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Nuestras Historias

OPINIÓN: Comprometámonos a terminar con la separación de familias en la frontera

Nadie que haya celebrado en 1865 la abolición de la esclavitud en Texas se imaginaría que la separación de las familias se volvería a autorizar más de 150 años después, señala Steven Lubet.
mar 19 junio 2018 11:13 AM

Nota del editor: Steve Lubet es profesor de la cátedra Williams Memorial de la Facultad de Derecho Pritzker de la Universidad Northwestern (EE. UU.) y autor del libro The 'Colored Hero' of Harpers Ferry: John Anthony Copeland and the War against Slavery. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Un día como hoy, pero de 1865, la noticia de la emancipación llegó a los esclavos de Texas. La abolición total de la esclavitud, que ese año se volvió irrevocable con la ratificación de la 13ª Enmienda, se tradujo en el fin de la servidumbre involuntaria, las golpizas, los ataques y la tortura que a menudo la acompañaban.

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También se tradujo en el fin de la separación forzada de las familias: arrancaban a los hijos de sus padres por dinero y por conveniencia de las autoridades esclavistas. Sabemos gracias a las narraciones de los esclavos que la confiscación legal de los niños era uno de los incidentes más temidos en la esclavitud estadounidense. Como cuenta uno de los narradores, los "castigos amargos y crueles… eran nada comparados con el sufrimiento de que me separaran de mi madre".

Es probable que ninguna de las personas que celebraron ese día se imaginara que la separación de las familias se volvería a autorizar oficialmente —de hecho, que el gobierno de Estados Unidos la exigiría— más de 150 años después.

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Sin embargo, henos aquí, en 2018, viendo que la presidencia de Trump fuerza a las autoridades a separar a los niños —incluso a los lactantes— de sus madres en nombre de una política de "tolerancia cero" ante la inmigración ilegal. Según el Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés), separaron a casi 2,000 niños de sus "presuntos" tutores en las pasadas seis semanas para poder procesar a los adultos por el delito de cruzar ilegalmente la frontera de Estados Unidos.

Como se explica en el sitio web de la dependencia , "el fiscal general de Estados Unidos instruyó a los fiscales federales de la frontera sur que procesen a todos los adultos responsables de haber entrado ilegalmente al país, incluidos aquellos que van acompañados de sus hijos". Cuando "se los remite [a los padres] a proceso penal", los niños se "transfieren" para "colocación" en el Departamento de Salud y Servicios Humanos, según la dependencia.

nullSin embargo, "transferir" es una palabra demasiado delicada para lo que de verdad ocurre, ya que arrancan a los niños de sus madres o peor aún, se los llevan con engaños, diciendo que los van a bañar o a fotografiar.

"Colocación" también es un eufemismo porque enviaron a casi 1,500 niños a un Walmart adaptado mientras se llevan a cabo los planes de construir un campamento para cientos de niños más en el oeste de Texas.
Lo inhumano de esta política queda en evidencia incluso para quienes tienen la labor de implementarla. En entrevista con National Public Radio (NPR), Ryan Patrick, el fiscal federal en jefe del Distrito Sur de Texas, dijo que la situación es "desoladora". "Tengo tres niños pequeños. Estos asuntos no dejan de afectarme".

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Sin embargo, Patrick manifestó su compromiso con la implementación estricta, como si no tuviera alternativa. "Bueno, es una decisión política del presidente y del fiscal general", explicó. No puede haber excepción "en una población completa de migrantes solo porque vienen en unidad familiar o porque los acompaña un niño, no podemos nada más ignorarlos a la hora de procesar penalmente. No cambia el hecho de que cruzaron la frontera ilegalmente".

En 1850, el Congreso estadounidense estaba preocupado por otro grupo de "migrantes" desesperados: fugitivos de la esclavitud que buscaban la libertad en los estados del Norte o que tal vez tenían la esperanza de conseguir asilo en Canadá. La ley resultante fue la Ley sobre los Esclavos Fugitivos, uno de los primeros ejemplos de tolerancia cero que exige el retorno expedito de los fugitivos con sus amos.

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Muchos funcionarios creyeron que no tenían más opción que cooperar con la ley. Incluso los que rechazaban la esclavitud invocaron la Biblia para justificarse. Citaban la conminación de San Pablo, en Romanos 13: "Cada persona debe someterse a las autoridades gobernantes" y "quien se resista a la autoridad se resiste a los designios de Dios".

Como dijo también el fiscal general, Jeff Sessions , en el contexto de su política de separación de familias: "Citaría al apóstol Pablo y su mandato sabio y claro en Romanos 13: obedecer las leyes del gobierno porque Dios designó al gobierno para sus propósitos".

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De hecho, muchos estadounidenses de la época previa a la Guerra Civil preferían otros versículos de la Biblia, como el mandato de Éxodo: "No ofenderán a un extraño ni lo oprimirán, porque ustedes fueron extraños en la tierra de Egipto".

Haciendo caso a la consciencia y no a las órdenes, las autoridades policiales de Boston y Cleveland se rehusaron a colaborar en la caza de esclavos y les negaron a las autoridades federales el uso de sus prisiones (en una época en la que no había cárceles federales). La Suprema Corte de Wisconsin, en el caso Ableman contra Booth, desafió al fiscal general al fallar que la Ley de Esclavos Fugitivos era anticonstitucional y ordenó la liberación de un hombre al que habían condenado por sabotear a los cazadores de esclavos. A final de cuentas, la Ley de Esclavos Fugitivos fue prácticamente letra muerta en muchas partes del Norte.

nullEs probable que Patrick crea que no tiene alternativa a aplicar la política de Trump y Sessions. "Estamos obedeciendo la ley", dijo a NPR, aunque "habrá algunas situaciones en las que hacerlo será lamentable o desolador o… es desafortunado".

Pero más que desafortunado, es excesivo. Según un observador muy conocido, las separaciones de las familias llevan a esto: "'Mamá, no me dejes… ¡no me dejes!', gritaba la niña mientras hacían avanzar a su madre a empellones. 'No me dejes; regresa, Mamá', seguía gritando, estirando sus bracitos, implorando. Pero gritaba en vano".

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El observador era Solomon Northup, autor del libro Doce años de esclavo. Aunque describía la venta de seres humanos en la década de 1840, hoy se está desarrollando una situación parecida en el suroeste de Estados Unidos.

Los fiscales desconsolados como Patrick sí tienen opción. Pueden renunciar. La política de tolerancia cero se volvería letra muerta si suficientes fiscales y agentes del DHS —e incluso su titular, Kirstjen Nielsen— renunciaran por humanidad. El Día de la Abolición de la Esclavitud sería el día perfecto para empezar.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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