cirujana rusa Olga Sokolova, pose en una foto junto a un perro paciente de ZooAcademy, una clínica veterinaria en Moscú. Olga Sokolova dijo que los veterinarios no pueden parar o suspender sus actividades desde que los perros son como hijos, ellos también se pueden sentir mal.
FOTO: AFP/Yuri Kadobnov
Francia

Francia

La agente de servicios mortuarios francesa Desiria Wagner, de 31 alis posa en una forografía junto a las unidades de refrigeración de la morgue del Hospital Emile Muller en Mulsouse, Francia. El trabajo ha cambiado para Wagner durante la pandemia, como Work has changed during the COVID-19 pandemic for Wagner, ya que los cuerpos no están preparados para el entierro y no hay reuniones familiares. Las medidas sanitarias incluyen máscaras, blusas y guantes.
FOTO: AFP/Sebastien Bozon
Tijuana

Tijuana

La psicóloga mexicana Gabriela Sánchez, de 50 años, posa para un retrato en el refugio Espacio Migrante en Tijuana, México. Sánchez trabaja con la comunidad migrante en Tijuana, dando en promedio unas 200 sesiones psicológicas al mes. Más que considerar su trabajo un sacrificio o un deber, ella cree que es un porposito moral. Ella también cree que el riesgo emocional para el grupo de personas que trata es más alto que el riesgo físico.
FOTO: AFP/Guillermo Arias.
Serbia

Serbia

El conductor de autobús serbio Marjan Andjelkovic, de 45 años, posa para una fotografía en Belgrado. Andjelkovic no considera que se esté sacrificando haciendo su trabajo, pero lo ve como su rutina normal de trabajo y una obligación de mostrar un buen ejemploi a otros por hacerlo. Él usa el equipo de protección personal necesario mientras trabaja para mostrar responsabilidad a la sociedad, a su familia y a él mismo.
FOTO: AFP/Andrej Isakovic
España

España

La española Caroline Belles, de 50 años, encabeza Puzzle Mania, en Barcelona, España. Belles trabaja con otras dos personas, así que ellos usan guantes, cubrebocas y permancen a una distancia una de la otra mientras trabajan a puerta cerrada. Ella no considera que esté tomando algún riesgo porque ella vive sola, se mueve en bicicleta y sigue las instrucciones de seguridad con sus colegas. Para ella, tampoco es un sacrificio ni un deber, pero es un placer ser capaz de ofrecer a quien quiera comprar rompecabezas un pasatiempo y especialmente en un momento de relajación mental. Ella dice que es alfo que siente cada vez auque recibe un mensaje de apoyo o gratitud por el trabajo que hacen.
JOSEP LAGO/AFP
Afganistán

Afganistán

La panadera afgana Zainab Sharifi, de 45 años, posa para una fotografía sosteniendo rebanadas de pan afuera de su panadería en Kabul. Sharifi, madre de siete, dijo "el hambre va a matar a mi familia antes que el coronavirus si no trabajo", por lo que ella continua con su trabajo en la panadería para a paoyar a su familia y para continuar proveyendo a sus consumidores.
FOTO: AFP/Wakil Kosshar
Reino Unido

Reino Unido

La bombera británica del Servicio de Fuego y Rescate de Hampshire Penny Ewbank de 39 años posa fuera de la estación en Hartler Wintney, Reino Unido. Ewbank dijo que ella esá entrenada para un trabajo en particular y que si puede usar todas esas habilidades para ayudar a otros, no dudará, Cree que su trabajo es ala vez un sacrificio y un deber. Ama su trabajo y está muy orgullosa de hacerlo, pero ella piern que definitivamente hay un elemento de sacrificio y de poner a los otros primeros.
FOTO: AFP/ Adrian Dennis
Portugal

Portugal

El francés Matthieu Raud, un panadero de 38 años, posa con una bandeja de pan en la panadería artesanal ISCO en Lisboa. Para Matthieu no es un riesgo hacer lo que hace y él se siente afortunado por ser capaz de hacerlo porque es uno de los negocios que siguen abiertos y con ventas. Hornear pan todos los días es un deber para Matthieu por que es importante para el sustento de las familias.
FOTO: AFP/Patricia de Melo Moreira
Palestina

