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Terrorismo y migración: las consecuencias del triunfo talibán en Afganistán

La relación de los militantes islamistas con organizaciones como Al Qaeda, así como la huida masiva de personas del país de Asia Central han prendido las alertas de la comunidad internacional.
mié 18 agosto 2021 06:30 PM
Las escenas de caos en el aeropuerto de Kabul, donde miles de personas se congregaron para intentar huir del régimen talibán, hacen que Europa tema un nuevo éxodo migratorio desde el país de Asia central, parecido al que vivió en la década pasada por la guerra civil en Siria.
Los países occidentales han acelerado las evacuaciones de sus ciudadanos así como de algunos de los afganos que colaboraron con ellos en los últimos 20 años.

La llegada de los talibanes al poder en Afganistán despierta varios temores en Estados Unidos y Europa. La relación de este grupo militante con organizaciones como Al Qaeda —que se adjudicó los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos— revive los miedos a una nueva ola de ataques terroristas.

Además, las escenas de caos en el aeropuerto de Kabul, donde miles de personas se congregaron para intentar huir del régimen talibán, hacen que Europa tema un nuevo éxodo migratorio desde el país de Asia central, parecido al que vivió en la década pasada por la guerra civil en Siria.

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Escepticismo sobre los talibanes

Los países occidentales han acelerado las evacuaciones de sus ciudadanos así como de algunos de los afganos que colaboraron con ellos en los últimos 20 años. Unos 5,000 diplomáticos, personas de seguridad, trabajadores humanitarios y afganos han sido evacuados de Kabul en las últimas 24 horas, dijo un funcionario occidental a Reuters el miércoles.

El mulá Abdul Ghani Baradar, cofundador de los talibanes, regresa a Afganistán

Los talibanes han prometido mucho más moderación que la primera vez que gobernaron Afganistán, entre 1996 y 2001. En su primer conferencia de prensa, celebrada el martes, ofrecieron una amnistía general y respetar los derechos de las mujeres, pero con bajo la ley islámica.

Uno de los líderes y cofundadores de los talibanes, el mulá Abdul Ghani Baradar, regresó a Afganistán por primera vez en más de 10 años y un funcionario talibán declaró que sus líderes se mostrarán al mundo, a diferencia del pasado, cuando vivían en secreto. "El mundo verá a todos nuestros líderes de forma lenta y gradual", dijo a Reuters.

Dentro y fuera de Afganistán, son muchos los que se muestran escépticos ante las promesas de los talibanes. Algunos ciudadanos afganos dijeron que lo único que pueden hacer es esperar y ver.

"Mi familia vivió bajo los talibanes y tal vez realmente quieren cambiar o hayan cambiado, pero solo el tiempo lo dirá y va a quedar muy claro pronto", dijo Ferishta Karimi, que dirige una sastrería para mujeres.

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Varios líderes internacionales comparten este punto de vista. El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, aseguró este miércoles que juzgará a los talibanes "por su acciones, más que por sus palabras".

"Juzgaremos a este régimen en función de las decisiones que tome, y por sus acciones más que por sus palabras, por su actitud ante el terrorismo, la delincuencia y las drogas. Así como por el acceso humanitario y el derecho de las niñas a recibir una educación", dijo Johnson ante el Parlamento, que fue convocado de su receso de verano para debatir la crisis.

El embajador de Rusia ante Naciones Unidas, Vassilu Nebenzia, dijo a la prensa el miércoles: "veremos lo que hacen, si se corresponde con las declaraciones que han hecho".

Evitar una amenaza terrorista global

El Consejo de Seguridad de la ONU dijo el lunes que la comunidad internacional debe garantizar que Afganistán no se convierta en caldo de cultivo para el terrorismo bajo el gobierno talibán, tras una reunión de emergencia en Nueva York.

Los 15 miembros del consejo emitieron una declaración conjunta después de que el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijera en la reunión que el mundo debe unirse para combatir la "amenaza terrorista global en Afganistán".

La declaración del consejo "reafirmó la importancia de combatir el terrorismo en Afganistán" para garantizar que "no se utilice para amenazar o atacar a ningún país, y que ni los talibanes ni ningún otro grupo o individuo afgano apoyen a los terroristas que operan en el territorio de ningún otro país".

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"La comunidad internacional debe unirse para asegurarse que Afganistán nunca más sea usado como plataforma o refugio de organizaciones terroristas", dijo Guterres.

"Hago un llamamiento al Consejo de Seguridad y a la comunidad internacional en su conjunto para que se mantengan unidos, trabajen juntos y actúen juntos", añadió.

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También instó a las naciones a "utilizar todas las herramientas a su disposición para suprimir la amenaza terrorista global en Afganistán y garantizar que se respeten los derechos humanos básicos".

