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La ventana de exposición ya se abrió

¿Realmente necesitamos empezar a prepararnos para la criptografía post-cuántica o todavía podemos esperar? Esa conversación ya cambió.
La ventana cuántica ya se abrió
Los algoritmos criptográficos que hoy protegen gran parte de internet deberán comenzar a retirarse en 2030 y desaparecer completamente antes de 2035. No es una predicción. Es una hoja de ruta. (Just_Super/Getty Images)

Hay una conversación que he escuchado repetidamente en comités de tecnología y de seguridad. Cuando llega el momento de definir el presupuesto, inevitablemente aparece la misma pregunta: ¿realmente necesitamos empezar a prepararnos para la criptografía post-cuántica o todavía podemos esperar?

Durante mucho tiempo la respuesta parecía sencilla. Siempre había proyectos más urgentes, riesgos más visibles y amenazas más inmediatas. El tema cuántico terminaba al final de la lista porque la percepción general era que aún quedaban varios años antes de que representara un problema real.

Esa conversación ya cambió. No porque hoy exista una computadora cuántica capaz de romper los algoritmos criptográficos que utilizamos todos los días. Ese no es el punto. Lo verdaderamente preocupante es que la información que protegemos hoy seguirá teniendo valor cuando esa capacidad finalmente exista

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Ese es justamente el principio detrás de un concepto que cada vez escucharemos con más frecuencia: Harvest Now, Decrypt Later. La lógica es tan sencilla como inquietante. Un atacante puede capturar hoy información cifrada, almacenarla durante años y esperar el momento en que la tecnología le permita descifrarla.

La pregunta entonces deja de ser "¿cuándo llegará la computadora cuántica?" para convertirse en otra mucho más incómoda: ¿Qué información de mi organización seguirá siendo sensible dentro de 10 o 15 años?

En muchas industrias la respuesta es evidente: contratos, patentes, expedientes clínicos, registros financieros, evidencia digital, información estratégica. Todos ellos conservan valor mucho después de que termina el ejercicio fiscal.

Por eso considero que este ya no es un debate tecnológico. Es una conversación de negocio. Y no lo digo únicamente desde la experiencia. Hay dos referencias públicas que, cambian por completo la discusión.

La primera proviene del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST). En su documento IR 8547 establece un calendario muy claro: los algoritmos criptográficos que hoy protegen gran parte de internet deberán comenzar a retirarse en 2030 y desaparecer completamente antes de 2035. No es una predicción. Es una hoja de ruta.

La segunda referencia proviene del Global Risk Institute, cuyo reporte anual reúne a algunos de los principales especialistas en computación cuántica, entre ellos Michele Mosca. En su edición más reciente, la probabilidad de contar con una computadora capaz de comprometer la criptografía actual en los próximos diez años aumentó de 34% a 49%.

Más importante que el porcentaje es la velocidad con la que esa estimación está cambiando.

Cuando ambas referencias se leen en conjunto, el mensaje resulta difícil de ignorar: existe un calendario para migrar y la ventana para hacerlo comienza a cerrarse. Traducido al lenguaje del negocio, las implicaciones son inmediatas.

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En el sector financiero hay registros que deben conservarse durante años por obligación regulatoria. En salud, los expedientes clínicos permanecen protegidos durante largos periodos.

En manufactura, una patente puede representar décadas de ventaja competitiva. Y en el sector público, la evidencia digital debe preservar su integridad mucho tiempo después de haber sido generada.

El mayor error no sería esperar a que exista una computadora cuántica funcional. El verdadero error sería creer que la transición puede comenzar cuando ese momento llegue. Para entonces, buena parte de la información que hoy consideramos protegida podría haber sido copiada años atrás sin que nadie lo advirtiera.

La preparación tampoco consiste en reemplazar toda la infraestructura criptográfica de un día para otro. En realidad, comienza con preguntas mucho más estratégicas.

¿Qué información necesita mantenerse confidencial durante la próxima década?

¿Dónde se utiliza actualmente la criptografía dentro de la organización?

¿Qué proveedores ya cuentan con una estrategia de transición?

¿Existe visibilidad suficiente para planear esa migración?

Responder estas preguntas requiere la participación de tecnología y también de las áreas de negocio, riesgo, cumplimiento y dirección. Porque la criptografía post-cuántica dejó de ser únicamente un tema de ingeniería. Es una decisión que impactará la continuidad operativa, la protección de la información y la confianza digital de las organizaciones durante los próximos años.

El plazo ya está definido. La comunidad científica sigue reduciendo la distancia entre la teoría y la realidad. La única decisión que permanece abierta es cuándo iniciar el camino. Y, como ocurre con la mayoría de los riesgos estratégicos, comenzar antes casi siempre resulta menos costoso que reaccionar cuando ya no queda margen de maniobra.

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Fernando Guarneros es Director de Operaciones en IQSEC.

Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Fernando Guarneros.

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