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“Utilizaron mi cara para promocionar remedios falsos”: influencers hechos con IA venden una falsa idea de bienestar

La facilidad de crear influencers con IA a bajo costo, incentiva la desinformación y compromete el bienestar de los usuarios, debido a que facilita la difusión masiva de consejos de salud sin evidencia científica.
Mientras contenidos de inteligencia artificial inundan las redes sociales, usuarios comprometen su salud al creer en consejos sin evidencia científicos.
Contenido de "influencers" generados con IA dificulta a los usuarios distinguir entre bienestar basado en evidencia científica y de certidumbre de profesionales. (NanoStockk/Getty Images)

“Utilizaron mi cara y voz para promocionar remedios falsos y habilidades culinarias que no tengo”, denunció el médico especialista en trastornos del sueño Eduard Estivill a través de sus redes sociales, luego de haber sido suplantado por inteligencia artificial en Instagram.

Ejemplos como este demuestran que el mercado de los influencers virtuales gana terreno, y, por lo tanto, crecen los incentivos para utilizar avatares generados con IA en industrias como la salud y el bienestar, pues empresas dedicadas a vender suplementos alimenticios utilizan estos avatares para hacerse pasar por médicos o especialistas y promocionar productos con afirmaciones sin evidencia científica.

Además, cada vez es más fácil generar cientos de estos videos diariamente, lo que convierte la credibilidad en un activo escalable. De acuerdo con una investigación del New York Times, es posible producir alrededor de 1,200 videos al día con IA por un costo de 10 dólares en promedio por el uso de diversas plataformas.

En este sentido y dado que estas herramientas son accesibles y gratuitas, Regina Espinoza Athié, cofundadora y CEO de Cuéntame, plataforma de salud mental, afirmó a Expansión que uno de los principales riesgos aparece cuando se confunde información con atención clínica.

“Un influencer generado con IA puede ofrecer recomendaciones generales, pero no acompaña un proceso terapéutico. Un profesional conoce la historia de la persona, identifica cambios con el tiempo, interpreta señales que muchas veces no se expresan con palabras y adapta el tratamiento a su contexto”, expresó.

Para Espinoza existe otra diferencia importante debido a los objetivos de cada persona. Mientras que un influencer busca mantener la atención del usuario y retener a su audiencia, un profesional de la salud trabaja para que la persona mejore.

“Los avatares creados con IA representan cuerpos y rostros diseñados para ser perfectos, sin cansancio, sin imperfecciones y sin las limitaciones propias de cualquier persona, aunque sepamos que son artificiales, la comparación con ellos es real”.

Además, estos personajes son diseñados para inspirar confianza, desde la edad y el tono de voz hasta el consultorio y los diplomas falsos que muestran detrás de sí con el objetivo de influir en consumidores que buscan soluciones para enfermedades crónicas, por lo que confiar en estos personajes puede generar que las consultas por pérdida de peso, salud mental o para mejorar la alimentación reflejen escenarios imprecisos que no van de acuerdo con la dieta o requerimientos específicos de las personas.

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La credibilidad es la causa y la confianza es el resultado

Luis Arturo Sirgo Cruz, director nacional de la licenciatura en psicología clínica del Tecnológico de Monterrey, mencionó a Expansión que la credibilidad que le otorgamos a los avatares de IA tiene que ver con un fenómeno llamado “transferencia de la confianza”. Esto significa que “cuando nosotros vemos algo que se asemeja a facciones humanas, transferimos sentimientos de confianza atribuibles a los humanos, no necesariamente a las máquinas”.

Ante la pregunta sobre si existe el riesgo de que las personas desarrollen una mayor confianza en estos personajes digitales, Espinoza Athié lo confirma y señala que los personajes digitales están disponibles las 24 horas, no tienen listas de espera, suelen ser gratuitos y ofrecen una experiencia libre de juicio. Además, están diseñados para

resultar agradables y generar cercanía.

No obstante, menciona que “sentirse escuchado no es lo mismo a ser atendido y que un profesional no sólo escucha: evalúa, acompaña, identifica riesgos y, cuando es necesario, confronta para favorecer el cambio”.

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¿Hasta dónde ha llegado la IA?

Según cifras del estudio “¿Puedes distinguir a las personas generadas por IA de las reales?” de la Universidad de Waterloo, 40% de las personas ya no distinguen los rostros reales de los generados por la IA, lo que habla de cómo la naturaleza del estudio permitió a los participantes mirar las imágenes detenidamente, mientras que la mayoría de los usuarios de internet mira el contenido de forma superficial.

“Las personas que solo se dedican a leer noticias negativas sin parar o que no tienen tiempo, no captarán las señales que distinguen una persona real de una imagen con IA”, mencionó Andreea Pocol, autora principal del estudio.

Ante esto, Epinoza recomendó algunas señales a tener en cuenta para distinguir los videos reales de los falsos, como por ejemplo:

No confiar en avatares que prometen resultados rápidos o absolutos como eliminar la ansiedad o perder peso en pocos días.

No confiar en el contenido si no presenta evidencia, fuentes o credenciales verificables

si utiliza el consejo para vender productos o suplementos.

Hace recomendaciones idénticas para todas las personas, sin considerar diferencias individuales.

Genera urgencia, culpa o miedo para impulsar una decisión.

No invita a consultar con un profesional cuando el caso lo requiere.

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