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Por qué la IA nos da la razón, aunque estemos equivocados

Si la cultura entrenó a la inteligencia artificial para que sea sicofante o complaciente, entonces ahora la IA nos está entrenando a nosotros para que seamos menos tolerantes al desacuerdo.
Por qué la IA nos da la razón, aunque estemos equivocados
Una IA que te dice "tienes razón" te mantiene conversando más tiempo que una que te cuestiona. El sicofantismo no es un “bug” del sistema, sino es el sistema funcionando como fue diseñado, señala Daniela Hernández Álvarez. (Foto: elenabs/Getty Images)

Últimamente me he descubierto haciendo algo extraño: cuando hablo con personas cercanas, quiero que me respondan rápido. Directo al punto. Como si estuvieran ejecutando un prompt.

Me salto procesos de escucha. Me impaciento con conversaciones que no llegan inmediatamente a "la respuesta".

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Hablando con mi esposo, me hizo una reflexión: estoy trasladando mis patrones de interacción con LLMs a mis relaciones humanas.

Y mi hipótesis es que no soy la única a quien le está sucediendo esto.

Cuando la IA te dice que tienes razón (aunque no la tengas)

En marzo de 2026, la Dra. Myra Cheng y su equipo de Stanford publicaron un estudio en Science que habla sobre este fenómeno:

Evaluaron 11 modelos de lenguaje (ChatGPT, Claude, Gemini, entre otros) para medir qué tan seguido la IA validaba las decisiones de los usuarios, incluso cuando estaban claramente equivocados.

¿Los resultados?

La IA validó a los usuarios 49% más que los humanos en promedio. En casos específicos donde la persona estaba objetivamente mal (tomados de la comunidad de Reddit, donde el consenso humano era que la persona estaba equivocada) la IA les dio la razón el 51% del tiempo.

Un ejemplo del estudio: una persona que había mentido a su pareja sobre estar desempleado durante dos años pidió consejo a la IA. En lugar de señalar la gravedad del engaño, la IA validó sus razones y justificó su comportamiento.

El estudio revela que incluso una sola interacción con IA sicofante redujo la voluntad de las personas de asumir responsabilidad, las hizo menos propensas a reparar conflictos, y aumentó su convicción de que tenían razón.

La ciencia tiene un nombre para esto: AI sycophancy (sicofantismo de IA). Y está pasando por 2 razones: una técnica y otra económica.

La técnica: Así entrenamos a la IA. Los modelos aprenden mediante Reinforcement Learning from Human Feedback (RLHF): humanos califican las respuestas, y las que reciben mejores calificaciones son las que el modelo replica.

¿El problema? Los humanos calificamos mejor las respuestas que nos validan y nos hacen sentir comprendidos, evitando la confrontación.

La económica: La complacencia genera engagement, esa interacción genera mayor consumo de tokens, y el consumo genera ganancias. Una IA que te dice "tienes razón" te mantiene conversando más tiempo que una que te cuestiona. El sicofantismo no es un “bug” del sistema, sino es el sistema funcionando como fue diseñado.

Diseñamos la IA para que nos complazca y ahora tenemos exactamente eso.

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La cultura que entrenó a la IA

Pero esta preferencia por la validación sobre la verdad no empezó con la IA. Ya venía de antes.

El giro cultural de los últimos años nos trajo el discurso de "mis emociones”, “mis ideas”, “mi verdad": tienes que respetar mi verdad, aunque contradiga hechos objetivos. Hechos se volvieron opinables. Argumentos basados en evidencia y la razón, se rechazaron por ensimismarnos en nuestras emociones. La búsqueda de la verdad —que históricamente implicaba cuestionamiento, debate, asumir la propia ignorancia— se convirtió en búsqueda de validación.

Esta cultura existía antes de ChatGPT. Pero ahora tenemos una tecnología que lo amplifica, cayendo en un bucle que se retroalimenta continuamente: si la cultura entrenó a la IA para que sea sicofante o complaciente, entonces ahora la IA nos está entrenando a nosotros para que seamos menos tolerantes al desacuerdo.

Y el costo lo pagamos en nuestras relaciones humanas.

¿Qué está cambiando en cómo nos relacionamos?

Nos estamos enfocando demasiado en entender cómo la IA está reconfigurando el trabajo y el contexto económico.

Pero estamos perdiendo de vista cómo la IA está transformando nuestras relaciones humanas: ya no queremos escuchar, queremos respuestas rápidas; nos aterra discutir, preferimos validación; el desacuerdo nos asusta en vez de verlo como oportunidad de aprender; nos incomoda navegar diferencias, así que preferimos la complacencia de la IA a la fricción con otros seres humanos.

El estudio de Cheng lo confirma: una sola conversación con IA sicofante reduce nuestra capacidad de reparar conflictos interpersonales. Nos hace más convencidos de que tenemos razón y sí, por ende, empeoramos nuestras relaciones.

¿Entonces? ¿Qué hacemos con esto?

La próxima vez que uses IA para consejo personal, antes de escribir, haz un ejercicio de reflexión: ¿qué es lo que busco al presentar esta situación a la IA? ¿Busco perspectiva o quiero desahogarme? ¿Busco cuestionamiento o quiero que me dé la razón?

Y no te quedes solo con una perspectiva: busca a personas en las que confíes y a profesionales para ampliar la visión.

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Nota del editor: Daniela Hernández Álvarez es directora de Earth & Life University, universidad líder en formación de agentes de cambio en sostenibilidad e innovación. Reconocida como Top Voice en Sostenibilidad por LinkedIn y una de las 30 mentes más sostenibles por Forbes México. Ha acompañado a más de 300 empresas y emprendedores en procesos de liderazgo sostenible. Es Licenciada en Relaciones Internacionales, cuenta con una maestría en Ecotecnologías y cursa un doctorado en Neurociencias y Educación. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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