A primera vista, este asunto parecería ser completamente privado. Sin embargo, el regreso a clases tiene implicaciones para las empresas, porque buena parte de su personal tiene responsabilidades familiares.
Alrededor de la mitad de los trabajadores son padres y siete de cada 10 trabajadoras son madres, según cálculos con datos del Inegi. Esto sugiere que la mayoría de las personas colaboradoras están como yo y mi marido: preocupados por el gasto adicional y por encontrar los arreglos necesarios que nos permitan seguir generando.
El inicio del ciclo escolar implica reacomodar una red de cuidados que permite que millones de madres y padres puedan trabajar. En esta red se incluyen a las escuelas, como señaló de forma burlona hace unos meses el secretario Mario Delgado , puesto que son parte de la infraestructura social que libera tiempo para las personas cuidadoras.
El problema es que existe un desfase entre los horarios que ofrecen las escuelas y centros de atención infantil y lo que necesitan madres y padres que trabajan en empleos con jornadas generalmente rígidas.
En los casos más extremos, una persona decide abandonar su empleo o buscar otra opción para atender las necesidades de su familia. En un país como México donde las mujeres dedican más del doble de horas que los hombres al trabajo de cuidado generalmente son ellas quienes absorben estos ajustes.
No siempre el desenlace es tan drástico. Muchas veces se conserva el trabajo y simplemente se sobrevive a unas semanas particularmente complicadas mientras se acomodan los nuevos horarios y necesidades. Esto puede reducir el rendimiento laboral, aunque sea por un tiempo.
Además, el regreso a clases trae consigo una presión financiera considerable. Uniformes, útiles, colegiaturas, transporte y actividades representan gastos adicionales que también pueden convertirse en una fuente de estrés para las personas trabajadoras.
Ante este panorama, ¿qué pueden hacer las empresas?
¡ Muchas cosas y no necesariamente con un alto presupuesto! Las acciones pueden ir desde informar mejor hasta ofrecer ciertas consideraciones y, sobre todo, escuchar a su personal.
Por ejemplo, una opción es aprovechar la coyuntura para recordar a las personas colaboradoras los beneficios que ya tienen disponibles y que podrían aliviar algunas de estas presiones. Otra, es tener consideraciones a la hora de evaluar el desempeño durante esta época. Asimismo, es un buen momento para abrir canales de comunicación con las personas colaboradoras para detectar ajustes que la organización podría realizar en el corto o mediano plazo y reducir fricciones innecesarias.
Las empresas no están para resolver los desafíos familiares de su personal. Sin embargo, si quieren ofrecer condiciones de trabajo más humanas y empáticas, pueden empezar por reconocer que detrás de una buena parte de las y los trabajadores existe una historia de cuidados.
En ese sentido, el regreso a clases ofrece una oportunidad para que las empresas revisen qué tan compatibles son sus condiciones laborales con la vida de las personas. Esto no es solo un gesto de empatía, sino también una forma de tener personas más enfocadas, comprometidas y capaces de permanecer en sus empleos.