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OPINIÓN. El reto ambiental del Tren Maya: la preservación de ecosistemas

El suelo de la Península de Yucatán es frágil, roca caliza, una especie de queso gruyer con agua; la obra no será sencilla, puede favorecer la erosión, opina Roberto Remes.

Nota del editor: Roberto Remes Tello de Meneses es Coordinador General de la Autoridad del Espacio Público del Gobierno de la Ciudad de México. Es egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Campus Iztapalapa, donde estudió la Licenciatura en Ciencia Política. Es Maestro en Políticas Públicas y Administración por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y cuenta con estudios de Doctorado en Economía, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Síguelo en Twitter como @ReyPeatonCDMX . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Leía, recién, el peritaje del Biólogo Fernando Córdova Tapia, en un juicio de amparo relacionado con la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). No profundizaré sobre el contenido del peritaje, solo sobre una reflexión general: ¿cuáles son los elementos más relevantes de los terrenos del NAIM y su entorno, en lo relativo al medio ambiente?

Debo mencionar que, en mi apreciación, el biólogo Córdova Tapia marca una notoria oposición al proyecto por su impacto en el medio ambiente, en la mayoría de los casos por los elementos que objetivamente analiza pero con un tenor subjetivo hacia que el proyecto no puede corregirse.

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Sé que al resumir estoy siendo injusto con el análisis, pero encuentro que las dudas están concentradas en dos materias: agua y aves. La Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) no resuelve los riesgos de inundación, el consumo de agua y la formación de nuevos cuerpos de agua en el terreno del Lago de Texcoco. Asimismo, la MIA carece de un buen inventario de la fauna aviar, una estrategia de conservación y no mitiga los riesgos que ésta representa para la navegación aérea.

Después de leerla me hago la pregunta ¿Las carencias de la MIA son salvables con estudios y estrategias más profundas? Es decir, si resuelve los cuestionamientos del biólogo ¿tendremos un mejor aeropuerto en términos ambientales? Por lo menos encuentro que los temas ambientales quedan notoriamente acotados. De reemplazar el proyecto en el Lago de Texcoco por otro terreno más lejano también tendrá impactos tanto por la obra como por mayor consumo de combustible para llegar a la terminal.

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Traslado la reflexión al proyecto del Tren Maya. ¿Podríamos resumir las preocupaciones ambientales a dos materias principales, como en el caso del NAIM? Es bastante predecible que en los ecosistemas del sureste mexicano encontraremos mayor biodiversidad y retos en más materias.

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Si bien el presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha manifestado que el tren no talará un solo árbol, esto es imposible, y si estamos hablando de un tren de 1,500 kilómetros podemos pensar en la tala de decenas de miles de árboles, salvo que el proyecto vaya en un viaducto por encima de las carreteras existentes, lo que lo encarecería notoriamente.

El costo actual alcanzaría los 150,000 millones de pesos, lo que significa 100 millones de pesos por kilómetro, o sea, 5 millones de dólares. El tren México-Toluca está costando 52,000 millones para 58 kilómetros, unos 900 millones de pesos por kilómetro o 45 millones de dólares. Sé que al ser un tren de cercanías requiere mayor inversión en el material rodante (trenes) por la frecuencia de paso, así como por los viaductos y túneles; no obstante, es muy probable que el precio actual del Tren Maya esté sumamente castigado aún a ras de suelo.

En la medida que el proyecto del Tren Maya corra contiguo a las carreteras existentes o comparta con éstas el derecho de vía, los impactos serán menores. Esto no siempre es posible porque un tren ocupa más terreno en las curvas que las carreteras.

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Si el tren, por ejemplo, aspira a generar una conexión directa a Calakmul, hoy conectada con la carretera más cercana por una angosta terracería de 60 kilómetros, entonces el impacto se volverá brutal. Adiós jaguar y otras especies que tienen en la Reserva de la Biosfera de Calakmul su santuario. Confío en la sensatez y esto no ocurrirá.

¿Qué podríamos decir del suelo de la Península de Yucatán? Es un suelo frágil, roca caliza, una especie de Queso Gruyer con agua. La obra no será sencilla, puede favorecer la erosión. Mitigar estos impactos se suma a los retos del proyecto.

Agregaría, en el caso del Tren Maya, el reto ambiental es la preservación de ecosistemas, reservas naturales, una gran diversidad de fauna, el suelo. Los retos ambientales son enormes, no se comparan con los del Nuevo Aeropuerto. La selección cuidadosa de la ruta para los tramos nuevos puede ayudar muchísimo, la rehabilitación de tramos existentes de vía limitará los impactos, pero sin duda tendrá muchos que exigirán su mitigación ambiental en los 1500 kilómetros.

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¿Qué es lo que más puede ayudar a mitigar los impactos del Tren Maya? No hay que tener preocupación por el tiempo de ejecución. Si nos gana la posición voluntarista de terminar la obra antes de 2024, los impactos serán mayores. A diferencia del NAIM, este proyecto no apremia, las carreteras de la región no están saturadas. Si el Gobierno Federal planea este proyecto con calma será mucho mejor, tanto en lo ambiental como en otras materias.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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