100 mexicanos por 100 años de Revolución

CNNMéxico inicia una serie en la que los mexicanos toman la palabra para hablar del Centenario, de la situación del país y de su propia vida

100 mexicanos por 100 años de Revolución

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portada_uno_cien  Sin Pie de Foto  (Foto: Especial)

Con motivo del Centenario de la Revolución mexicana, CNNMéxico inicia una serie en la que los mexicanos toman la palabra para hablar de aquel acontecimiento histórico, de la situación actual del país y de su propia vida.

Un centenar de mexicanos nos contarán si celebran esta conmemoración y qué significa para ellos. Además, los entrevistados propondrán la revolución que le hace falta hoy en día al país desde el punto de vista de la política, de la sociedad o de la economía.

Por último, esas 100 personas expondrán su revolución personal. Un motivo de lucha, un cambio profundo o una causa que defienden a diario y que fundamenta sus vidas.

"Se trata de una lucha por la igualdad"

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Nora Toledano  Nadadora  (Foto: Cortesía Nora Toledano)

Nora Toledano. 41 años. Casada. Bióloga y nadadora. Ciudad de México. 

Deportista y mujer de retos. Apasionada del deporte. Es la primera mexicana, y la sexta en el mundo, en hacer un cruce doble a nado al Canal de la Mancha, trecho que ha recorrido 11 veces. En 2007 ingresó al Salón de la Fama de la Natación Profesional. Coautora del libro A cada brazada, el azul interminable. Mamá y mexicana comprometida con diversas causas: ha nadado en los eventos Por ellas: el mar de Cortés (2008) y Por ellas: Quintana Roo (2009) para promover la prevención del cáncer en la mujer.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Me gusta ver el desfile. Desde niña, mi mamá y mi abuelita me llevaban a verlo. Nunca imaginé que años más tarde yo participaría en ellos, como deportista. Tiene unos tres años que no lo hago, pero sí me gusta verlo. Se trata de una fecha que es importante tener presente porque forma parte de nuestra historia. Pero para celebrar a México no debemos limitarnos a sólo ese día, sino a todos los demás, aportando cosas positivas al país y a la sociedad.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Hace falta un verdadero compromiso de los mexicanos, con cada uno de nosotros y con nuestro país, para comprometernos y mantener aquello por lo que lucharon nuestros antepasados: elegir a los gobernantes que merecemos, no permitir abusos, valorar la educación y fomentarla con nuestros hijos y los demás. Un pueblo bien educado nunca se va a dejar. También hace lograr la equidad de género y retomar el patriotismo que se ha perdido. El recuperar la emoción de ver ondear nuestra bandera.

¿Cuál fue tu revolución personal?


Luchar por mis ideales y lo que me he propuesto hacer. Cruzar mis canales (los de La Mancha) y esos canales que hay en distintas áreas de la vida. Tener la libertad de decidir el rumbo que quiero tomar. Luchar contra las injusticias, que es algo que sí me puede. Pero mi revolución personal sigue, porque se trata de seguir aportando, de trabajar en mí misma y crecer para ser mejor y ayudar a la sociedad; se trata de una lucha por la igualdad porque es en ella donde se encuentra la justicia.

"No hemos visto muchos cambios como para celebrar"

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Eunice Solis  Pediatra  (Foto: Especial)

Eunice Solís. 55 años. Casada. Jefe de Departamento Clínico de Reumatología Pediátrica. Ciudad de México.

Desde hace 20 años su vida está dedicada a la atención de niños con enfermedades reumáticas. Eligió ser médico con la especialidad en pediatría y después en reumatología porque se dio cuenta de que la población infantil de bajos recursos, a pesar de ser la más vulnerable, no recibe atención médica adecuada. Su lucha diaria en el Hospital General del Centro Médico La Raza es para lograr que los niños mexicanos no tengan una discapacidad motriz a consecuencia de malos servicios de salud.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Normalmente no celebro la Revolución Mexicana porque no creo que tenga caso. Eso pasó hace muchos años y creo que no hemos visto muchos cambios como para celebrar una verdadera revolución.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Necesitamos una revolución al 100%, con la que tengamos opción a hacer muchos cambios profundos en educación, en salud, en el trato al ser humano, para mejorar la pobreza. Que los adolescentes tengan opciones para estudiar y trabajar, y puedan ser productivos para su país. Hace falta una revolución social que nos dé opción a que todos los niños tengan oportunidad de tener atención médica.

