Ninguno lo hacía. Todos habían ocupado la atención del equipo durante esa semana, pero ninguno estaba relacionado con una decisión capaz de cambiar el rumbo del negocio.
Ese momento resume un problema frecuente en las organizaciones, cuando la urgencia ocupa la agenda, el liderazgo pierde espacio para ejercer una de sus funciones más importantes: decidir qué merece atención.
Reaccionar, la nueva forma de trabajar
La urgencia debería fungir como una señal. Algo ocurre, requiere atención inmediata y desplaza temporalmente otras prioridades. El problema aparece cuando esa excepción se vuelve regla.
Entonces, la agenda deja de responder a una estrategia y empieza a reaccionar a estímulos. Un correo, una llamada, una queja o un pendiente que lleva dos días esperando pueden interrumpir una conversación sobre crecimiento, una decisión de inversión o una revisión de resultados.
La dinámica tiene una recompensa inmediata: resolver algo produce la sensación de avance. Una tarea desaparece de la lista y el equipo puede pasar a la siguiente.
Las decisiones que construyen resultados a largo plazo funcionan de otra manera. Requieren concentración, continuidad y la capacidad de sostener una prioridad aunque durante un tiempo no genere una sensación visible de progreso. Por eso, un equipo de liderazgo puede ocuparse todo el día y avanzar muy poco.
La presión por atender lo inmediato también se refleja en los datos: el Work Trend Index 2025 de Microsoft encontró que 80% de la fuerza laboral mundial considera que no tiene suficiente tiempo o energía para realizar su trabajo. A esto se suma que, según los datos de productividad analizados por la misma compañía, los empleados son interrumpidos, en promedio, cada dos minutos por una reunión, correo o mensaje durante la jornada laboral.
En mi experiencia, cuando un equipo vive bajo presión constante, vale la pena mirar más allá de la carga de trabajo.
Muchas veces el problema empieza si no existe un acuerdo suficientemente claro sobre qué debe importar durante los próximos meses. Sin esa referencia, cada asunto puede presentarse como prioritario y cada persona termina defendiendo la urgencia que tiene frente a ella.
Ser consciente de cuándo se pierde el rumbo y fomentar espacios para recuperar la capacidad de elegir. Para hacerlo, el liderazgo tiene que establecer las prioridades que sobrevivan a las interrupciones de la operación. También tiene que proteger el tiempo destinado a ellas. Una estrategia que siempre puede ser desplazada por el siguiente pendiente deja de ser una estrategia.