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OPINIÓN: Beyoncé y Serena desafían el canon posparto

Las dos mujeres negras presentan una narrativa diferente sobre las formas en que los cuerpos de las mujeres cambian durante y después del embarazo, señala Rebecca Bodenheimer.
Serena Williams
Parto delicado Serena Williams señaló que si no hubiera abogado por sí misma y no conociera tan bien su historial médico, sus complicaciones posparto podrían haber sido aún más graves.

Nota del editor: Rebecca Bodenheimer es escritora freelance con un doctorado en etnomusicología. Escribe sobre Cuba, la cultura popular estadounidense, la identidad y la educación superior. Las opiniones expresadas aquí son exclusivamente suyas.

(CNN) – Beyoncé y Serena Williams han demostrado una vez más que son íconos, pero esta vez no por las razones que cabría esperar. No me estoy refiriendo a sus logros profesionales, sino a su voluntad de hablar públicamente para combatir la generalizada práctica de criticar y avergonzar a las mujeres por su peso y sus cuerpos posparto.

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En una entrevista con la revista Vogue, Beyoncé habló sobre su difícil embarazo de los gemelos Rumi y Sir, revelando que pesaba 99 kilos el día que dio a luz por cesárea de emergencia porque había estado sufriendo de toxemia o preeclampsia, cuyos síntomas típicos son presión arterial alta e hinchazón de las extremidades.

Ella comparó este alumbramiento con el de su hija Blue, cuando sintió la presión de perder todo el peso posparto en tres meses. Esta vez, dijo, "Durante mi recuperación, me di amor y cuidado, y acepté mis curvas. Acepté lo que mi cuerpo quería ser... Hasta el día de hoy mis brazos, hombros, pechos, y muslos son más grandes. Tengo una pequeña barriga de mamá, y no tengo prisa por deshacerme de ella".

Y agregó "Pero en este momento, mi pequeña FUPA y yo nos sentimos hechas la una para la otra". Así es, la reina de la música pop y una de las mujeres más sexys del mundo ha aceptado su FUPA, "Fat Upper Pubic Area” o grasa en la zona superior del pubis, esa pancita que cuelga sobre el área genital que es la pesadilla de muchas madres.

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La revelación pública de su peso fue una verdadera bomba, ya que representa para muchas mujeres (me incluyo) uno de los detalles más íntimos del embarazo. Justo después de dar a luz a mi segundo hijo hace poco más de seis meses, una enfermera me preguntó cuánto pesé la última vez y me avergonzó decirlo en voz alta delante de mi esposo.

Esto a pesar del hecho de que me he convertido en una declarada combatiente del fat-shaming (las burlas hacia una persona por su peso) y estoy constantemente luchando por dejar ir lo que ahora veo como una fobia a la gordura que me rodeó durante mi infancia y adolescencia. Y, sin embargo, todavía estaba avergonzada por ese número en la báscula que comenzaba con un “9” de noventa y tantos kilos. Nunca imaginé que el número de Beyoncé también empezara así.

Sentí una sensación similar de alivio hace un mes cuando la tenista Serena Williams reveló que tuvo problemas para perder peso durante la lactancia, a pesar de seguir una dieta estricta y un régimen de ejercicios. "Siempre te dicen que cuando amamantas pierdes peso y adelgazas, y a mí no me estaba sucediendo... Para mi cuerpo, no pasó así, sin importar cuánto ejercitara".

De hecho, Serena dijo que perdió rápidamente 10 libras una vez que dejó de dar el pecho. Esta declaración hizo saltar por los aires la suposición común de que la lactancia y la pérdida de peso van de la mano, y me impresionó fuertemente, como seguramente a miles de otras madres para quienes la lactancia materna no se tradujo en pérdida de peso.

Aunque nunca diría que es un mito, la noción de que la lactancia materna automáticamente conduce a la pérdida de peso (reforzada por prácticamente todos los profesionales médicos, consultores de lactancia y sitios web que una mujer encuentra durante y después del embarazo) es una generalización que no tiene en cuenta la diversidad de tipos de cuerpo entre las mujeres. Y contribuye directamente a las expectativas poco realistas durante el periodo posparto, es decir, que las mujeres deben "recuperarse" (recuperar su peso previo al embarazo) lo más rápido posible.

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Tampoco se me escapa que Beyoncé y Serena son dos mujeres negras que presentan una narrativa diferente sobre las formas en que los cuerpos de las mujeres cambian durante y después del embarazo. Esto es particularmente significativo porque las mujeres negras sufren tasas de mortalidad materna desproporcionadamente altas, en parte porque los profesionales médicos no les creen ni las toman en serio.

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Según su entrevista en Vogue a principios de este año, si Serena no hubiera abogado por sí misma y no conociera tan bien su historial médico, sus complicaciones posparto podrían haber sido aún más graves. Es posible que las complicaciones del embarazo de Beyoncé también se vean afectadas por su raza, pues las mujeres negras tienen 50% más probabilidades de tener preeclampsia o eclampsia que las mujeres de otras razas.

Las mujeres negras no solo tienen que pelear más para abogar por ellas mismas durante y después del embarazo, lo que a veces significa rechazar las sugerencias de un médico, sino que también tienen una larga historia desafiando estándares de belleza que privilegian la delgadez y la blancura. Serena y Beyoncé son los modelos más públicos de las múltiples maneras en que las mujeres negras ejemplifican el autocuidado y la autoestima en una sociedad que las denigra regularmente como demasiado arrogantes (hay que ver las mezquinas reacciones de algunas mujeres blancas al anuncio de embarazo de Beyoncé), o demasiado agresivas/masculinas (Serena ha recibido este tipo de críticas a lo largo de toda su carrera).

Estas revelaciones de la mejor intérprete y la mejor atleta de nuestro tiempo desafían, respectivamente, la tóxica costumbre de avergonzar el cuerpo de las mujeres durante y después del embarazo, un desafío que nuestra sociedad necesita escuchar con urgencia. ¿Alguien recuerda el primer embarazo de Kim Kardashian, durante el cual fue comparada con una ballena?

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Agradezco estas declaraciones públicas de celebridades que son negras y madres, que desestigmatizan el aumento de peso relacionado con el embarazo y alientan a las mujeres a aceptar que sus cuerpos posparto nunca serán calcados a sus anteriores cuerpos, incluso si amamantan a sus bebés.

Como mujeres que históricamente no se han visto en la portada de las revistas, las madres de color -particularmente las mujeres negras- tienen mucho que enseñarnos, no porque puedan salvarnos de nosotros mismos (pintarlas como salvadoras solo las despoja de su humanidad y de la libertad para meter la pata, como cualquiera, y tampoco es su trabajo llevarnos a sus espaldas) sino porque han tenido que defenderse y amarse a sí mismas contra viento y marea por siglos.

Este es el tipo de fortaleza y autoaceptación que quiero que mi propia hija vea a medida que crezca.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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