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India, un aliado inesperado para Latinoamérica para hacer frente a Estados Unidos

El gigante asiático avanza en la región como socio estratégico en vehículos, tecnología, energía y farmacéuticos, lo que puede diversificar los polos de influencia.
lun 23 febrero 2026 05:55 AM
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Ante la turbulencia de los aranceles que Trump esgrime a gusto y disgusto, Latinoamérica necesita encontrar alianzas que oxigenen sus posibilidades. (FOTO: Connectas)

La disputa entre Estados Unidos y China por los recursos naturales de América Latina, entre los cuales salta a la vista el petróleo venezolano que ahora administra el gobierno Trump, ha puesto a América Latina en la posición incómoda de tener que escoger bandos, aunque sus finanzas no se puedan dar ese lujo. Y en ese panorama empieza a avizorarse el nombre de un tercer país que poco encaja en el imaginario latinoamericano: India.

Varias razones justifican poner los ojos en esta nación del subcontinente asiático. Sus capacidades diplomáticas le permitieron sobrevivir sin mayores inconvenientes la Guerra Fría, un detalle no menor en estos tiempos en que el orden mundial como lo conocíamos está marchitándose.

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En los años 50 era un país recién nacido después de 190 años de control británico sobre su territorio, bastante pobre por demás, y ahora se ubica como la cuarta economía mundial. En el último decenio, según el Banco Mundial, el PIB de India ha crecido de manera sostenida por encima del 6%, excepto en 2020 por la pandemia de covid.

Además, con más de 1,400 millones de habitantes, superó a China como la nación más poblada del planeta. Es decir, más de 1,000 millones de consumidores potenciales.

Expertos sostienen que en el nuevo panorama de comercio internacional, sometido a la turbulencia de los aranceles que Trump esgrime a gusto y disgusto, a Latinoamérica le urge encontrar alianzas que oxigenen sus posibilidades. “En un escenario comercial y político global más tensionado y más desafiante, América Latina tiene que buscar una mayor diversificación”, sostiene Florencia Rubiolo, investigadora de relaciones económicas y políticas entre América del Sur y el Este asiático para el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Así, agrega la experta, la región evitaría “quedar atrapada en una competencia entre dos de los grandes poderes donde nosotros no tenemos un rol de decisión, ahí somos sujetos pasivos”.

¿Está Latinoamérica realmente atrapada entre Estados Unidos y China? En esta idea no hay consenso. Hari Seshasayee, investigador del Observer Research Foundation, un think tank que examina la política doméstica y exterior de India, asegura en conversación con CONNECTAS que “Brasil es un buen ejemplo de cómo los países latinoamericanos pueden pilotear las presiones que ejerce Estados Unidos sin renunciar a los vínculos comerciales con China”, su principal aliado comercial hoy. Brasil, justamente, es el país de la región que sostiene las relaciones más estrechas con India gracias a la comunidad que forjaron junto con Rusia, China y Sudáfrica (los llamados BRICS).

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Por eso, el presidente Lula da Silva y los 14 ministros que lo acompañaban integraban una de las comitivas gubernamentales más esperadas en el India AI Impact Summit. Este foro mundial sobre inteligencia artificial reunió a más de 200.000 participantes, entre ellos CEOs de empresas protagonistas del sector como OpenAI y jefes de Estado como Emmanuel Macron y Pedro Sánchez. Ninguna otra nación latinoamericana envió una comitiva de ese tamaño o relevancia.

Pero si, más allá de Brasil, América Latina quiere salir de la dicotomía Estados Unidos-China y mirar a India, tiene el reto fundamental de acercarse y conocer a fondo a su potencial aliado. “La base para esa diversificación tiene que necesariamente ser conocimiento, saber cuál va a ser el socio”, señala Rubiolo.

En este punto surgen dos problemas. Primero, que tanto Latinoamérica como el país asiático saben muy poco sobre su contraparte, un vacío que acentúa las distancias geográficas y culturales. “Si miras la cantidad de departamentos de investigación sobre América Latina, al menos en India se cuentan con una mano”, dice a CONNECTAS Devika Misra, profesora de la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad O.P. Jindal Global, ubicada en la ciudad de Sonipat. Que Misra esté en Brasil, como profesora invitada en la Universidad de Sao Paulo, indica el liderazgo del gigante sudamericano en este tema. Tampoco hay, dice esta académica, una política gubernamental unificada que guíe a los empresarios o a la sociedad civil interesada en tejer lazos con esta parte del hemisferio occidental.

