En el sector financiero hay registros que deben conservarse durante años por obligación regulatoria. En salud, los expedientes clínicos permanecen protegidos durante largos periodos.
En manufactura, una patente puede representar décadas de ventaja competitiva. Y en el sector público, la evidencia digital debe preservar su integridad mucho tiempo después de haber sido generada.
El mayor error no sería esperar a que exista una computadora cuántica funcional. El verdadero error sería creer que la transición puede comenzar cuando ese momento llegue. Para entonces, buena parte de la información que hoy consideramos protegida podría haber sido copiada años atrás sin que nadie lo advirtiera.
La preparación tampoco consiste en reemplazar toda la infraestructura criptográfica de un día para otro. En realidad, comienza con preguntas mucho más estratégicas.
¿Qué información necesita mantenerse confidencial durante la próxima década?
¿Dónde se utiliza actualmente la criptografía dentro de la organización?
¿Qué proveedores ya cuentan con una estrategia de transición?
¿Existe visibilidad suficiente para planear esa migración?
Responder estas preguntas requiere la participación de tecnología y también de las áreas de negocio, riesgo, cumplimiento y dirección. Porque la criptografía post-cuántica dejó de ser únicamente un tema de ingeniería. Es una decisión que impactará la continuidad operativa, la protección de la información y la confianza digital de las organizaciones durante los próximos años.
El plazo ya está definido. La comunidad científica sigue reduciendo la distancia entre la teoría y la realidad. La única decisión que permanece abierta es cuándo iniciar el camino. Y, como ocurre con la mayoría de los riesgos estratégicos, comenzar antes casi siempre resulta menos costoso que reaccionar cuando ya no queda margen de maniobra.
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Fernando Guarneros es Director de Operaciones en IQSEC.
Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Fernando Guarneros.