¿Cuál fue su revolución personal?

Mi revolución personal es que todos los niños que tengan una enfermedad reumática tengan opción a recibir tratamientos oportunos, prolongados y eficientes; que haya instituciones capaces de darles seguimiento para que su enfermedad no les provoque una discapacidad cuando éstas no son diagnosticadas y tratadas a tiempo. 

"Urge trabajar para no depender de energías sucias"

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Alejandro Olivera  GreenPeace  (Foto: Tania Montalvo)

Alejandro Olivera. 28 años. Soltero. Coordinador de campaña de océanos de Greenpeace.

Alejando es biólogo marino por su amor a los océanos. Llegó a la organización ambientalista Greenpeace hace cinco años y medio para impulsar acciones concretas para proteger los ecosistemas. Actualmente, se ha embarcado en una aventura en alta mar para recolectar evidencia científica sobre los estragos de las emisiones excedentes de dióxido de carbono en los corales de México.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

No lo celebro. Procuro sólo concentrarme en la defensa de los ecosistemas.  

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Es necesaria una revolución energética en donde se cambie toda la política pública hacia energías renovables. A México le urge trabajar para no depender de combustibles fósiles o energías sucias que agravan el problema del cambio climático.

Sin duda, hace falta una revolución energética que incluya el modelo de obtención de energía, para transitar hacia el uso de energías limpias como la eólica, la solar o la térmica.

¿Cuál fue su revolución personal?

Mi revolución será lograr un cambio real para poder proteger los ecosistemas y los recursos naturales, pero sobre todo que con ese cambio se pueda llegar a un crecimiento realmente sustentable. 

"Mi hijo me regaló un par de ojos nuevos para ver la vida"

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Katia Rodriguez  Periodista  (Foto: Cortesía David Eisenberg/Revista Quién)

Katia D’Artigues. 38 años. Soltera. Periodista. Ciudad de México.

Periodista, mujer mexicana y mamá de Alan. Así se autodefine Katia D'Artigues. Su vida cambió hace cuatro años, cuando Alan D'Artigues Beauregard nació y trajo consigo "un cromosoma de más en el par 21", lo que se conoce como Síndrome de Down. Desde entonces, ella decidió iniciar una revolución todos los días por los derechos de las personas con discapacidad.

Es columnista política del diario El Universal y tiene un programa de entrevistas en la televisión mexicana. Como periodista, sabe que los medios son una pieza fundamental para la inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad, así que ha aceptado el reto de echar a andar una agencia enfocada en estos temas.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

La verdad es que no lo celebro demasiado. Creo que la Revolución, aunque suene a una frase hecha, realmente no ha hecho justicia a muchos mexicanos. Se queda como una fecha más en el calendario para mí.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

La del respeto a las leyes, por ejemplo, yo creo que sería realmente revolucionario que se cumpliera esta ley que dice que todos los mexicanos somos ciudadanos por igual, que tenemos los mismos derechos y el mismo acceso a absolutamente todo; y lo pienso en el ámbito de las personas con discapacidad que no tienen acceso a muchas cosas. En eso hay que hacer una revolución.

¿Cuál fue su revolución personal?

A mí me cambió la vida cuando nació Alan, mi hijo, y me hizo darme cuenta de muchas cosas que no había visto, me regaló un par de ojos nuevos para ver la vida y desde entonces elegí dedicarme a militar desde los medios por los derechos de las personas con discapacidad. Ésa es mi revolución. 

¿La de Alan? Él tendrá que elegir la suya cuando sea más grande. No me gustaría pensar en algo que deba hacer porque sería como imponérselo. Que él elija la revolución que quiera, pero que elija una.