Palestina

La palestina Iman Abu Areesh, de 32 años, la coordinadora del comité de Emergencia y Ayuda de la oficina del gobernador de Hebron, posa para la fotografía al lado de costales de ayuda humanitaria en Cisjordania. Iman Abu Areesh dijo que amaba su trabajo porque le permite comunicarse con la gente necesitada durante la pandemia del nuevo coronavirus.
HAZEM BADER/AFP
Valencia

Valencia

La policía montada española Helena Gonzalvo Sánchez, de 40 años, posa para una foto durante un patrullaje en Valencia, España. Helena Helena Gonzalvo Sanchez cree que es su responsabilidad y su deber trabajar y se siente orgullorso de ser capaz de contribuir en esta situación a través de su trabajo, Sus medidas de seguridad incluyen un cubrebocas y guantes.
JOSE JORDAN/AFP
Italia

Italia

Fatou Traore, una trabajadora del hospital Cremona, originaria de Costa de Marfil, posa en un área de terapia intensiva.
FOTO: AFP/Miguel Medina
Francia

Francia

Thierry Pauly, de 54 años, un recolector de basura posa junto con su camión de basura en Mullhouse, Francia. El turno de Pauly termina antes para evitar la agrupación de personas en el depósito. Sus medidas de seguridad contra COVID-19 incluyen máscaras y gel junto con el equipo estándar.
FOTO: AFP/Sebastien Bozon
Indonesia

Indonesia

La indonesia Ika Sri Purnamaningsih, de 41 años, obstetra-ginecóloga, posa para una foto en Yakarta el 22 de abril de 2020 durante la pandemia del coronavirus COVID-19. Ika Sri Purnamaningsih cree que, aunque es un riesgo, es su obligación y responsabilidad seguir cuidando a los pacientes, pero teme que pueda infectarse con COVID-19 y llevar el virus a casa. Ella dice que ella y sus colegas siguen estrictamente el protocolo, la higiene y el PPE, limitan su tiempo de trabajo y solo manejan casos de emergencia, "Además, oren a Dios Todopoderoso".
FOTO: AFP/Adek Berry
Reino Unido

Reino Unido

Dave Stanton, de 57 años, un carnicero posa para una foto afuera de su tienda en Hartley Wintney, Inglaterra, el 25 de abril de 2020 durante la pandemia de coronavirus COVID-19. Stanton dice que se arriesga a trabajar para servir a la comunidad, "¡Es un deber servir a Joe Public!"
FOTO: AFP/Adrian Dennis
Portugal

Portugal

La poprtuguesa Emilia Lomba, de 64 años, pescadera, posea en un mercado de Benfica en Lisboa. Para Emilia es un riesgo ir a trabajar porque conoce a muchas personas todos los días, pero necesita hacerlo para mantener su vida y sus facturas pagadas. Es un sacrificio ir a trabajar porque se siente más segura en casa con su familia pero, por otro lado, cree que tiene suerte de poder estar afuera comunicándose con sus clientes y proporcionándoles pescado fresco.
FOTO: AFP/Patricia de Melo Moreira
Ronda, España

Ronda, España

El español Ramón Montesinos Romano, pastor, posa con su rebaño de ovejas en Ronda, el 23 de abril de 2020 durante la pandemia de coronavirus COVID-19. Su única medida de protección contra COVID-19, bromea, es su bastón para caminar en el campo. No está en contacto con otras personas, por lo que no usa una máscara facial. Realiza un estricto control sanitario sobre las ovejas, que se puede ver con una marca azul después de hacerse un análisis de sangre. Considera su deber de alimentar y cuidar a los animales, ya que es necesario mantener la cadena alimentaria.
JORGE GUERRERO/AFP

El organismo llamó además a los Estados a emprender investigaciones exhaustivas de incidentes "extremadamente violentos" que han tenido lugares en centros de detención en medio del creciente temor al contagio y la falta de servicios básicos, dijo en un comunicado su portavoz, Rupert Colville.

"Las prisiones de la región son un factor de riesgo muy importante y muy serio" frente al coronavirus, confirma Gustavo Fondevila, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en México y especialista en el sistema carcelario de América Latina, que admite que la situación es "explosiva".

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Y aunque dice que se puede implementar una serie de acciones para reducir el peligro, "los centros penitenciarios tienen poca capacidad de respuesta a situaciones como esta".

