Este crecimiento es innegable. Según Oxfam Internacional, en 2024 el número de milmillonarios ascendió a 2,769, frente a los 2,565 del año anterior. Su riqueza conjunta pasó de 13 a 15 billones de dólares en tan solo un año, marcando el segundo mayor incremento registrado desde que existen mediciones.
Un análisis indica que este auge impulsa una forma distinta de tomar decisiones: más audaz, más digital y, sobre todo, más intrépida. Un cambio estructural que redefine la gestión de la riqueza a escala global. Millennials y Generación Z están listos para asumir el control del capital. A diferencia de generaciones previas, no temen al riesgo: invierten en criptomonedas, fondos sostenibles, tecnologías emergentes y mercados de capital de riesgo. En los próximos 20 años, más de 83.5 billones de dólares cambiarán de manos. Pero este traspaso no es solo financiero: también es cultural y tecnológico.
El contraste en América Latina es evidente. México y Brasil lideran el Producto Interno Bruto regional, pero en términos de riqueza per cápita están por debajo de economías más pequeñas como Puerto Rico y Bahamas, que superan los 35,000 dólares por persona, conforme a Statista. Paralelamente, la población de individuos con alto patrimonio (HNWI) cayó un 8.5% en la región, con retrocesos marcados en Brasil (-13.3%) y México (-13.5%), como revela la encuesta. Entre las causas se encuentran: inestabilidad fiscal, depreciación monetaria y una oferta financiera que no evoluciona al ritmo de las nuevas expectativas del inversionista.
Un dato aún más revelador es que el 81% de los herederos planea cambiar de firma de gestión de patrimonio en los próximos dos años, lo cual está en relación no solo con el dinero, sino también con la relevancia de las instituciones financieras.
Además, la lealtad dejó de ser un legado familiar: ahora se construye en tiempo real, con tecnología, personalización y valores compartidos.
Hoy, la gestión patrimonial va más allá del rendimiento. Los inversionistas demandan experiencias digitales integrales, productos diferenciados y una narrativa de inversión que conecte con su visión del mundo. Para esta nueva generación, el dinero solo tiene sentido si genera impacto.
Aunque Estados Unidos sigue siendo el epicentro de la creación de riqueza, los flujos de inversión se están descentralizando. La lealtad, como la riqueza, se redistribuye. Y eso exige repensar a fondo el modelo patrimonial tradicional.