De la misma manera, una ley no impedirá que estas profundas transformaciones sociales ocurran. Habrá que pensar en todo caso de qué manera reconfiguramos los espacios educativos para acompañar a niños y niñas en la relación que deberán tener con los dispositivos tecnológicos. Lo que viene no es un mundo menos tecnologizado, al contrario.
Por eso convendría pensar en estrategias educativas que permitan agenciar a los sujetos desde edades tempranas para aprender a usar críticamente la tecnología. Los desafíos hoy con el uso de la IA, imponen retos más profundos en cuanto a procesos de aprendizaje.
De nuevo, como el clásico McLuhan alertaba, habremos de pensar en las extensiones que estas tecnologías suponen y qué prótesis queremos colocar en las habilidades humanas que amputamos.
Prohibir celulares en las escuelas no evitará su uso en otros espacios, aquellos en los que estos dispositivos siguen colonizando nuestros momentos de ocio, de afectividad, de relacionamiento en general y, por supuesto, de aprendizaje. Ese que no solamente se adquiere en la escuela.
Maricela Portillo es académica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
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Nota del editor: Maricela Portillo es académica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
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