"Como animales"

Colombia decretó a finales de marzo la emergencia carcelaria tras un sangriento motín que dejó 23 muertos y 91 heridos en una prisión en Bogotá, que las autoridades vincularon con un frustrado intento de fuga y que otras versiones asociaron al temor de los reclusos a la pandemia.

A unos 120 km, en la cárcel de Villavicencio, la situación "es terrible", cuenta a AFP Angélica (nombre ficticio), una desempleada de 23 años que tiene allí a su hermano. Tiene 306 casos confirmados y cuatro muertos de COVID-19. Unos 1,700 internos están aislados, según autoridades penitenciarias.

Allí, los enfermos no están siendo atendidos por personal médico y son encerrados en sus celdas para aislarlos, mientras los "sanos" duermen amontonados en los pasillos, denuncia la mujer.

"Los tienen como si fueran animales (...) Ellos están desesperados adentro, los que no están contagiados quieren salir corriendo. Temen por su salud, por su vida (...) "La gente está desesperada de salir como sea, y han hecho huelga de hambre".

La delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja para Perú, Bolivia y Ecuador alertó de que un brote en las prisiones "podría ser devastador para su población, en particular en establecimientos hacinados, donde el nivel general de salud ya es deficiente".

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¿Distancia social?

El hacinamiento es uno de los males comunes, aunque con diferencias significativas entre países como Chile o Uruguay, donde ronda el 110%, y los centroamericanos en el otro extremo, donde puede llegar a 350%, explica Fondevila.

De acuerdo con el último informe (2018) de población penitenciaria del Institute for Crime and Justice Policy Research (ICPR), con sede en Londres, la tasa carcelaria promedio de América del Sur es de 233 por cada 100,000 habitantes, mientras que en Centroamérica llega a 316. Como referencia, la tasa de Europa occidental es de 81.

Las dificultades de cumplir con las dos reglas básicas contra la propagación, es decir la higiene y el distanciamiento físico, suponen un desafío extraordinario en establecimientos que en muchos casos apenas cuentan con agua corriente y donde en una celda para dos viven a menudo seis u ocho personas.

Varias organizaciones han denunciado las condiciones de múltiples cárceles de América Latina donde la falta de sanidad permite circular a enfermedades como la malaria, la tuberculosis o la sarna.

Pero "en una cárcel donde tienes 300% de ocupación, no puedes establecer ningún protocolo ni para el coronavirus ni para ninguna otra enfermedad infectocontagiosa", reconoce el académico. "Ahí lo que hay que hacer es aislar la cárcel".

Excarcelaciones aceleradas

Algunos países implementaron aceleradamente medidas sustitutivas de la prisión para desahogar los atestados edificios.

Después de la crisis de los motines, Colombia aprobó excarcelar a unos 4,000 presos con 40% de la pena cumplida, o mayores de 60 años o con "enfermedades catastróficas" o discapacidades.

El Senado mexicano optó por la misma vía y aprobó una ley que otorga amnistía a quienes hayan cometido delitos no graves por primera vez y sin utilizar armas de fuego, una promesa de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador que recobró vigencia en medio de la epidemia.

Unos 30,000 de los más de 700,000 reclusos brasileños, según estimaciones oficiales, han dejado las cárceles y pasado a prisión domiciliaria atendiendo recomendaciones del Consejo Nacional de Justicia (CNJ) de reevaluar prisiones preventivas, determinar casa por cárcel o anticipar la salida de determinados perfiles.

Fondevila aboga por ese tipo de liberaciones, incluso al margen de la pandemia, aunque dice que son impopulares y "de alto costo político" para los gobernantes.

Tras un motín en la penitenciaria de Villa Devoto en Buenos Aires, el presidente Alberto Fernández anunció que se enviarían a casa a 320 de los más de 12,000 detenidos en el sistema federal. De los 80,000 que ocupan cárceles provinciales, salieron 286. Hubo una cacerolada como respuesta, convocada por sectores de la oposición.

Chile también aprobó un indulto especial debido al coronavirus de 1,300 reclusos de baja peligrosidad.

Y allí surgió otra muestra de lo complejo de la situación: más de 100 de ellos rechazaron el beneficio porque no tienen adónde ir o no quieren perder su trabajo en la cárcel.

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