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Abelardo de la Espriella cambia la paz total de Petro por una política de mano dura en Colombia

El político derechista propone una confrontación frontal con los grupos criminales, en un momento en el que la extorsión crece.
El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, pronuncia un discurso durante la Cumbre de Seguridad Urbana a la que se acompañan los alcaldes regionales en Barranquilla, Colombia, el 4 de agosto de 2026.
De la Espriella prometió combatir duramente al narcotráfico con bombardeos, la erradicación de narcoculvitos con herbicidas y la presencia de bases militares estadounidenses en territorio colombiano. (FOTO: VANEXA ROMERO/AFP)

El derechista Abelardo de la Espriella tomará posesión de la presidencia de Colombia el viernes 7 de agosto, con un cambio total de perspectiva en el combate al crimen. A diferencia de su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, el próximo mandatario, dice "no vamos a hablar de paz, sino de seguridad", de acuerdo con especialistas .

La posesión presidencial tiene lugar tradicionalmente frente a la sede del Congreso en Bogotá, pero De la Espriella solicitó trasladar la ceremonia a Cali, en el suroeste del país, una región golpeada por los choques entre bandas narcotraficantes y guerrillas.

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Su investidura contará con uno de los mayores despliegues de seguridad previstos para esta ceremonia, con un dispositivo de unos 11,000 soldados y policías que realizarán operaciones terrestres, aéreas y marítimas.

Crecimiento de la extorsión

La violencia armada ha empañado a Colombia en los últimos meses. De acuerdo con la organización Indepaz, desde enero de 2026 ocurrieron 78 masacres con 303 víctimas. Se trata de la cifra más alta para este periodo desde, por lo menos, 2016, el año en el que el gobierno colombiano alcanzó un acuerdo de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Por ejemplo, solo a días de la toma de posesión del nuevo presidente. Una bomba de la guerrilla del ELN explotó el sábado junto a una estación policial y dejó 14 heridos en el noroeste de Colombia, cerca de la frontera con Venezuela.

De acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Justicia y del Derecho, la tasa de homicidios creció en los últimos dos años, aunque de manera marginal. Pasó de 21.1 homicidios por cada 100,000 personas en 2024 a 25.4 en 2024 y 25.9 en 2025.

Sin embargo, otros delitos han mostrado un crecimiento más pronunciado. La tasa de extorsión pasó de 19 denuncias por cada 100,000 habitantes en 2022, el primer año de la administración Petro, a 26.2 en 2024. Pero hubo una disminución de denuncias en 2025, cuando la tasa fue de 23 casos por cada 100,000 habitantes, muestran datos de la Corporación Excelencia en la Justicia (CEJ).

La extorsión es el delito que muestra más la manera en la que se modificó el crimen en Colombia durante el gobierno de Petro y la negociación de la paz total.

De acuerdo con Glaeldys González, analista del Crisis Group para los Andes del Sur, el crecimiento de la violencia va de la mano con una fragmentación de los grupos armados y criminales en Colombia. Estos grupos buscan consolidar su control territorial, por lo que la extorsión sirve como una herramienta para lograrlo.

En esto coincide Luis Felipe Vega, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana y experto en Estado, conflicto y paz.

“El tema fundamental es el control del territorio, el control del narcotráfico, el control de la minería ilegal”, explica Vega en entrevista con Expansión, quien señala que los grupos de la delincuencia ejercen el poder en los territorios a través de intimidación a la población y alianzas con los gobiernos locales.

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Una nueva relación con Estados Unidos

En un nuevo gobierno significará un giro político en Colombia tras cuatro años en los que la izquierda en el poder intentó sin éxito negociar la paz con los grupos armados y promovió un cambio de paradigma en la lucha contra el narcotráfico, contrario a las políticas de Trump.

Sin embargo, la llegada de De la Espriella al poder significa que Colombia, el principal productor de cocaína del mundo, volverá a estar gobernado por un aliado de Estados Unidos.

El político, apodado como “El Tigre”, ganó las elecciones de julio con la promesa de bombardear, con el apoyo de Estados Unidos e Israel, a las organizaciones ilegales que operan en todo el país.

Con Petro, las relaciones con Washington se tensaron y Colombia fue marginada de la alianza anticrimen "Escudo de las Américas", integrada por países americanos y liderada por Trump.

De la Espriella, ciudadano colombiano y estadounidense que se identifica como "republicano", busca incorporar al país a esa alianza, y prometió combatir duramente al narcotráfico con bombardeos, la erradicación de narcoculvitos con herbicidas y la presencia de bases militares estadounidenses en territorio colombiano.

Bautizó su iniciativa como "Plan Colombia II", en referencia a la millonaria cooperación de Washington con Bogotá a principios de siglo que acorraló a las guerrillas.

"No habrá zonas vedadas para el Estado, no habrá criminales impunes e intocables. No habrá organizaciones por encima de la Constitución y la ley", les advirtió el domingo en su primer discurso como mandatario electo.

Para González, esta política tiene serias limitaciones, pues diferencia del primer plan Colombia, los grupos criminales están más fragmentados e integrados con las comunidades, por lo que un combate frontal será más complicado sin tener víctimas civiles.

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Además, a diferencia de hace 20 años, las Fuerzas Armadas ya no tienen el control del espacio aéreo, señala la analista del Crisis Group, quien recuerda que los grupos armados y criminales ahora cuentan con tecnología, como drones, que dificultarán las labores.

Sin embargo, Vega tiene una visión más optimista, pues cree que el mayor presupuesto al ejército, así como la mayor cooperación con agencias de seguridad estadounidenses y de inteligencia israelí, permitirán un combate más afectivo del crimen organizado.

Los acuerdos de paz en riesgo

El desarme de este centenar de guerrilleros fue el mayor avance de la "paz total" de Petro, la política con la que intentó sin éxito negociar con todos los grupos armados.

En Colombia, estos acuerdos suelen despertar desconfianza en las guerrillas luego de que más de 480 firmantes de paz fueran asesinados en la última década, según la Defensoría del Pueblo.

Tras el histórico pacto de 2016 que desarmó al grueso de las marxistas FARC, algunos de sus comandantes retomaron las armas alegando supuestos incumplimientos del Estado y desataron una nueva violencia.

Pero muchos exguerrilleros temen que con el nuevo gobierno, las cosas cambien.

González recuerda que De la Espriella ha sido muy crítico de los Acuerdos de Paz desde hace mucho tiempo, pues reprocha que no se respetó el resultado del plebiscito de 2016, en el que la mayoría de los colombianos rechazaron su implementación.

“De la Espriella ha sido especialmente crítico con la Jurisdicción Especial para la Paz”, el tribunal de justicia transicional encargado de investigar, juzgar y sancionar los crímenes más graves del conflicto armado ocurridos antes del 1 de diciembre de 2016, dice la analista.

El Tigre ha dicho que planea desmontar este tribunal. En un discurso, el próximo mandatario dio de plazo hasta el viernes a los miembros de las mafias para que se sometan a la justicia ordinaria. De lo contrario, les esperan dos caminos: "Muerte o cárcel”.

Sin embargo, el presidente electo ha mostrado su disposición a acatar las normas constitucionales que ordenan la implementación de los acuerdos hasta por lo menos 2030, por lo que Vega y González no temen por un abandono total de la agenda.

Para la analista del Crisis Group, el nuevo presidente colombiano debería acelerar la implementación de los acuerdos de paz, ya que estos son la hoja de ruta más completa para combatir las causas estructurales de la violencia que arrastra a Colombia desde hace más de 60 años.

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