Publicidad
Revista Digital
Publicidad

México frente al boom del juego digital: un mercado que crece más rápido que sus reglas

El crecimiento de las apuestas por internet puede generar inversión, tecnología y empleos, pero México necesita actualizar su marco regulatorio para capturar ese valor.
Apuesta por el móvil
El juego en línea ha trasladado una parte creciente de la actividad de los casinos y las casas de apuestas hacia los teléfonos móviles, ampliando la cadena de valor hacia pagos, tecnología, datos y ciberseguridad. (LeoPatrizi/Getty Images)

En México seguimos hablando de los juegos de azar como si el negocio ocurriera únicamente detrás de las puertas de un casino, y esa realidad tiene tiempo que cambió. Una parte creciente de la industria se ha trasladado al teléfono y hoy se cruza con el deporte, los medios de pago, la publicidad, los datos, el entretenimiento y el desarrollo de software. El cambio importa porque el mercado evoluciona a una velocidad que las reglas diseñadas para regularlo no siempre han podido seguir.

México debe entrar de lleno en esa discusión.

Del 1 al 3 de septiembre, la Ciudad de México recibirá la primera edición en Norteamérica de SiGMA, una conferencia B2B dedicada al iGaming y la tecnología. La llegada del encuentro es una buena excusa para mirar un mercado que está adquiriendo una escala difícil de ignorar y, sobre todo, para hacerse una pregunta más interesante: ¿qué tendría que hacer México para transformar ese crecimiento en inversión, empleo, proveedores locales y una industria mejor regulada?

Publicidad

Las estimaciones presentadas para la conferencia calculan que los ingresos del juego en línea en México podrían pasar de unos 970 millones de dólares en 2025 a cerca de 2,000 millones en 2030. Detrás de esa expansión hay condiciones bastante concretas: una población de más de 129 millones de personas, penetración de internet superior al 80% y un consumidor que ya compra, paga y se entretiene desde una pantalla.

El teléfono móvil cambió la escala del negocio, la distribución deja de depender de una ubicación física de un casino o una tienda de maquinitas, además, la competencia por la experiencia comienza a jugarse con relevancia en otros terrenos: experiencia de usuario, medios de pago, contenido, seguridad, regulación y capacidad tecnológica.

También, el mercado del juego ensancha la cadena de valor. Alrededor de una plataforma de juego pueden convivir desarrolladores de software, proveedores de pagos, empresas de ciberseguridad, analítica de datos, identidad digital, publicidad, productores de contenido y servicios financieros. Los eSports agregan otra vertiente a una industria del entretenimiento cuyas fronteras son cada vez menos claras.

Ahí está una parte de la oportunidad que merece mayor atención. La pregunta para México no debería limitarse a cuánto puede crecer el juego en línea, sino a cuánto valor puede quedarse en el país alrededor de ese crecimiento.

La propia celebración de SiGMA permite ponerle algunas cifras a esa idea. El estudio de impacto económico preparado para el encuentro parte de una asistencia de alrededor de 4,000 delegados en 2026 y estima un gasto directo cercano a 220 millones de pesos entre hotelería, alimentos y bebidas, transporte, entretenimiento, renta del recinto y servicios relacionados con la producción.

Solo en hospedaje se calculan aproximadamente 12,600 noches de hotel y un gasto cercano a 90 millones de pesos. Si el encuentro mantiene una trayectoria ascendente, el análisis sitúa su impacto directo anual entre 315 y 390 millones de pesos hacia 2030. Las proyecciones y análisis previos ilustran algo que suele perderse cuando hablamos de sectores digitales: sus efectos no terminan en la pantalla.

Por ejemplo, una conferencia tecnológica llena habitaciones, restaurantes y espacios de reuniones, contrata personas, compra servicios, mueve transporte y genera negocio para proveedores locales. Para la Ciudad de México, además, alimenta un segmento en el que existe una competencia creciente entre ciudades: el turismo de reuniones y negocios. Pero el gasto que puedan realizar algunos miles de visitantes durante tres días no es la historia principal. La cuestión relevante comienza cuando termina la conferencia.

Publicidad

México continúa operando con una Ley Federal de Juegos y Sorteos cuyo origen se remonta a 1947 y un reglamento expedido décadas después. La edad de una norma, por sí misma, no la vuelve inservible. El problema aparece cuando la actividad que debe ordenar cambia de naturaleza.

Una plataforma digital puede atender consumidores mexicanos, procesar pagos electrónicos, utilizar proveedores tecnológicos ubicados en distintas jurisdicciones y ofrecer productos que difícilmente podían imaginarse cuando se diseñó el marco original. Esa distancia entre mercado y regulación acaba produciendo incertidumbre para empresas, autoridades y consumidores.

Aquí México enfrenta una decisión que no es exclusiva del mercado del juego, ya lo hemos visto con fintech, plataformas digitales y otros sectores que avanzan más rápido que la capacidad regulatoria tradicional: cómo establecer reglas que protejan al consumidor y den capacidad de supervisión al Estado sin cerrar espacios a la inversión y a la innovación. En el caso del iGaming, el equilibrio es especialmente delicado. El juego tiene riesgos sociales específicos y necesita controles propios. Por ejemplo, mientras mayor sea su penetración digital, más importantes se vuelven la protección al usuario, la seguridad, la transparencia y la capacidad de distinguir entre operadores que cumplen las reglas y quienes funcionan fuera de ellas.

La certidumbre también tiene una dimensión económica. Para una empresa internacional que decide dónde invertir, el tamaño del mercado es apenas una parte de la ecuación. Pesan igualmente el régimen fiscal, la claridad de los permisos, la seguridad jurídica, la facilidad para operar con socios locales, la infraestructura de pagos y, sobre todo, la posibilidad de anticipar las reglas bajo las cuales tendrá que competir. México tiene algo que muchos mercados de la región no pueden replicar fácilmente: escala y geografía al mismo tiempo.

Puede ser un mercado atractivo por sí mismo y, a la vez, funcionar como punto de conexión entre Norteamérica y América Latina. Esa posición ayuda a explicar por qué un encuentro como SiGMA decide establecer aquí su primera edición norteamericana, pero también abre una conversación mucho mayor sobre qué papel quiere jugar el país en las industrias digitales que están surgiendo alrededor del entretenimiento.

Atraer una conferencia es relativamente sencillo frente al siguiente paso: conseguir que alrededor de esos mercados se desarrollen empresas, proveedores, tecnología, talento y capital que permanezcan en México. Ese es, a mi juicio, el verdadero punto de interés.

Durante tres días de septiembre habrá inversionistas, operadores, proveedores tecnológicos y representantes del sector público reunidos en la Ciudad de México. Habrá contratos, reuniones, habitaciones ocupadas y consumo. Todo eso tiene valor y puede medirse. Lo verdaderamente importante será lo que ocurra después.

México ya tiene consumidores, conectividad y escala; también, cuenta con una industria de servicios suficientemente sofisticada para participar en una cadena de valor más amplia. Lo que necesita definir con mayor claridad son las reglas bajo las cuales quiere que crezca esta actividad y cuánto del valor que genera quiere capturar dentro del país. El mercado se está moviendo de cualquier manera. La diferencia estará en si México se limita a observar ese crecimiento o crea las condiciones para convertirlo en una industria más ordenada, con inversión, proveedores locales y competencia bajo reglas claras.

Publicidad

Tags

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad