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OPINIÓN: El uniforme coreano, ¿una respuesta superficial a un problema político?

Un diseño nacido del compromiso puede tener poco significado para los atletas de ambos países, quienes nacieron y crecieron en una Corea dividida, opina Jooyoung Shin.

Nota del editor: Jooyoung Shin es profesor asistente del Departamento de Ciencias Textiles y Diseño de Indumentaria de la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — En octubre pasado, Corea del Sur presentó el uniforme de su delegación para Pyeongchang 2018. Los atletas recibirían un guardarropa completo, incluida una chamarra acolchada blanca para las ceremonias de apertura y clausura; trajes para entrenar y para las actividades públicas, y un uniforme para las ceremonias de premiación con los colores de la bandera de Corea del Sur.

Los diseños tuvieron muy buena recepción en un país emocionado por ser sede de su primera Olimpiada de invierno. Vogue Corea incluso fotografió a los atletas vestidos con su uniforme oficial para su número de diciembre.

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Cuando revisó la indumentaria, la profesora emérita de Vestimenta y Textiles de la Universidad Nacional de Seúl, Minja Kim, celebró el uso de motivos nacionales. "Nuestros uniformes cuentan con… los colores y las líneas del símbolo taegeuk de nuestra bandera nacional; blanco, rojo, azul y negro. Además, la caligrafía [representa] nuestra identidad nacional", dijo en una entrevista telefónica, en la que destacó otro rasgo oculto de la chamarra blanca: el forro estampado con la letra del himno nacional surcoreano.

Sin embargo, apenas estaba pasando la emoción cuando se supo que las dos Coreas formarían un equipo de hockey sobre hielo para los Olímpicos . Además de marchar juntos durante la ceremonia de apertura, bajo la bandera blanca y azul de la Corea Unificada, los atletas tendrán que usar uniformes nuevos.

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Un compromiso diplomático

En vista del clima político actual, la formación del equipo coreano podría haber indicado una muy esperada mejoría en las relaciones. Sin embargo, la decisión resultó ser divisiva en Corea del Sur. Las encuestas indican que pese a que la mayoría de los surcoreanos apoyan la participación de Corea del Norte en las Olimpiadas, más de la mitad se opone al equipo conjunto de hockey.

La bandera y el uniforme compartidos también han sido fuente de controversias… y no por primera vez. De hecho, los Olímpicos de Invierno de 2018 serán la 10ª competencia deportiva desde 1991 en la que ambas Coreas marchan juntas (y los cuartos Olímpicos). En todas estas ocasiones, los atletas de ambos países usaron el mismo uniforme. Sin embargo, Corea del Sur siempre los ha proporcionado.

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Los uniformes del equipo de los Olímpicos de Sydney 2000 incorporaron el color naranja , que no tiene una relación simbólica conocida con ninguno de los dos países. Luego, en los Olímpicos de Atenas 2004, el uniforme del equipo contenía unos motivos tradicionales llamados saekdong, unas rayas multicolores que se usaban en la ropa infantil siglos antes de que se dividiera la península.

Sin embargo, los diseños seguían basándose mayormente en los colores de la bandera nacional surcoreana, que lleva negro y una proporción de blanco mayor que la de Corea del Norte, así como menos rojo. Ocurrió lo mismo con los Olímpicos de Invierno en Turín en 2006: los atletas portaron chamarras blancas acolchadas con toques de rojo y azul (y una mascada blanca con negro).

Por lo tanto, aunque estos uniformes olímpicos contenían la bandera de la unificación como símbolo de que Corea es una, siempre se han diseñado como Corea del Sur lo indica.

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Pocos precedentes

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Solo hay dos ejemplos más de equipos "unificados" en la historia de los Juegos Olímpicos: Alemania Oriental-Alemania Occidental, y la antigua Unión Soviética. El equipo de esta última se componía por atletas de las antiguas repúblicas soviéticas. Portaron un mismo uniforme tanto en los Olímpicos de verano como en las de invierno de 1992. En Albertville, los varones llevaron abrigos grises, sombreros Homburg y bufandas negras, mientras que las mujeres llevaban abrigos color salmón y una boina con visera. Como el proceso de diseño se llevó a cabo en secreto, los uniformes no mostraban indicios de la identidad individual de los Estados. Las siluetas de sus abrigos reflejaban el estilo contemporáneo: prendas poderosas de hombros anchos.

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En los Juegos de 1960 y 1964, el equipo de la Alemania Unificada adoptó una bandera que incorporaba los aros olímpicos (y usaron la Oda a la alegría de Beethoven como himno). Sin embargo, tampoco hay muchas fuentes que documenten el compromiso al que se llegó a la hora de diseñar los uniformes.

