OPINIÓN: Otra masacre a tiros en Estados Unidos… y la vida ¿sigue igual?

Jorge Dávila Miguel opina que la hipocresía que envuelve a Estados Unidos no es solamente política, sino también social y cultural.
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Jorge Dávila Miguel

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es columnista y analista político de CNN en Español. Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor.

(CNN Español) - Aquellos que no pueden recordar su pasado están condenados a repetirlo. La frase es atribuida al filósofo George Santayana, pero parece que el pueblo estadounidense, conociendo bien la historia de las masacres con armas de fuego, sigue decidido a repetirlas. Cada vez que el horror de los asesinatos masivos colma las pantallas de la tele surge un lamento nacional. Poco más tarde, una hipocresía político-cultural poco a poco aplaca el duelo. Y entonces toda la sociedad será cómplice cuando pase otra vez.

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A la luz de la matanza la semana pasada de estudiantes en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, dos congresistas republicanos ya han salido a la palestra de los medios de comunicación con el mismo antídoto retórico para defender el statu quo en el negocio de las armas de fuego.

Uno fue el senador Marco Rubio, de la Florida quien declaró que ninguna ley podía haber evitado la tragedia. El otro fue Steve Scalise, representante por Luisiana, víctima él mismo de un ataque armado, quien declaró con rostro perplejo de santo que no había ninguna “ley mágica” que pudiera evitar dichas tragedias. El senador Rubio ha recibido 3,303,335 dólares de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) durante su carrera política, según The New York Times.

Pero por aquello del beneficio de la duda, tal vez los congresistas no sepan que mienten. Y no importa que pertenezcan al partido republicano o al demócrata, donde también la NRA hace importantes contribuciones de campaña. Si pudiera responderle al representante Scalise, le diría que no existe una ley mágica para nada y sin embargo existen leyes para todo. De eso viven los legisladores como él, y por lo tanto podría haber leyes que atacaran directamente la raíz del problema.

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La pregunta es por qué no existen.

Al senador Marco Rubio, alguien debería decirle: “Senador, con su permiso senador, ¿ninguna ley de verdad podría haber evitado esta tragedia? ¿Y qué tal una que prohibiera la venta de armas de asalto?”. La pregunta es tan simple como válida, porque el constante argumento del negocio de las armas de fuego es que el ciudadano debe poder defenderse. Aunque parece evidente que para la defensa no es necesaria un arma ofensiva; diseñada, es obvio, para atacar.

Pero la hipocresía que nos envuelve en esta gran nación no es solamente política, sino también social y cultural.

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¿Cómo es posible que la industria cinematográfica vindique constantemente la violencia en interminables películas cuyo objetivo principal es mostrar cómo nos matamos los unos a los otros? Literalmente.

¡Y nosotros nos entretenemos con eso, nos divertimos! Y después, nos espantamos con aquel circo romano, por la crueldad con los esclavos o las matanzas de Hitler, como una especie de absolución terapéutica de un inconfesado apetito por la muerte. Y los videojuegos, que divierten a niños desde los seis años con un potente fusil de asalto en la pantalla, aprenden a disfrutar cuando meten el disparo en el pecho de otro humano.

Existe una industria de la violencia virtual, y el gran dinero de la industria de las armas no solo beneficia a los que las fabrican y las venden, ni a los políticos que reciben generosas donaciones, sino también a esa otra parte casi intocable e icónica de la sociedad estadounidense que es Hollywood, siempre escudada en la libertad de expresión… y la televisión… y la industria del video juego.

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Es muy probable que el tema de las masacres con armas de fuego en Estados Unidos no tenga una exclusiva solución legal, sino que requiera de una solución social en la que algunas decisiones morales sean inescapables.

Porque ¿qué será mejor? ¿Que el ciudadano estadounidense tenga el derecho de comprar el arma de asalto preferida y que la cultura mediática general en el país se encuentre inyectada de violencia? ¿O que cesen las horribles matanzas?

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En el fondo, se trata de un debate sobre la libertad. Sobre las libertades comerciales, individuales y sociales. Ardua tarea en una nación que vindica sobre todo al individuo.

Dentro de pocas horas se iniciará en el país algún nuevo ciclo noticioso. Al fin al cabo, tal vez algunas trágicas muertes cada cierto tiempo no sean tan terribles, porque todo volverá a la normalidad y podremos seguirnos vanagloriarnos como antes de nuestra luminosa excepcionalidad como nación.

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