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OPINIÓN: La mujer que abrió un nuevo capítulo en las fuerzas armadas de EU

El simple hecho de cumplir el estándar para hacer el trabajo de tus sueños sin importar quién seas pinta un nuevo lienzo en la historia, comenta Gayle Tzemach Lemmon.
jue 23 agosto 2018 01:30 PM

Nota del editor: Gayle Tzemach Lemmon es analista de seguridad nacional de CNN e investigadora adjunta del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. Es autora del libro Ashley's War: The Untold Story of a Team of Women Soldiers on the Special Ops Battlefield. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) - Al ser la primera mujer que dirigió a un pelotón de infantería de la Marina estadounidense, la teniente Marina Hierl pasó a la historia. Pero esa historia no comenzó esta semana, ni este año. Ni siquiera esta década.
De hecho, el servicio de Hierl es el logro más reciente de la marcha para permitir que los estadounidenses sirvan en todos los cargos a los que tengan derecho si cumplen los requisitos. Esta marcha no es nueva ni novedosa, pero es el producto de décadas de esfuerzos, desafíos y logros para quienes han pretendido simplemente servir a su país.

Desde hace años he tenido el privilegio de entrevistar a las mujeres de uniforme que abrieron brecha y me contaron, una y otra vez, como Hierl le contó al New York Times, que no pretendían pasar a la historia ni demostrarle nada a nadie. Simplemente querían darle todo de sí a su país.

En las guerras posteriores al 11-S las mujeres de las fuerzas armadas aprovecharon los logros de las mujeres que las precedieron. Avanzaron gracias a las mujeres que durante décadas sirvieron en todas las ramas de las fuerzas armadas, pero no podían llegar al frente de batalla porque estaba prohibido oficialmente, según una circular que emitió en 1994 el entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, Les Aspin.

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Los conflictos en Afganistán e Iraq, posteriores al 11-S, desafiaron todo esto. En estas guerras, el frente de batalla estaba en todas partes y en ninguna; no había lugar seguro ante los lanzagranadas ni los ataques, así que las mujeres asumieron toda clase de roles, incluso aquellos en los que no podían servir oficialmente.

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Conocí mujeres que se unieron a los infantes de Marina en Afganistán, que dirigieron el reabastecimiento de caravanas y que formaron parte de una generación que aprovechó los logros de sus predecesoras dando lo mejor de sí en el servicio. Las militares de las guerras posteriores al 11-S se ganaron Estrellas de Plata por su "gallardía en acción" y por su valor en el campo de batalla.

Sirvieron en la artillería o en el cuerpo de ingenieros en cargos "exclusivos" para varones, como se detalla en Ashley's War, el libro que escribí sobre las mujeres a las que reclutaron en 2011 para formar parte de las operaciones de las fuerzas especiales en el campo de batalla, primero solas y en parejas, y luego, más formalmente, como parte de los Equipos de Apoyo Cultural en operaciones de combate al lado de los Rangers del Ejército o de los miembros del equipo táctico SEAL de la Armada.

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Marina Hierl en servicio

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Nunca he conocido a una mujer de uniforme que haya dicho que quiere hacer otra cosa que no sea servir a su país con todo su esfuerzo. De hecho, una antigua oficial a la que entrevisté a lo largo de los años, me dijo que se había metido al Ejército a finales de la década de 1990 sin saber que no podría hacer el trabajo de sus sueños porque era mujer: servir en la infantería. Se volvió oficial de inteligencia porque pensó que era lo más cerca que estaría del frente de batalla. Muchas de las otras mujeres a las que conocí se incorporaron a la policía militar. En enero de 2013 les autorizaron oficialmente empezar a servir en otros cargos gracias a la apertura hacia la integración total de las mujeres.

Volver a ver la evolución de la polémica de las mujeres en combate es remontarse a la historia distante, aunque solo estemos hablando de cinco años, más o menos. En un lustro ha habido toda una vida de cambios gracias a las mujeres que rebasaron los límites de lo permitido; a los líderes que querían a los mejores en los cargos correctos, y a los hombres que apoyaron a sus hermanas de armas.

Las mujeres de los Equipos de Apoyo Cultural fueron de gran importancia en la apertura de todos los puestos de combate en 2013. En una conferencia de prensa sobre la integración de las mujeres a las operaciones especiales, ese mismo año, el mayor general, Bennet Sacolick, del Comando de Operaciones Especiales, dijo: "Francamente, me animó ver tan solo el desempeño físico de algunas de las jóvenes que aspiran a entrar en los Equipos de Apoyo Cultural. Bien podrían sentar las bases de la integración total".

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Luego, en 2015, se abrió el acceso de las mujeres a la escuela de Rangers. Dos graduadas de la academia de West Point pasaron a la historia porque intentaron pasar el curso de la alta dirigencia del Ejército. Una se volvió de Infantería del Ejército. Desde que se rompió esa barrera, 13 mujeres más se han graduado de la escuela de Rangers. Hoy, si cumplen los requisitos, las mujeres pueden volverse Rangers del Ejército o miembros del equipo SEAL de la Armada por derecho propio.

Para muchas mujeres militares de las generaciones anteriores, a las que he tenido el privilegio de conocer, el servicio de la teniente Hierl es la consolidación de su esfuerzo. Dicen que Grace Murray Hopper y Harriet Ida Pickens son las pioneras. Como dijo Hierl al New York Times, "quería dirigir un pelotón… no pensé que hubiera algo mejor que pudiera hacer en la Infantería de Marina". al New York Times

Ese simple hecho, ser capaz de cumplir el estándar para hacer el trabajo de tus sueños sin importar quién seas, marca un capítulo nuevo en la historia de las fuerzas armadas estadounidenses y del país. Somos una nación que no puede prescindir del talento. Sacar el máximo provecho del talento de quienes sueñan con dar su mejor esfuerzo en servicio a Estados Unidos nos beneficia a todos.

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