Así que aunque hay algunos precedentes, los diseñadores del nuevo uniforme de Corea tienen que analizar las circunstancias únicas de cada país. Este proceso hace surgir cuestiones complejas. Indudablemente, la delegación norcoreana se negaría a usar un atuendo lleno de los símbolos nacionales más reconocibles de Corea del Sur… y viceversa. Muchos de los rasgos que Corea del Sur presentó en octubre pasado —como el estampado del himno nacional y el logotipo inspirado en la caligrafía— tendrán que eliminarse. Es más, como el tiempo apremia, tal vez sea necesario modificar la estructura de los uniformes, pensada para facilitar un desempeño deportivo óptimo, con el fin de adaptarse a los cambios.

Aunque aún no se hace el anuncio relativo a los diseños definitivos, el equipo femenil conjunto de hockey sobre hielo se presentó por primera vez hace unos días. Sus jerseys tienen el motivo color azul claro de la península coreana.

nullLas decisiones de diseño aparentemente insignificantes como ésta pueden trascender en el escenario mundial. Las ceremonias de apertura de los Olímpicos se han vuelto fiestas visuales y narrativas del orgullo patriótico; el desfile de las naciones transforma los estadios en pasarelas dramáticas en las que se exhiben, promueven y anuncian las identidades nacionales.

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Los uniformes para la ceremonia han sido parte de este ritual deportivo desde los Olímpicos de 1912 en Estocolmo. Además de comunicar visualmente la identidad de un país, simbolizan los atributos culturales y los ideales políticos o económicos.

Mis propias investigaciones sobre más de 600 uniformes de desfile indican que los motivos más comunes son los colores y los símbolos de las banderas nacionales. Los atletas de la delegación olímpica estadounidense, por ejemplo, siempre portan rojo, azul y blanco. Los colores de los aros olímpicos también suelen estar presentes, al igual que otros símbolos que usualmente se asocian con la identidad de un país. Los uniformes de Nueva Zelandia, por ejemplo, llevaron el helecho plateado característico del país —conocido como ponga— en tres Juegos Olímpicos de Verano consecutivas, de 2004 a 2012.

Los uniformes de desfile pueden afectar la mentalidad de los atletas. Pierre de Coubertin, fundador del Comité Olímpico Internacional, reconoció la importancia del atuendo nacional para que los atletas se preparen mentalmente y se concentren para las competencias.

Para quien lo porta, el uniforme de desfile indica su identidad y su función como parte de una delegación nacional. También puede intensificar la sensación de unidad entre los atletas. Los uniformes son medios visuales importantes que distinguen a la gente por país (diferencia), al tiempo que la conectan con quienes pertenecen a la misma nación (similitud) a través del proceso de identificación, comunicación y unificación.

Una respuesta superficial

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Entonces, analizando el uniforme del equipo conjunto de Corea, se puede entender que muchos surcoreanos duden de que represente su identidad nacional. Los símbolos son parte esencial de la construcción de la imagen de un país, lo que a su vez moldea la percepción tanto de quien lo usa como de los espectadores.

Sin embargo, un diseño nacido del compromiso puede tener poco significado para los atletas de ambos países, quienes nacieron y crecieron en una Corea dividida. Imponer una identidad alterna puede debilitar el orgullo nacional de los participantes y dañar su motivación e incluso su desempeño. Desde luego, la identidad nacional se merma con un propósito nuevo: simbolizar los esfuerzos de unificación y reconciliación. Se podría argumentar que la nueva identidad del equipo representa un espíritu olímpico que promueve la paz y la unidad. Pero vestir a los atletas con un mismo uniforme tal vez sea solo eso: pura apariencia, no una verdadera sensación de solidaridad entre dos países que tienen tan poco en común en el sentido político, económico e ideológico.

Cuando los atletas marchen en el estadio hoy , el equipo conjunto indudablemente será bienvenido y el mundo le aplaudirá. Lo celebrarán por su importancia simbólica, emotiva y política… una encarnación de los valores olímpicos.

No obstante, la pregunta persiste: ¿qué propósito real tienen un uniforme de desfile, una bandera compartida y una identidad nacional impuesta? ¿Son respuestas superficiales a los problemas políticos graves y a las constantes amenazas de guerra de parte de Corea del Norte? Los uniformes solo transmiten un mensaje simplista de que Corea es una. Pero Corea del Sur y Corea del Norte son dos países soberanos, fundados con base en ideologías diferentes y que hoy comparten pocos atributos culturales.

En vez de repetir un gesto que a lo largo de varios Juegos Olímpicos ha fallado en el intento de mejorar significativamente las relaciones, ambos países deberían trabajar para construir una identidad compartida de importancia que tenga eco en el corazón y la mente de todos los coreanos. Hasta entonces, los equipos deberían llevar uniformes diferentes y marchar como dos países independientes. Comprometer la identidad no le sirve de nada a ninguna de las partes.

null Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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