"Mi revolución fue enfrentarme a mi familia y a mí misma"

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Samantha  Activista por la diversidad sexual y la equidad de género  (Foto: Ira Franco)

Samantha. 24 años. Soltera. Activista por la diversidad sexual y la equidad de género. Ciudad de México. Originaria del Estado de México.

Divide su tiempo entre atender su puesto en la Comisión de Diversidad Sexual del Partido del Trabajo y la organización civil Agenda LGBT, que apoya a la comunidad Lésbico-Gay-Bisexual-Transexual (LGBT) en concretar matrimonios del mismo sexo, adopciones y cuestiones similares.

Como la de casi todos los transexuales que viven en México, su historia es dolorosa: no sólo deben vencer la resistencia o el abandono de sus familias en cuanto se enteran de lo que son, también deben aprender a ignorar cientos de agresiones verbales machistas diarias y a cuidarse. Entre otras cosas, de que no los metan a la cárcel sin motivo alguno porque "asumen que como estás vestida, se creen que eres prostituta o buscapleitos". Por eso, el orgullo de Samantha es estar trabajando desde un puesto político, para evitar que más personas tengan que pasar por el mismo difícil camino.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Mi festejo personal es que soy la primera mujer transexual con un puesto político. Presido la Comisión de Diversidad Sexual y Equidad de Género del Partido del Trabajo, y con mi puesto voy trabajando con los estados. Ése es mi gran orgullo. Tengo un compromiso con la diversidad sexual, con las mujeres, puedo aportar a la nación, lucho por mejores políticas públicas. Quiero llegar a un país donde nosotros tengamos interlocución con nuestros legisladores para ser provistos por la ley igual que todos los ciudadanos. Trabajo porque estas leyes de respeto no nada más sean a nivel del Distrito Federal, sino que se extiendan al resto del país, donde están completamente desprotegidos.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Creo que para empezar necesitamos deslindar, de una vez por todas, la religión del estado. Respetar las bases de la Revolución de 1910 que nos decía que éramos un país autónomo y laico. 

¿Cuál fue su revolución personal?

Mi revolución fue el enfrentamiento con tres cosas. Primero el enfrentamiento con mi familia cuando decidí ser transexual. Mi madre dejó de hablarme, me corrió de la casa y tuve que pedir dinero en las calles para sobrevivir, pues vengo de una familia homofóbica donde es obsceno hasta hablar del asunto. Luego enfrenté a mi propia comunidad para la que está muy bien ser gay, tener preferencia homosexual, pero que tacha a los transexuales y no los acepta. Y por último enfrentarme conmigo misma para saber qué quería hacer de mi vida como transexual.  

"Tratamos de ser la voz de aquellos que no son humanos"

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Norma Minerva Huerta  Protección animales  (Foto: Cortesía Norma Minerva Huerta)

Norma Minerva Huerta. 43 años. Soltera. Activista por la defensa de los derechos de los animales con MundoPatitas.org.mx. Ciudad de México.

Norma Huerta jamás ha escuchado un "gracias" de parte de quienes ayuda. Tampoco lo espera. Sólo se dedica a defender sus derechos con la idea de construir un mundo mejor, donde todas las especies puedan convivir. Desde los ocho años siente la necesidad de apoyar a los animales. En ese momento, todavía no sabía que ya era una activista. Después de una etapa en Greenpeace, desde hace cuatro años trabaja en Mundo Patitas, una organización con la que promueve la adopción de perros y gatos, el trato justo por los animales y la concientización entre seres humanos y quienes no lo son.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Tanto el Bicentenario como el Centenario son lo mismo, salvo 100 años de diferencia. Fue un cambio urgente y necesario, con orígenes en la exigencia de la sociedad civil, que no esperaron a que el gobierno lo hiciera porque pudieron esperar sentados. Ese cambio se dio por una sociedad civil organizada, que costó sangre, que tuvo un alto costo, pero que era necesario. 

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Valores, autoestima, un sentimiento de "sí se puede". Muchas veces los mexicanos estamos devaluados y pensamos "no, ¿para qué?", pero quitando esas ideas y pensamientos, habrá más innovación. También nos hace falta educación, acabar con el sistema que tenemos, tomar estándares internacionales, fomentar la lectura en los niños, que en los libros de texto gratuito se retomen temas como la educación cívica o la ecología.

