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OPINIÓN: Nuevas soluciones para un problema de antaño

Hoy somos más los hombres y mujeres que estamos dispuestos a quitar los velos, a remover los pensamientos, a cuestionar y renovar los roles aprendidos.
El problema
El problema es que seguimos tratando los derechos de las mujeres y el de las minorías desde la posición del reclamo y la protesta, y con poco interés por atender las necesidades de todos los demás. (Foto: fizkes/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Jorge Guevara es de formación psicólogo organizacional y clínico. Actualmente es vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicación para América Latina de American Express Co. Ha liderado diversas estrategias e iniciativas relacionadas con la diversidad y la inclusión, particularmente las correspondientes a la comunidad LGBT+. Escríbele a su correo jorge.guevara@aexp.com . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — A estas alturas del milenio espero que para nadie sea una sorpresa enterarse hoy, entre esta y muchas otras columnas que se publican, que diversos estudios internacionales y nacionales afirman que las empresas que cuentan con más mujeres en roles de liderazgo son más productivas y que incluso llegan a reportar hasta un 20% más de desempeño financiero, como lo afirmó en 2017 el estudio Global Leadership Forecast.

Antes de escribir este texto me di a la tarea de revisitar de dónde surgió la idea de celebrar un Día Internacional de la Mujer, y aunque existen diversas versiones, todas coinciden en eventos difíciles que expusieron la necesidad de asegurar condiciones laborales favorables para el género femenino, además de eliminar las discrepancias en los salarios, la falta de oportunidades igualitarias, y algunos otros factores que, desafortunadamente, no son muy distintos a los que observamos en el presente. Luego, recordé tristemente que en un estudio reciente de McKinsey & Co. se advirtió que de seguir el ritmo actual sobre diversidad e inclusión femenina tardaremos otros 100 años para alcanzar la paridad de género en puestos ejecutivos.

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Pues bien, la psicoterapia basada en soluciones nos enseña que muchas veces los problemas que las personas tienen se mantienen porque estas repiten las mismas soluciones intentadas, una y otra vez. El trabajo de intervención psicoterapéutica consiste entonces en ayudar al paciente a encontrar y desarrollar nuevas opciones, que lo alejen del estado de estancamiento en el que se encuentra. Elaborando en este sentido y para comenzar con algunos cambios, creo que en el ambiente empresarial y de negocios debemos olvidarnos de justificar la implementación de políticas de diversidad e inclusión con base en expectativas de mercado y ventas, porque por más atractivas que parezcan, ¿cuál es el mensaje?, ¿si no hay negocio por detrás, no existe una razón para hacer lo que es humanamente correcto?

Por otro lado, el problema que veo es que seguimos tratando los derechos de las mujeres y de paso de todas las minorías desde la misma posición, la del reclamo y la protesta, y con poco interés por atender las necesidades y realidades de todos los demás. Alguna vez comenté que fui testigo de cómo en un panel de mujeres sobre equidad e igualdad, una de las ponentes atacó a la comunidad gay diciendo que uno de sus empleados la había sorprendido por su capacidad de poner atención a los detalles, “…y eso que es hombre-hombre, no de esas cosas raras”, dijo.

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La protesta y el enojo han ayudado, sin duda, a movernos de lugar pero a mi parecer de una forma muy lenta. Creo que ayudaría entender que el mundo, tal como lo conocemos, con sus estructuras y roles definidos, y con sus marcadas diferencias, lo heredamos así todos, hombres y mujeres. Si bien ya muchas cosas han cambiado, no debemos ignorar que a los hombres también nos encasillaron en el papel que debíamos desempeñar con asuntos como que el color rosa es de niñas , que nos corresponde por género trabajar y proveer, que como madre solo hay una (como si fuera distinto con los padres), y bueno, hasta una canción de los ochenta (interpretada por una mujer, por cierto) decía algo así como: “…que no te vean llorando otra vez, porque no es de hombres”, entre muchas otras barbaridades.

En este camino de transformación todos tenemos que reeducarnos, bajo el entendimiento de que el reclamo de hoy es en realidad hacia un discurso aprendido que se gestó en el pasado, por generaciones previas, y que en todo caso, nuestro cuestionamiento y enojo debe ser unánime hacia estas, junto con el perdón que debemos conceder porque por más difícil que parezca, sin éste, ningún cambio es posible.

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Me parece que hoy somos más los hombres y mujeres que estamos dispuestos a quitar los velos, a remover los pensamientos, a cuestionar y renovar los roles aprendidos, pero debemos hacerlo desde una postura de colaboración y mutuo entendimiento, buscando la igualdad y el respeto de todos, para todos y por todos. Ya llegó el momento, sí, pero el de responsabilizarnos por el presente que nos toca, aprovechando que ahora que existen tantas voces de minorías tenemos la oportunidad para reestructurarnos por completo y para cambiar nuestra narrativa como humanidad.

Es el momento de sabernos y ser diferentes, de buscar la igualdad y la equidad para todos, y hasta de borrar de nuestra mente la equivocada referencia de considerar la palabra tolerancia como sinónimo de aceptación y respeto, porque no lo es. Solo así, llegará el día, espero que no pasen 100 años, en el que no necesitemos en el calendario un momento especial para recordar a una minoría, sino en el que podamos celebrar como algo de todos los días el valor de toda nuestra vasta, diversa y hermosa humanidad.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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