Los talibanes fueron expulsados del poder hace 20 años por permitir que Al Qaeda organizara los atentados del 11 de septiembre. Pero ahora, los nuevos amos de Kabul deberían adoptar una mayor prudencia, aunque sus vínculos con la potencia yihadista podrían seguir siendo fuertes.

Cuando negociaron con los estadounidenses, los nuevos hombres fuertes de Afganistán prometieron que no protegerían a los combatientes de Al Qaeda, fundada por Osama Bin Laden, una promesa que no convence a nadie.

"Los talibanes nunca fueron sinceros sobre la ruptura de sus relaciones con Al Qaida y nunca debimos haberles creído", estimó Michael Rubin, ex funcionario del Pentágono e investigador del grupo de reflexión conservador American Enterprise Institute (AEI).

"No estamos hablando de dos grupos militares que cortan sus relaciones, sino de hermanos o primos", dijo.

"La presencia de Estados Unidos y de la OTAN impidieron que Al Qaeda usara Afganistán como un santuario. No podían operar libremente. Ahora, todas las apuestas están abiertas", añadió, en una entrevista con la AFP.

Las relaciones entre estas dos ramas del islamismo ultrarradical son muy íntimas en varios aspectos.

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Los padres de Sirajudin Haqani y del mulá Yaqubi, ambos altos dirigentes talibanes, estaban vinculados a Bin Laden. El líder talibán, Haibatulá Akhundzada, fue elogiado como "emir de los fieles" por el líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, cuando fue nombrado en 2016.

Edmund Fitton-Brown, coordinador del equipo de la ONU encargado de supervisar al grupo Estado Islámico, a Al Qaeda y a los talibanes dijo en febrero en una entrevista con el canal NBC que creía que la dirección de Al Qaeda seguía "bajo la protección" de los talibanes.

La naturaleza precisa de sus vínculos está por definirse. Los talibanes no pueden permitirse cometer el mismo error que hace 20 años, a riesgo de exponerse a violentas represalias occidentales, o incluso de aislarse de China o Rusia, que se espera reconocerán rápidamente al nuevo régimen.

Un vocero de la OTAN advirtió el martes que talibanes no deben permitir que Afganistán se convierta de nuevo en un caldo de cultivo para el terrorismo y recordó que la alianza conserva el poder militar para golpear a cualquier grupo terrorista a distancia.

"Los que ahora asumen el poder tienen la responsabilidad de garantizar que los terroristas internacionales no vuelvan a tener un punto de apoyo", dijo el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, a periodistas en Bruselas.

"Tenemos la capacidad de golpear a los grupos terroristas a distancia si vemos que éstos vuelven a intentar establecerse y planear, organizar ataques contra los aliados de la OTAN y sus países", añadió.

Los ministro de exteriores de la OTAN abordarán el viernes en una videoconferencia su coordinación sobre la situación en Afganistán.

"He convocado una reunión virtual extraordinaria de los ministros de Exteriores de la OTAN este viernes 20 de agosto para continuar nuestra estrecha coordinación y abordar nuestro enfoque común sobre Afganistán", indicó en Twitter el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg.

Prepararse para un nuevo éxodo

Sin importar cómo será el gobierno de los talibanes en Afganistán, el país ya vive una profunda crisis.

Más de 18 millones de afganos, la mitad de la población del país, vive con necesidades humanitarias. A principios de 2021, Afganistán tenía el segundo mayor número de personas en el mundo que enfrentaban inseguridad alimentaria de emergencia en el mundo, destaca Hameed Hakimi, investigador asociado en Chataham House del Instituto Real de Asuntos Internacionales, en un artículo para The Guardian.

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La suma de la disminución de la ayuda internacional, los años de conflicto, la débil gobernanza —que permitió el rápido avance talibán— desafíos ambientales tan dispares como sequías e inundaciones, y el impacto de la pandemia puede provocar un éxodo de afganos en los próximos días.

Europa ya se prepara para la situación, aunque no de muy buena gana. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció el lunes una iniciativa europea para hacer frente a los flujos irregulares de migrantes afganos.

En un discurso en televisión, Macron avisó de que "la desestabilización de Afganistán corre el riesgo de generar flujos migratorios irregulares", y dijo que aunque Francia seguirá protegiendo "a los más amenazados", "Europa por sí sola no puede asumir las consecuencias de la situación actual".

Explicó que ya ha hablado con la canciller alemana, Angela Merkel, y que en asociación también con otros países europeos se va a poner en marcha "una iniciativa para construir sin esperar más una respuesta robusta, coordinada y unida".

Eso supondrá "la lucha contra los flujos irregulares, la solidaridad en el esfuerzo, la armonización de los criterios de protección y la cooperación con los países de tránsito y de acogida" de los afganos que puedan huir en dirección de Europa, como son Pakistán, Turquía e Irán.

La Comisión Europea anunció este miércoles que el bloque trabaja en proporcionar vías "legales y seguras" a los afganos en situación vulnerable a la vez que vela por la buena gestión de sus fronteras.

