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La IA y sus riesgos ya entraron a tu empresa (y nadie te avisó)

Casi la mitad de los empleados en el mundo admite usar inteligencia artificial en formas que violan las políticas de su empresa, incluyendo subir información sensible a herramientas públicas gratuitas.
ia en empresas
La lección es contundente: prohibir no funciona. La gente la usa igual, solo que desde su celular y sin que nadie vea qué información está saliendo. (Foto: iStock. )

En este momento, en alguna oficina de tu empresa, alguien está pegando información confidencial en ChatGPT o Claude. No es un hacker ni un empleado enojado: es tu mejor analista tratando de sacar el trabajo más rápido. Lo hace con la mejor intención y sin pedir permiso a nadie.

Y no es la excepción, es la regla. Casi la mitad de los empleados en el mundo admite usar inteligencia artificial en formas que violan las políticas de su empresa, incluyendo subir información sensible a herramientas públicas gratuitas, y el 57% oculta que la usa y presenta el resultado como trabajo propio (KPMG y Universidad de Melbourne, estudio global con 48,000 encuestados en 47 países, 2025).

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A Samsung le tocó aprenderlo a la mala. En 2023 permitió a sus ingenieros usar ChatGPT y, en cuestión de semanas, ya habían filtrado código confidencial de semiconductores en repetidas ocasiones (Bloomberg, 2023). La empresa prohibió todo. ¿Final de la historia? No: tres años después, la misma empresa acaba de desplegar la versión empresarial de esa herramienta, ahora con controles corporativos y observabilidad, para todos sus empleados en Corea del Sur y su división global de dispositivos (OpenAI, 2026).

La lección es contundente: prohibir no funciona. La gente la usa igual, solo que desde su celular y sin que nadie vea qué información está saliendo.

A este fenómeno se le conoce como shadow AI: inteligencia artificial que los colaboradores usan sin reglas, sin política y sin visibilidad. Y dejó de ser un tema teórico para convertirse en un tema de dinero. Las brechas de seguridad en organizaciones con alto uso de IA no autorizada costaron en promedio $670,000 dólares más que las demás (IBM, Cost of a Data Breach Report 2025).

El 63% de las empresas no cuenta con una política de gobernanza de IA y, de las que ya sufrieron un incidente relacionado con IA, el 97% carecía de controles de acceso (IBM, 2025). Los propios CEOs ya cambiaron de preocupación: la fuga de datos por IA generativa es hoy su principal inquietud en la materia, por encima de los ataques sofisticados (WEF, Global Cybersecurity Outlook 2026).

Esto es solo la mitad del problema. La otra mitad es que los atacantes también adoptaron inteligencia artificial, y la operan mejor. Los deepfakes que le costaron 25.6 millones de dólares a la firma de ingeniería Arup ya ni siquiera sorprenden (CNN, 2024). Lo que sí debería quitarnos el sueño es la velocidad: la ventana entre que se descubre una vulnerabilidad y alguien la explota pasó de casi cinco días a entre 24 y 48 horas (FortiGuard Labs, 2026).

Las víctimas confirmadas de ransomware casi se quintuplicaron a nivel global en solo un año, y México es el segundo país más atacado de América Latina (Fortinet, 2025). ¿Y del lado de la defensa? Las organizaciones tardan en promedio 241 días en identificar y contener una brecha (IBM, 2025). El atacante corre en horas; nosotros respondemos en meses. Esa asimetría de velocidad es, desde mi perspectiva, el riesgo empresarial más subestimado de la década.

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Luego viene la pregunta que casi nadie hace en los consejos: si mañana nos toca, ¿quién paga? El costo promedio global de una brecha alcanza los 4.44 millones de dólares (IBM, 2025). Para una empresa mediana mexicana, eso equivale a la caja de varios meses o, de plano, al negocio completo.

Y no es paranoia aislada: nueve de cada diez directivos de primer nivel en el mundo reconocen que su empresa no está adecuadamente protegida (Munich Re, Global Cyber Risk and Insurance Survey 2026). Aquí el dato que más me impresiona: del riesgo cibernético mundial está cubierto menos del 5%, y algunos cálculos lo ubican en apenas 1% (Munich Re, 2025). En resumen: por cada mil dólares de daño esperado, existe un dólar de protección. Los otros 999 los absorbe el negocio. O no los absorbe.

¿Entonces qué hacemos? Tres cosas que no requieren un área nueva dentro de tu empresa. Primero, reglas claras y simples: definir qué datos sí pueden entrar a una herramienta de IA y cuáles jamás; si la regla no cabe en una página, nadie la va a seguir. Segundo, visibilidad: saber qué herramientas usa tu gente en el día a día, porque no se puede administrar lo que no se ve. Tercero, un plan financiero para el día del golpe: calcular de antemano cuánto costaría detener operaciones una semana y de dónde saldría ese dinero, porque improvisar liquidez en plena crisis sale carísimo.

La IA no es el enemigo; el descontrol sí. La conversación en muchos consejos mexicanos sigue girando en torno a si adoptamos inteligencia artificial, cuando la verdadera pregunta es otra: ya la adoptó tu gente, sin avisarte. Lo que falta decidir es si la empresa se entera antes o después del golpe. Y, sobre todo, cuántos días aguanta después de recibirlo.

Nota del editor: Toño Arellano Ibáñez es co-fundador y co-CEO de Delta Protect. Síguelo en Li como https://www.linkedin.com/in/jose-antonio-arellano-ibanez/ Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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