¿Cuál fue su revolución personal?

Afortunadamente la revolución que libro no es en solitario. Estoy acompañada por muchas personas en tratar de erradicar el antiespecismo, esta discriminación por género, por raza y ahora también el antropocentrismo, que el ser humano quiera estar siempre en medio del escenario y manipular todo su entorno.

Gran parte de nuestras acciones las difundimos por el boca a boca, a través de las redes sociales como Twitter y Facebook. ¡Me impresionan! Vamos a las escuelas y los parques, y lo que pretendemos es ser la voz de quienes no la tienen; ellos no pueden hablar, escribir, implorar. Tratamos de ser la voz de ellos, de aquellos que no son humanos, lo pedimos por alguien más, para construir un lugar mejor para todos.

"Sé que cumplo con quien me mandó a este mundo"

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Ericka Mendarózqueta  animales  (Foto: Guillermina Ortiz)

Ericka Mendarózqueta. 33 años. Casada. Estudiante de Veterinaria, activista por los derechos de los animales, vegetariana y madre. Ciudad de México.  

Ericka Mendarózqueta tiene más de 10 años como vegetariana. Un buen día despertó y decidió que ya no deseaba comer carne por el resto de su vida. El sufrimiento de otros no era algo con lo que deseara continuar. La decisión implicaba otro sentimiento: apoyar causas en defensa de los animales. Por ello empezó a participar en un albergue de perros, promoviendo la adopción. Años después, inició la carrera de Veterinaria para complementar la misión en la que cree. En la actualidad, sigue combinando todas esas tareas con las de esposa y madre.  

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

En su momento fue algo necesario para el país. Un movimiento de un grupo de personas emprendedoras y valientes que dejaron todo, tomaron riesgos buscando un bien mayor, una mejora en el gobierno. Algo estaba mal y alguien decidió hacer algo para cambiarlo.

No lo celebro. Pienso en el Centenario y en la Revolución porque creo que es mi responsabilidad como mexicana, reflexionar sobre los acontecimientos que estamos conmemorando, pensar en la forma en que sigan trascendiendo. Hacer un fiesta bulliciosa, salir y al otro día no acordarme de lo que pasó no tiene caso. Sí hay que pensar en la Revolución, pero ya quedó atrás. Las metas a futuro son pensar qué es lo que hace falta.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

Revolución significa cambio y lo que celebramos fue un cambio por la fuerza de las armas, pero eso no significa que debamos replicar ese ejemplo. Lo que hace falta ahora es una revolución cultural, a través de la inteligencia, de las mentes, en el sentido de tratar de cambiar la imagen que tenemos como pueblo y que lamentablemente nos hemos ganado a pulso.

Por ejemplo, en las ocasiones en que he viajado o platicado con gente de otros países, nos ven con cosas buenas, pero más con cosas muy malas, que afloran internacionalmente. Somos muchas cosas, pero en chiquito y lo entendí con algo que escuché: no somos patriotas, sino patrioteros; no somos ingenieros sino ingeniosos… Ésos son los cambios que deberíamos hacer: ser más emprendedores, más valientes, eliminar esos miedos y complejos que venimos arrastrando desde la Conquista.

¿Cuál fue su revolución personal?

Afortunadamente ya tuve una revolución en mi vida. Dejé mi inercia, mi estabilidad, mi zona de confort, buscando un bien mayor. No es nada fácil, es un cambio doloroso. Dejé una profesión como ingeniera química que me estaba dando para vivir, comodidades, cierto nivel de vida, pero no me estaba llenado ni emocional ni espiritualmente. En ese momento sentí que tenía otra misión, que mis capacidades daban para más. No es que minimice lo que estaba haciendo, pero si yo ya sentía cierta sensibilidad, ya había comenzado a ser activista por los derechos de los animales y ganas de luchar por otras causas, tenía la responsabilidad de usarlas. Ahora pienso en mí a 20 años y, si sigo por este camino, sé que me voy a sentir bien conmigo. Sé que estoy cumpliendo con quien me mandó a este mundo y con mi país.