"Trabajamos en un enfoque integral para abordar la actual crisis en Afganistán, que tendrá que incluir la necesidad de proporcionar vías seguras y legales para las personas vulnerables a la vez que se abordan los riesgos de la migración irregular y se garantiza la gestión de nuestras fronteras", indicó el portavoz comunitario Christian Wigand en la rueda de prensa diaria de la CE.

Agregó que estos elementos "tendrán que ser abordados a nivel político en los próximos días".

De hecho, los ministros comunitarios de Interior se reúnen mañana por videoconferencia para abordar la crisis en la frontera de Lituania con Bielorrusia, una cita que aprovecharán para tratar también la cuestión de Afganistán.

El portavoz jefe de la CE, Eric Mamer, señaló igualmente que la CE presidirá este miércoles una reunión del grupo de trabajo sobre crisis migratorias que incluye a expertos de los Estados miembros, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y diversas agencias, a fin de tratar la situación en Afganistán y las consecuencias de la crisis, en particular en relación con los flujos de refugiados.

"La situación por el momento es extremadamente difícil. Lo tienen que tener en cuenta los países en sus decisiones", comentó Mamer, quien recordó que la CE ya puso sobre la mesa un nuevo pacto de migración y asilo que abarca la gestión de fronteras y la migración regular e irregular a la UE.

En su opinión, "lo que muestra esta crisis es la necesidad de que los Estados miembros progresen en las discusiones sobre este pacto de migración y asilo”.

Grecia —que se convirtió en uno de los principales países de transito en la crisis migratoria que siguió a la guerra civil en Siria— ya manifestó su rechazó a convertirse en un punto de entrada de Europa para las personas que huyan de Afganistán. El ministro de Migración y Asilo griego, Notis Mitarakis, pidió a la UE que refuerce la colaboración con Turquía para gestionar los flujos migratorios.

"Europa tiene que hablar de forma más eficaz con Turquía sobre el fortalecimiento de la Declaración Conjunta (sobre migración) de 2016. Ésta ha sido durante mucho tiempo una posición firme de nuestro país, que la Declaración Conjunta de 2016 debe funcionar, y que Europa y Turquía, ambas, deben cumplir con sus obligaciones derivadas de ésta. Europa no limita con Afganistán", resaltó Mitarakis este miércoles en una entrevista con la radio griega Parapolitiká.

Sin embargo, en Turquía el temor de una llegada masiva de afganos ha desatado una polémica en la que se mezclan xenofobia y populismo.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que durante años ha defendido acoger a los sirios por su condición de musulmanes que huyen de la guerra en su país, ha comenzado a cerrar la mano, entre otras razones, por las críticas de la oposición ante la posible llegada de una oleada de migrantes afganos.

El pasado mes, Kemal Kiliçdaroglu, líder del socialdemócrata CHP, la mayor formación de la oposición, prometió que si llega al poder repatriará en dos años a todos los refugiados sirios.

Y este mes alertó del deterioro de la situación en Afganistán, donde aumentan los desplazados que huyen del rápido avance de los talibanes tras la retirada de las tropas de Estados Unidos y la OTAN, describiendo "el flujo de refugiados afganos" como "una cuestión de supervivencia nacional".

La comunidad afgana en Turquía se estima entre 400,000 y un millón, con 116,000 registrados como solicitantes de asilo.

Irán, uno de los vecinos de Afganistán, también enfrentará dolores de cabeza por la llegada aún más refugiados. Actualmente, acoge a 3.5 millones de afganos, en un momento en que la tolerancia de su propia población se agota.

La pandemia de COVID-19 ha golpeado duramente a Irán, empujando un poco más a este país, ya golpeado por sanciones internacionales, a una mayor crisis económica.

"Irán es un país fuertemente golpeado por el covid, la corrupción y una economía tambaleante. Su capacidad y disposición para acoger a más refugiados afganos probablemente no sea grande”, dijo a la AFP Rouzhbeh Parsi, jefe del programa de Oriente Medio y Norte de frica del Instituto Sueco de Asuntos Internacionales.

Irán, que es mayoritariamente chiíta y comparte una frontera de más de 900 kilómetros con Afganistán, parece querer lograr un "modus vivendi" con los talibanes sunítas. "Hace tiempo que Irán, pragmático como siempre, aceptó que los talibanes no van a desaparecer y que ningún extranjero podrá derrotarlos militarmente", afirmó Parsi.

Para Marc Pierini, investigador invitado del Carnegie Europe y ex embajador de la UE en Turquía, Europa observa nerviosa los posibles flujos migratorios después de que un millón de personas llegaran a sus costas, principalmente en 2015, cuando el conflicto sirio estaba en su apogeo.

"Hacer frente a esta emergencia requerirá cooperación humanitaria y confianza entre la UE, Irán y Turquía, que será difícil de lograr", dice a la AFP.

Con información de AFP y EFE

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