Después de Los Ángeles, en junio, y Washington, desde mediados de agosto, la megaurbe de Chicago surge como el nuevo escenario del despliegue de policías federales y fuerzas militares anunciado por Trump.
Seguirían Nueva York, Baltimore y Boston.
Todas estas ciudades están gobernadas por demócratas.
Refiriéndose a la delincuencia en Chicago, Trump atacó al "débil y atroz gobernador de Illinois". "Dice que no necesita ayuda para detener la delincuencia. ¡¡¡Está loco!!! ¡Más le vale que vuelva a encarrilar esto, y RÁPIDO", escribió en la noche del sábado en su cuenta de la red Truth Social.
"Nadie en el gobierno, ni el presidente, ni nadie bajo su autoridad, me ha llamado a mí ni a nadie de mi administración, ni a la ciudad de Chicago", aseguró Pritzker, quien, al igual que los otros 49 gobernadores estaduales, tiene autoridad sobre la Guardia Nacional estacionada en Illinois.
"Está claro que están planeando, en secreto, una invasión con tropas", advirtió, y añadió que emprenderá acciones legales si ese personal militar es desplegado.
Otro demócrata, el alcalde de Chicago Brandon Johnson, firmó una orden ejecutiva destinada a limitar la autoridad de las fuerzas federales en caso de que lleguen a ser desplegadas en su ciudad.
"Nos vemos obligados a tomar medidas drásticas para proteger a nuestra gente de la expansión del poder federal", sostuvo.
Pritzker, como su homólogo par Wes Moore, gobernador de Maryland (este), cuya capital es Baltimore, también en la mira de Trump, acusó en la última semana al jefe de Estado de "fabricar crisis" para justificar, llegado el caso, el despliegue de militares.
"Alegaría que hay problemas en unas elecciones y luego enviaría tropas al terreno para tomar el control", advirtió sobre las intenciones del presidente republicano.