Tomar un año sabático puede cambiar tu vida

En Europa y Australia es muy común que los jóvenes se tomen un periodo de descanso antes de entrar a la universidad; sin embargo es una experiencia gratificante a cualquier edad.
Tomar un respiro  es a veces hasta bien visto por las empresas.  (Foto: iStock)
Por: PATRICK GILLESPIE
NUEVA YORK (Expansión) -

Seguramente, en esta época del año, quienes se gradúan del bachillerato y la universidad ya están pensando en su siguiente paso. Algunos se mudarán o iniciarán su vida profesional. Para otros, la graduación marca el comienzo de una especie de año sabático, ese año libre que se toman para viajar, hacer voluntariado o trabajar en un empleo inusual.

Michael Novogratz, multimillonario gestor de fondos hegde, recientemente exhortó a los jóvenes a tomar un año sabático, insistiendo en que es un mejor uso del tiempo que un interinato en Goldman Sachs.

En Europa y Australia, muchos jóvenes se toman un año libre entre el bachillerato y la universidad o justo tras terminar su carrera. Pero puede ser gratificante a cualquier edad. Algunas personas toman un descanso de sus trabajos para renovar las baterías o mejorar su vida personal. Esa pausa pueden incluso dar lugar a un matrimonio feliz.

Mientras meditas tu siguiente paso, los lectores de CNNMoney comparten sus inspiradoras historias durante ese año sabático.

El año sabático de los recién casados


Kristina y Josh Davis se dieron el 'sí' hace casi dos años en Orlando, Florida. Con 27 y 28 años, Kristina y Josh dejaron sus empleos, vendieron sus muebles, su casa y su auto, y se embarcaron en un viaje por 26 países durante un año.

"Yo soy la soñadora, Josh es el práctico", dice Kristina. Después de haber viajado de mochileros en Europa desde Islandia a Estambul, volaron a Australia y luego a Nueva Zelanda donde vivieron en una autocaravana. Los primeros meses no fueron puro "arco iris y unicornios", dice Josh.

Discutían a menudo, teniendo que pasar todas las horas del día juntos compartiendo todo. En un punto llegaron a considerar la ruptura. Josh reconoce que no incluía a Kristina en las decisiones clave.

Un día, mientras descansaban junto al lago Taupo en Nueva Zelanda, Josh le dijo a Kristina que había caído en cuenta de que el viaje sólo podría continuar si tomaban las decisiones juntos. La conversación en el lago fue el punto de inflexión en su viaje y su relación.

"Acostumbrarnos a compartir cada decisión y pasar cada minuto de nuestras vidas juntos requirió ciertos cambios", dice Josh. "Pero llegamos a un punto en el que simplemente nos sintonizamos y, desde ese momento hasta hoy, creo que nuestra relación es más fuerte".

La pareja pasó cuatro meses en el sudeste de Asia - desde Bangkok a Camboya y más allá - y tres semanas de excursión en las montañas nepalíes del Himalaya. Coronaron ese año de luna de miel con las visitas a Kenia y a Machu Picchu, en Perú.

Kristina, ahora de 29 años, y Josh, de 30, regresaron a vivir a Orlando. Kristina encontró un trabajo como reclutadora de personal y Josh, como contador, tuvo una suerte increíble. Su compañía le permitió tomar el año sabático y a su regreso le subió el sueldo. Su jefe dijo que los viajes de Josh demostraron de qué madera estaba hecho.

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Ellos creen que sus carreras y su relación han mejorado gracias a ese año sabático.

Es sin duda la mejor decisión que jamás tomarás en toda tu vida. El riesgo vale la pena.


Un paréntesis tras el bachillerato


Julieann Choi creció en el norte de Virginia en medio de una cultura marcada por las ambiciones profesionales. Todo el mundo en su preparatoria ya estaba pensando en la escuela de medicina o de derecho.

"Había mucha presión para saber de inmediato lo que harías con tu vida", dice. No estaba preparada para la universidad cuando sus compañeros se matricularon.

Fue admitida en Virginia Tech y consideró inscribirse, pero decidió no hacerlo. En su lugar, hizo un interinato de dos años en el Departamento de Defensa, trabajando en proyectos de investigación.

Luego se marchó de Washington y se fue de mochilera a América del Sur durante cuatro meses. Pasó un momento difícil en un viaje nocturno en autobús en Perú, se quedó dormida y al cabo de un rato descubrió que habían robado su bolsa con sus tarjetas de débito y de crédito, su pasaporte y otros artículos críticos.

Finalmente llegó a la embajada de Estados Unidos en Lima, Perú, donde supo que habría de esperar dos semanas para obtener un nuevo pasaporte. Desanimada, se hospedó en un bed and breakfast (B&B) y descubrió en primera persona aquello de “no hay mal que por bien no venga”.

Corta de dinero, Julieann le dijo al propietario del B&B -que era un graduado de la Universidad de Pensilvania- que le ayudaría a mejorar el marketing del hostal. Se aventuró por Lima con otros turistas que se alojaban allí e hizo un video promocional.

Después de sus viajes, Julieann regresó a Estado Unidos e ingresó en la Universidad de Columbia. Ahora trabaja para la start-up Cover, una aplicación de pagos digitales.

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El año sabático de empoderamiento


Jessaline Tuason terminó sus estudios superiores en California en 2010 y trabajó en marketing durante un par de años, pero no le atraía esa vida de oficina con horario de 9 a 5.

Renunció a su trabajo y emprendió un viaje para ver todo Estados Unidos. Pasó por 49 estados en siete meses. Parte del viaje vivió en su Subaru Outback, también con amigos e incluso con familias hospitalarias que no conocía.

Muchas personas le dijeron que una mujer no debía viajar sola por Estados Unidos. Sin embargo, desde Alaska a Key West, Tuason estaba decidida a romper el estereotipo. Dice que nunca se vio en ninguna situación peligrosa.

"Lo hice para probarme a mí misma y a las personas que conocía que las mujeres son capaces de hacer esto por su cuenta", dice Jessaline.

Aún con el gusanito del viaje, Jessaline se fue a Filipinas tras recorrer Estados Unidos para hacer voluntariado. Al cabo del tiempo se afincó en la bahía de San Francisco y ahora, de 26 años, es reclutadora para un bufete de abogados en Palo Alto.

El año sabático que termina en matrimonio


Dan Grabon se graduó de Princeton en 1997, pero no sabía bien qué quería hacer finalizados sus estudios. Decidió enseñar inglés en una zona rural de Corea del Sur, a través de un programa afiliado a Princeton.

A pesar de nunca haber viajado al extranjero, Dan, que estudió Ingeniería e Historia de Asia Oriental, se sentía a gusto en Corea del Sur y no quería irse después de un año.

"Casi tan pronto como llegué, supe que quería estar allí por más tiempo", comenta Dan, que hoy dirige una firma de licencia de marca.

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Tomó la decisión correcta. Después de un año, decidió quedarse en Corea del Sur y enseñó inglés durante tres años más. Conoció a su esposa y ahora tienen dos hijos y viven en Woodbridge, Nueva Jersey.

Dan, de 39 años, reconoce que pudo haber tomado un camino diferente y hacer más dinero, pero no se arrepiente. "No siento que me haya perdido de nada", asegura. "Mucho de esto tiene que ver con tomar el primer paso y subir al avión".

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