"Sólo con movimientos ciudadanos es posible un cambio"

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Brisa Solis  Brisa Solis  (Foto: Guillermina Ortiz)

Brisa Solís. 34 años. Soltera. Directora ejecutiva de Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos). Ciudad de México. Originaria de Mérida, Yucatán.

Hace 16 años se mudó de Yucatán a Ciudad de México. Cambió las blancas playas de la península sur por el concreto y el ruido de la urbe central. Su decisión no fue fruto de un impulso. A los 18 años ya había participado como observadora electoral en una comunidad indígena y se percató de que la mayoría de los votantes no sabía leer ni escribir. "Pensé que era muy importante estudiar para entender y poder defender derechos humanos, para que a gente como a ellos les pudiera enseñar, mínimo, saber contar los votos".

Dejó a su padre, ateo y revolucionario, aunque una parte de él se fue con ella: la lucha por los movimientos sociales, lograr que las voces ciudadanas resuenen en el espacio público. Poco a poco lo ha conseguido: a sus 34 años se ha convertido en la directora ejecutiva del Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), una asociación civil para la reivindicación de la justicia social. Al frente de esta institución ha dado voz a los periodistas en la defensa de sus derechos y ha exigido su protección ante la violencia que se vive en el país.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Yo creo en la democracia, en la participación ciudadana, en el debate público y en los derechos humanos. Somos otra generación que luchamos y que planteamos el uso de la tecnología para la participación y creemos mucho en el valor del diálogo para las transformaciones.

Este centenario de la Revolución abre un espacio de reflexión profunda sobre los pendientes que tenemos en el país, sobre lo que no se ha logrado hacer, lo que nos falta hacer a muchos ciudadanos para tener un mejor México. Más bien es un momento de reflexión profunda sobre lo mucho que falta.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?  

En este momento, sin duda, se vincula con la democracia, con la calidad democrática. En un sentido más profundo, hay que señalar todo lo que falta por ser incluyente, por la lucha contra la impunidad y contra la corrupción que está en las distintas esferas de la sociedad mexicana.

La revolución que le hace falta a este país es la que se vincula a la participación ciudadana. Ir más allá de los partidos políticos como esos que toman decisiones por intereses particulares. Realmente, creo que sólo a partir de los movimientos ciudadanos puede ser posible un cambio estructural.

¿Cuál fue tu revolución personal?

Encontrar en los ciudadanos y en los derechos humanos la posibilidad de poner límites a los gobernantes, a los funcionarios públicos, que no pueden propasarse con sus representados.

Es muy gratificante cuando veo que gran parte de los temas que defendemos en Cencos, esos movimientos sociales, con ciudadanos o con víctimas, se debaten en el espacio público y que otros pueden leerlo. Tienen la imagen, el audio y todo eso permite a otros ciudadanos crear otro criterio de lo que está pasando en la realidad.

"Mi revolución fue hace 12 años cuando cambié de rumbo"

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Galia Moss  Velerista  (Foto: cortesía Galia Moss)

Galia Moss. 36 años. Soltera. Velerista. Ciudad de México.

Deportista desde los cinco años, Galia se planteó el reto de cruzar el océano Atlántico sola en un velero. Tras una intensa preparación, en 2006 convierte su sueño en realidad. Navegó de Vigo, España, a Xcaret, Cancún, más de 9,000 kilómetros, en una travesía de 41 días. El logro personal lo unió a una causa social: por cada ocho millas, una familia mexicana tendría una casa. Reunió 688 viviendas. Hoy, la primera latinoamericana en conseguir esa hazaña, busca una nueva travesía para concientizar sobre el cambio climático.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebras?