Pero eso está cambiando. Hace cinco décadas el interés de India en América Latina, asegura Misra, era minúsculo, pero ha ido creciendo aceleradamente.
“La comunidad empresarial ha sido muy clara: allá hay un mercado, hay cosas por hacer”, dice.

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En 2024, el comercio entre India y América Latina cerró en 35.700 millones de dólares, según el gobierno indio, una cifra 2,4 veces mayor en comparación con la de 2010. Pero una cifra, también hay que decirlo, lejana de las balanzas comerciales de la región con Estados Unidos , que supera el billón de dólares, y la de China, que se acerca a los 500.000 millones.

De ese modo, se está gestando un interés creciente. “Hay una tendencia positiva de investigadores jóvenes que están escribiendo ahora sobre India y América Latina, lo cual es muy emocionante para quienes hemos estado en este campo por un tiempo”, dice Misra.

La falta de conocimiento ha alimentado el problema número dos: los prejuicios. “Seguimos con que los indios son distintos, que queda muy lejos, que yo prefiero mi entorno”, explica Soraya Caro, exviceministra de Comercio de Colombia. Caro tuvo la oportunidad, excepcional en términos latinoamericanos, de estudiar su doctorado en Nueva Delhi y vivir allí durante siete años. Su experiencia personal y profesional la llevan a decir que, en países como Colombia, hay “una sociedad muy perezosa para mirar hacia afuera. Y eso es muy triste porque vemos cómo México y ahora buena parte de América Latina sí están mirando muy estratégicamente a Asia, y a India en particular”.

México, de hecho, tiene una relación de vieja data con Nueva Delhi, incluso antes de Brasil. Ambos comenzaron a forjar un vínculo especial en 1947, cuando India consiguió la independencia y el primer país latinoamericano en reconocer el nuevo Estado fue México. Entre 1962 y 1968 este envió como embajador a uno de sus intelectuales más destacados, Octavio Paz, lo que afianzó sus lazos culturales. En los años setenta, cuando una gran parte de la población india sufrió hambrunas, México de nuevo le dio la mano, igual que Argentina.

Más allá de eso, como señala la exviceministra Caro, a los empresarios indios les interesa crecer donde sea y América Latina es un buen mercado para ellos. Con Brasil se entiende en el petróleo y el sector defensa; con México, en las industrias automotriz y farmacéutica; a Chile le compra minerales estratégicos como el litio y el cobre; a Perú le compra oro; con Colombia negocia petróleo y medicamentos genéricos. Hero, una empresa india que fabrica motos, abrió por primera vez una planta fuera de su país en Colombia, cuenta Caro, y la verdad es que Latinoamérica se está llenando de esos aparatos de marcas indias. Con Argentina, que le vende soja a India, hay un potencial enorme para hacer proyectos aeroespaciales.

Fernanda Vela, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana de México y especialista en el sur de Asia, dice que comenzó a interesarse en este tema cansada de ver que la literatura sobre ese continente venía con la mirada europea y estadounidense. Dice que India y América Latina pueden tejer muchos puentes a partir de sus orígenes coloniales y que, a hoy, siguen siendo economías dependientes. “Yo siempre hablo de entender a India como un espejo para América Latina”.

Esta profesora mexicana también hace énfasis en la necesidad de “romper con los estereotipos y ver que somos muy cercanos”. ¿Dónde podrían estar esos puntos en común? Vela dice que, en características sociales como la religiosidad, la importancia de la gastronomía, la vinculación familiar extendida, o problemas compartidos como las dificultades burocráticas y la corrupción.

Aquí, de nuevo, Hari Seshasayee ofrece una perspectiva pragmática: al menos por ahora, y durante muchos años de cara al futuro, India no tendrá cómo hacerle competencia a los dos poderes hegemónicos que hoy se disputan el poder y la influencia sobre Latinoamérica. Lo que no quiere decir, según los demás analistas, que ese gigante asiático no pueda ofrecer una válvula de escape para la presión que se viene acumulando por cuenta de ese choque de titanes. En este mundo cada vez menos ordenado, todos necesitan jugar sus cartas y encontrar sus nuevos lugares. El turno de India está cerca.

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