En 2024, el comercio entre India y América Latina cerró en 35.700 millones de dólares, según el gobierno indio, una cifra 2,4 veces mayor en comparación con la de 2010. Pero una cifra, también hay que decirlo, lejana de las balanzas comerciales de la región con Estados Unidos , que supera el billón de dólares, y la de China, que se acerca a los 500.000 millones.
De ese modo, se está gestando un interés creciente. “Hay una tendencia positiva de investigadores jóvenes que están escribiendo ahora sobre India y América Latina, lo cual es muy emocionante para quienes hemos estado en este campo por un tiempo”, dice Misra.
La falta de conocimiento ha alimentado el problema número dos: los prejuicios. “Seguimos con que los indios son distintos, que queda muy lejos, que yo prefiero mi entorno”, explica Soraya Caro, exviceministra de Comercio de Colombia. Caro tuvo la oportunidad, excepcional en términos latinoamericanos, de estudiar su doctorado en Nueva Delhi y vivir allí durante siete años. Su experiencia personal y profesional la llevan a decir que, en países como Colombia, hay “una sociedad muy perezosa para mirar hacia afuera. Y eso es muy triste porque vemos cómo México y ahora buena parte de América Latina sí están mirando muy estratégicamente a Asia, y a India en particular”.
México, de hecho, tiene una relación de vieja data con Nueva Delhi, incluso antes de Brasil. Ambos comenzaron a forjar un vínculo especial en 1947, cuando India consiguió la independencia y el primer país latinoamericano en reconocer el nuevo Estado fue México. Entre 1962 y 1968 este envió como embajador a uno de sus intelectuales más destacados, Octavio Paz, lo que afianzó sus lazos culturales. En los años setenta, cuando una gran parte de la población india sufrió hambrunas, México de nuevo le dio la mano, igual que Argentina.