Este año son los 100 años del inicio de la Revolución Mexicana, cuando diferentes líderes alrededor de la república crean distintos grupos para tirar un gobierno con el que no estaban de acuerdo. Entiendo que lo que se celebra no es el triunfo de la Revolución, sino la fuerza y valor de un grupo de mexicanos luchando por sus ideales y derechos, una lucha por la justicia y la libertad. Eso es lo que puede celebrarse.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

La del corazón de cada mexicano. Hace falta que cada uno deje de criticar al prójimo, al gobierno y a todo lo que pasa a su alrededor, y que en vez de eso, cada uno actúe con amor a nuestra patria y dé su granito de arena sin esperar que el prójimo o el gobierno lo haga.

 ¿Cuál fue tu revolución personal?

Mi revolución fue hace 12 años cuando decidí cambiar el rumbo de mi vida, de ser compositora musical a velerista, sin tener apoyo ni siquiera de mis padres. Con 24 años, parecía una locura practicar un deporte tan complicado. Sin embargo, si uno logra revolucionar esas paredes mentales y se dedica al cien por ciento a lo que quiere lo puede lograr. Ahora me faltan nuevas travesías, explorar otros horizontes y comprender el cambio climático para transmitirles a los demás qué podemos hacer para no acelerarlo y cuidar nuestro mundo.

"Por mucho que yo sueñe, no lo puedo alcanzar solo"

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Antonio Ordoñez  Pronatura  (Foto: Laura Yaniz)

Antonio Ordóñez. 45 años. Soltero. Doctor en Biología. Director e investigador en cambio climático de Pronatura México. Ciudad de México.

El proyecto de vida de Antonio no son los 17 años que ha dedicado a crear un programa de venta de bonos de carbono y la investigación sobre la fijación de CO2 para combatir el cambio climático sino la formación de un equipo de alumnos con los que investiga: una grupo de recursos humanos especializados, con responsabilidad social.

Tras cursar Biología marina e Ingeniería Química entró en Biología, pero tuvo que abandonarlo porque no tenía dinero para pagar las prácticas. Trabajó cuatro años para ahorrar y poder terminar su carrera. Ahora es firme al pensar que el trabajo interdisciplinario es la clave para alcanzar las metas.

¿Qué celebramos en el Centenario? ¿Lo celebra?

Que México tiene gente talentosa, pero no existen los canales para ponerlos a trabajar. ¿Celebrar? La vida, que tenemos un estado de madurez interior con el que podremos resolver problemas de ahorita y de atrás. El encuentro de talentos que convergen ahora para resolver, replantear, reformular y reestructurar lo que hay que reestructurar y trabajar por un México más transparente, más seguro, más honesto. Siempre empezando desde nosotros mismos.

¿Cuál es la revolución que le hace falta a México?

No es una revolución como tal, más bien tener una comunicación de nuestros intereses, de nuestras metas. Que la gente ya no sea ajena a los cambios, ajena al vecino, que no sea tan desentendida de todos los demás. Que adquiera ese compromiso con su nación, empezando por ellos mismos. Que la gente entienda que son mexicanos, que son una parte muy importante de la sociedad, clave en el desarrollo de la humanidad. Que adquieran la parte que les compete, ésa es la parte medular. Si tenemos a un agente competente en la política, no se va a corromper. Nos falta responsabilizarnos con nuestras formaciones con ética, con profesionalismo. Dejar a un lado la corrupción y, sobre todo, respetarnos.

¿Cuál fue su revolución personal?  

Para mí, mis principios son: Dios, patria y hogar. Y los valores que comparto son: lealtad y la pureza de hechos. Si tienes esto, donde sea que trabajes, no te dejarás corromper.

Otra cosa importante son los sueños, los que convierten un terreno destruido en un terreno fértil. Pero si hay algo que me gusta es el trabajo en conjunto. Por mucho que yo sueñe, que proponga, no lo puedo alcanzar solo si no comparto esas inquietudes de una manera sana y bien encaminada hacia las metas. 

Otro asunto que me preocupa en ese camino es la comunicación. Cuando logramos comunicar de manera didáctica, agradable y sencilla, podemos alcanzar las metas y vamos evolucionando. Si consideramos esas actitudes y entendemos el porqué del funcionamiento ecosistémico y social, difícilmente nos sorprenderán en la economía, en la salud, en la infraestructura. En cualquier caso, es una suma de acciones que no visualizo solo.