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¿Por qué la violencia en México es un problema de EU?

Juárez es una "ciudad fallida" y, si EU analiza a fondo lo que ocurre ahí, podría frenar la venta de armas a los cárteles, dice un analista
lun 11 abril 2011 04:32 PM
México - violencia- Ciudad Juárez
México - violencia- Ciudad Juárez México - violencia- Ciudad Juárez

Nota del editor: Raj Kumar es presidente de Dever, una comunidad en línea de trabajadores sociales y desarrollo de profesionales internacional.
 

(CNN) — En la película de los hermanos Coen Sin lugar para los débiles, una escena espeluznante ocurre en El Paso, Texas. Luego de descubrir una bolsa de dinero en un intercambio del narcotráfico que salió mal, un veterano recién llegado de Vietnam termina cruzando la frontera a México , huyendo de un matón psicópata antes de terminar balaceado en un cuarto de motel.

A un viajero a El Paso se le podría perdonar por imaginarse en esa escena. En la ciudad al oeste de Texas parece que el tiempo se detuvo hace varias décadas, y que matones psicópatas, habiéndose multiplicado por miles, rondan la frontera.

El Paso no sólo es una ciudad fronteriza. En realidad es la más pequeña de las ciudades gemelas, unida a la cadera a Ciudad Juárez , su hermano más grande y más rebelde que fácilmente lo superaría si no fuera por la frontera internacional que mantiene separadas a las dos partes.

En años recientes, Juárez ha pasado a un estado de verdadero caos, una "ciudad fallida" dentro de un país que se acerca cada vez más a convertirse en un Estado fallido. Es fácil ignorar esta infección que se contagia lentamente a través de nuestra frontera, incluso mientras nuestro interés es capturado por conflictos más lejanos a nuestra casa. Pero tan sólo por la cercanía con México merece la atención nacional y la acción inmediata antes de que la crisis se vuelva nuestra.

En números, Juárez no es Mogadishu, Somalia o Kandahar, Afganistán. Es mucho peor. Cerca de 3,000 personas fueron asesinadas en esa ciudad de 1.5 millones de personas en los últimos dos años. Por varios años, cientos de mujeres jóvenes han desaparecido anualmente en Juárez, sólo para reaparecer desmembradas y torturadas de formas demasiado grotescas para recordar.

Además un reporte de las taquillas en películas y la última batalla presupuestal en Washington, Austin, Texas, el noticiario del domingo de televisión en El Paso invariablemente hacen el recuento de muertos en Juárez durante el fin de semana: 30, 40, 50 o más.

La ciudad de El Paso es segura por supuesto, salvo las balas perdidas que le pegan al campus de la Universidad de Texas y a la alcaldía recientemente, tal vez no notarías lo que está pasando tan cerca de ti.

Pero cuando tu teléfono celular se conecta a una red mexicana mientras estás en una cafetería o la autopista de la frontera te lleva a un barrio siniestro de Ciudad Juárez, te das cuenta de que dos tercios de esta encantadora metrópolis rodeada de cerros, es una zona de guerra. (Este mes, el gobierno mexicano anunció que un ex teniente coronel del ejército, Julián Leyzaola, ahora será el jefe de seguridad pública en Juárez , en donde dirigirá a los militares en un ataque frontal contra los cárteles).

Éstos son hechos extraños en la vida en El Paso. Los locales cenan en lo que podría ser llamado el restaurante mexicano más auténtico en Estados Unidos, en la medida en que se ha visto obligado a trasladarse aquí desde México debido a la extorsión y la violencia.

Muchos miles de mexicanos vienen a El Paso cada día con visas de frontera, disfrutando la calma y el estado de derecho que ofrece este país durante el día, y volviendo cada tarde a una pesadilla. Quienes pueden se quedan de forma permanente. Un estudiante de la universidad local tiene un número de 230,000 hasta el momento, 124,200 de ellos en El Paso y áreas cercanas. Pero para la mayoría, hay vínculos familiares que los atan a la vida en Juárez.

Luego está la historia de la oficial de la policía de 20 años en un pueblo cercano a Juárez. Marisol Valles García obtuvo el trabajo en octubre, porque nadie más lo quería. Ella prometió no usar uniforme, ni portar un armas y no ir contra los narcotraficantes. Incluso ella fue ahuyentada con amenazas de muerte y llegó este mes a El Paso pidiendo auxilio con su bebé .

Los residentes de El Paso están conscientes de las circunstancias: no sienten peligro personal, pero a sabiendas que un crimen podría tomar lugar a unos pasos de distancia. Es como ver una película. La única pregunta es qué rol tomará su propio país.

El gobierno estadounidense está involucrado hasta cierto punto, USAID gastó 28 millones de dólares en programas de educación y salud en México en 2010, y nuestros militares están cooperando a través de la Iniciativa Mérida, moldeada con base en el Plan Colombia que ayudó a ese país a vencer a sus cárteles.

Pero nuestros esfuerzos en México no se comparan con nuestro enfoque nacional en Afganistán, Pakistán, Iraq, Yemen y similares. El año pasado cuando una cónsul embarazada fue asesinada en Juárez, junto con su marido y el marido de otra cónsul , llegó a las noticias pero no detonó un debate nacional.

Ese debate pudo centrarse en el hecho que casi la mitad de todos los mexicanos viven por debajo de la línea de la pobreza. La pobreza provee combustible para el fuego de los cárteles, dándoles una reserva de jóvenes sin esperanza para reclutar para sus actividades.

Ese debate pudo obligarnos a hacerle a nuestro gobierno preguntas difíciles acerca de nuestras prioridades y nuestro plan para asegurarnos que México no sea un Estado fallido, del cual sus problemas se filtren a través de nuestra frontera porosa.

No habrá una solución fácil para detener la espiral en picada en ciudades mexicanas como Juárez, y seguramente los mexicanos tendrán que tomar la iniciativa. Pero además de tácticas militares fuerte del ejército mexicano, Estados Unidos necesita involucrarse en este conflicto como en aquellos a miles de kilómetros.

No podemos iniciar una campaña nacional, lo suficientemente significativa para presentar un mensaje a la Oficina Oval para que el presidente Barack Obama llame la atención en lo que está pasando en ciudades americanas como El Paso y que brinde más apoyo estadounidense y se involucre más ahí.

Quizá una vez que estadounidenses alrededor del país vean lo que es tan claro en El Paso, podamos poner un alto en la venta de granadas y armas de asalto a los cárteles, destruir el lavado de dinero por miles de millones de dólares en bancos estadounidenses e invertiamos más dinero en México para crear oportunidades de trabajo y educativas para la juventud desempleada.

Este puede que sea un momento para analizar bien a la política estadounidense de narcotráfico, tradicionalmente un tema político sensible, para considerar la reducción de nuestro énfasis en la aplicación de la ley a favor de enfoques más rentables de prevención, tales como la educación sobre drogas y programas de tratamiento para nuestros niños.

Tenemos muchas prioridades como país, pero vayan a El Paso y verán que como muchos otros conflictos lejos de aquí, esta también es nuestra pelea.

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