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Irán lleva la guerra al Golfo y escala su rivalidad con las monarquías petroleras

Los ataques contra infraestructura energética y bases en la región elevan la tensión y evidencian un conflicto histórico entre Irán y potencias como Arabia Saudita.
lun 23 marzo 2026 05:55 AM
La gente se sienta con el reflejo del horizonte de Doha a lo largo de la Cornisa de Doha, en el segundo día de las celebraciones de Eid al-Fitr que marcan el final del mes sagrado musulmán del Ramadán, en Doha el 21 de marzo de 2026.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva el 28 de febrero, Irán responde con disparos de misiles y drones contra sus vecinos del Golfo. (FOTO: AFP)

Los países del Golfo han sido por mucho tiempo presentados como un oasis de seguridad y tranquilidad en medio de la conflictividad en Medio Oriente. Mientras otros países de mayoría musulmana viven en medio de conflictos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar no se habían visto involucrados en la guerra. Hasta hace tres semanas.

Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva el 28 de febrero, Irán responde con disparos de misiles y drones contra sus vecinos del Golfo, que se han visto obligados a emplear importantes recursos militares para contrarrestar los ataques.

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La república islámica ataca aeropuertos, bases militares, instalaciones energéticas y zonas residenciales del Golfo, donde hay bases estadounidenses.

El miércoles Irán atacó Ras Laffan, el complejo de procesamiento de gas más grande de la región, después de que las instalaciones de su yacimiento de gas South Pars fueran, según informes, alcanzadas por ataques israelíes.

Las potencias del Golfo están furiosas con las represalias iraníes, que sufren de pérdidas millonarias no solo por el freno a sus exportaciones de combustibles debido al cierre del Estrecho de Ormuz, sino también por las cancelaciones de eventos importantes, como algunos Grandes Premios de Fórmula 1. Por lo que evalúan como responder a Irán.

Las autoridades saudíes han condenado los ataques de Irán contra sus vecinos del Golfo Pérsico como “reprensibles”. El ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Faisal bin Farhan Al Saud, dijo el jueves que el país se reserva el derecho de emprender acciones militares contra Irán tras los ataques contra dos ferias en Riad.

“El reino no va a ceder ante la presión y, al contrario, esta presión resultará contraproducente”, dijo el funcionario en una conferencia de prensa, donde aseguró que la poca confianza que existía hacia Irán se había hecho añicos.

Estados Unidos anunció el jueves la aprobación de ventas de armas por 16,460 millones de dólares a Emiratos Árabes Unidos y a Kuwait, dos países del Golfo gravemente afectados por la guerra con Irán.

Arabia Saudita e Irán: una rivalidad histórica

La importancia del Golfo Pérsico e Irán aumentó en el siglo XX gracias al descubrimiento de importantes yacimientos petroleros en esta zona. Reino Unido y Estados Unidos tenían una enorme influencia en la región, gracias a su buena relación con Arabia Saudita e Irán.

La administración de Richard Nixon en Estados Unidos mostró preferir al régimen del sha Mohammad Reza Pahlavi, más abierto a la influencia occidental que la monarquía saudí.

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Por ello, Washington vendió a Irán armas muy modernas, transformando al Ejército Imperial Iraní en la fuerza dominante de la región.

Sin embargo, las tensiones entre Irán y Arabia Saudita comenzaron a crecer de manera exponencial en 1979, después del triunfo de la revolución islámica, que significó el fin del reinado del sha y la instauración de una república islámica liderada por chiitas en Irán.

Desde hace más de 1,000 años, Arabia Saudita e Irán han sostenido posturas opuestos sobre el legítimo heredero del profeta Mahoma, dando origen a la división del Islam en dos corrientes dominantes: el sunismo y el chiísmo, respectivamente.

Como principales exponentes de estas ramificaciones del Islam, Arabia Saudita e Irán han visto influenciada su visión de política exterior. Ambos han formado alianzas con países afines a sus ideologías y, por tanto, han apoyado a grupos rebeldes que favorecen su corriente religiosa.

Al poco de subir al poder, el gran líder iraní, el ayatolá Ruhollah Jomeini, acusó a las monarquías del Golfo de ser gobiernos corruptos, serviles con los estadounidenses, y realizó llamamientos a todos los musulmanes a derrocar a sus líderes.

Entre 1980 y 1988, Arabia Saudita y Kuwait apoyaron al régimen de Saddam Hussein, un sunita, lo que resultó en la muerte de cientos de nacionales iraníes durante la guerra entre Irak e Irán.

Posteriormente, con la invasión a Irak de 2003 y el derrocamiento de Hussein, Arabia Saudita vio con impotencia la instauración de un gobierno chiíta en su frontera norte. La influencia iraní en la región aumentó desde entonces.

En 2011, durante la oleada de protestas conocida como la Primavera Árabe, Irán mostró su apoyo a su aliado Bashar al Assad, presidente de Siria, mientras Arabia Saudita apoyaba a los grupos de oposición, lo que alimentó una guerra civil que se prolongó por más de una década.

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En 2015 y 2016, Arabia Saudita decidió intervenir militarmente en Yemen para apoyar al gobierno, mientras que los iraníes respaldaban a los rebeldes hutíes. Durante años, predominó la visión de desarrollo económico impulsada por Dubái.. Este emirato cuenta con una importante minoría de origen iraní que contribuyó al crecimiento de su sector terciario gracias a las relaciones con Irán, al otro lado del estrecho de Ormuz.

En cambio, una vez consolidado el desarrollo económico, Abu Dabi impulsó un mayor rol político internacional de Emiratos Árabes Unidos.

Este nuevo posicionamiento implicó ir contra la influencia iraní en la zona, y se llegó a intervenir junto a los saudíes en Yemen contra los hutíes, aliados de Teherán. Además, los emiratíes no han renunciado a recuperar las islas ocupadas por Irán en 1971 y han buscado apoyos internacionales en sus reclamos.

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