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OPINIÓN: La apuesta por un mercado de marihuana

Hoy la marihuana tiene un menor peso para organizaciones criminales porque otras sustancias con tasas de rentabilidad más altas son los focos de atención para exportar, opina Luis Mauricio Torres.
jue 22 noviembre 2018 09:00 AM

Nota del editor: Luis Mauricio Torres Alcocer ( @M auAlcocer ) es Investigador del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Síguelos en su página y redes sociales: Twitter y Facebook . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(Expansión) – La reciente iniciativa de ley presentada por Morena para sacar a la marihuana de las sombras de la ilegalidad es un paso en la dirección correcta. El documento expone la idea de modelo regulatorio que buscaría implementar (al menos una parte) el nuevo gobierno. Con una mayoría en el legislativo, Morena podría posicionar este tema y sacarlo adelante con relativa facilidad. Esperemos que las fuerzas más conservadoras de la política mexicana no frenen la iniciativa. Para su discusión, y en su caso implementación, es necesario comenzar a pensar en algunos temas relacionados con la propuesta.

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Las razones para apoyar el documento presentado por Ricardo Monreal y Olga Sánchez Cordero se pueden encapsular en varios ejes, desde la óptica de la libertad individual hasta su papel en una nueva visión de la política de drogas como un problema de salud pública. Sin embargo, las posibles nuevas reglas del juego para el mercado de cannabis en México generan más curiosidad sobre sus efectos que certidumbre como solución a problemas.

Uno de los problemas que tal vez no se resuelvan con la legalización de la marihuana para uso medicinal y recreativo es el de seguridad. La evidencia de una reducción en la violencia en lugares donde se ha transitado de un modelo de prohibición a uno regulado no es clara.

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Es cierto que México es un caso distinto a jurisdicciones estatales en Estados Unidos, por lo que las complejidades de la fortaleza institucional, la presencia de grupos criminales, un mercado informal e ilegal de productos, además de la capacidad de monitoreo y aplicación de los reguladores se harán presentes. Después de todo, en el tema de drogas y regulación es difícil anticipar los efectos antes de echar a andar los experimentos regulatorios.

Seguramente la violencia no se verá reducida con estas nuevas medidas, tal como se plantean. Hoy la marihuana tiene un menor peso para las organizaciones criminales en México porque otras sustancias con tasas de rentabilidad más altas son los focos de atención para exportar. Además, estos grupos han diversificado sus actividades más allá del tráfico de drogas y la demanda en México es relativamente pequeña.

Dicho esto, se debe poner atención a la dinámica que sigan los mercados locales de drogas y el efecto en el comportamiento de vendedores al menudeo en zonas focalizadas, por ejemplo. Otro tema a observar será la manera en que cambian las estrategias de combate a grupos delictivos bajo un nuevo esquema donde se dedican menos recursos a perseguir a delincuentes menores por posesión.

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Asimismo, no debe darse por hecho que el mercado ilegal va a desaparecer o que no surgirán otros informales. Adicionalmente, hay que considerar el tema de competencia en un negocio en donde los jugadores actuales tienen un poder de mercado enorme, redes de corrupción en gobiernos locales y mecanismos ilegales, como la violencia, para competir deslealmente. Todo ello sumado a la posible ventaja para competir con los establecimientos regulados en precio, tal vez calidad y, sin duda, diversidad de sustancias.

En otro sentido, la iniciativa es una apuesta por un modelo donde el rol del Estado en la cadena de producción es virtualmente nulo. Para el Gobierno, una alternativa útil sería contar con mecanismos para controlar el precio de la droga en el nuevo mercado: cuotas de producción, monopolios estatales en alguna parte de la cadena de valor o regulación directa del precio final. Estas medidas serían menos promercado pero más cautelosas con el objetivo de medir la evolución del comportamiento de consumidores, productores y grupos criminales desplazados del mercado.

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En algún momento, el Gobierno podría hacer uso de estos instrumentos regulatorios para llevar el precio de la marihuana suficientemente abajo para definitivamente desincentivar mercados informales en un periodo de transición hacia un mercado más competido y libre. La visión actual de la iniciativa es que estos movimientos no serán necesarios.

También es una apuesta no anticipar la necesidad de echar reversa a algunas modalidades de la regulación. Iniciar de lleno con un modelo tan abierto puede muy rápidamente generar grupos de interés alrededor del mercado regulado, los cuales podrían convertirse en frenos para futuras reformas en caso de requerir modificaciones importantes al nuevo modelo.

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Esta propuesta de ley para regular el mercado de marihuana tiene mucha personalidad: una visión comercial fuerte y promercado. A pesar de los riesgos de iniciar la regulación de esta droga bajo estos parámetros, parece una buena apuesta. Los mecanismos legales de producción y venta abren la puerta a las fuerzas de consumidores y productores para aprender rápidamente sobre el nuevo mercado.

También ofrece flexibilidad para adaptarse comercialmente, e incluso insertarse mucho más fácilmente a cadenas globales de producción y distribución, al menos, en América del Norte. Hay que seguir el debate y poner atención a las posibles modificaciones a la ley que se hagan con el objetivo de diluir sus riesgos.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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