El TLCAN requiere remodelación, no destrucción: Carla Hills

La principal negociadora de Estados Unidos para el acuerdo tiene una visión distinta sobre el acuerdo a la del actual gobierno estadounidense.
Carla Hills rodeada de los hoy exmandatarios de México, Estados Unidos y Canadá, Carlos Salinas, George Bush y Brian Mulroney, respectivamente. A su derecha el hoy exsecretario de Comercio mexicano, Jaime Serra y a su izquierda, el ministro de Comercio canadiense, Michael Wilson.
A más de 20 años de la firma del TLCAN  Carla Hills rodeada de los hoy exmandatarios de México, Estados Unidos y Canadá, Carlos Salinas, George Bush y Brian Mulroney, respectivamente. A su derecha el hoy exsecretario de Comercio mexicano, Jaime Serra y a su izquierda, el ministro de Comercio canadiense, Michael Wilson.  (Foto: AFP/Bob Daemmrich)
Yussel González
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

NOTA DEL EDITOR: Esta entrevista se publicó originalmente en la edición de la revista Expansión del 1 de febrero de 2017.

Para Carla Hills (83 años), la principal negociadora de Estados Unidos para el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el pacto comercial con México y Canadá es como una casa con varios años de edad: si se requiere hacer cambios, la vivienda se pinta y se remodela, no se destruye. Las palabras de la exrepresentante comercial de Estados Unidos (US Trade Representative) contrastan con la postura del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, quien ha calificado al pacto comercial como el peor acuerdo jamás firmado por su país.

Hills, egresada de Yale y Stanford, y galardonada con la Orden Mexicana del Águila Azteca (2000), destaca que si el ideal de libre comercio en todo el continente se hubiera realizado, la situación económica sería mejor.

EXPANSIÓN: ¿Qué era diferente en la economía global en los años noventa, cuando se negoció el acuerdo?

Carla Hills: Más gente buscaba abrir los mercados para mejorar su bienestar. Teníamos un presidente en Estados Unidos (George HW Bush) que creía que los mercados abiertos servían al interés nacional. Sin embargo, reconozco que hay individuos afectados. Creo que debemos ayudarlos. Ya sea que estén afectados por la competencia internacional, la automatización o, simplemente, por cambios en las preferencias, hay que entrenarlos para los trabajos disponibles.

E: ¿Por qué se cuestionan los beneficios del libre comercio?

CH: En Estados Unidos, la producción de manufacturas logró un máximo en 2015, pero hubo menos empleos por la automatización. Cuando visitaba fábricas automotrices parecía la Quinta Avenida de Nueva York en Navidad. Había mucha gente. Hoy vas y está callado, hay media docena de personas. Ha habido un cambio en los mercados laborales, pero no ha sido por el comercio. Si no informas a la gente sobre la causa o los malinformas, entonces reaccionan. Tenemos una democracia y estamos viendo una reacción.

E: ¿Cuál era el interés de Estados Unidos respecto a México y Canadá al negociar el TLCAN?

CH: Acabábamos de tener un acuerdo con Canadá, y cuando México dijo que estaba interesado en un acuerdo de libre comercio, pensamos que iba a ser bilateral. Pero recibí la llamada del ministro de Comercio de Canadá que decía: “No queremos quedarnos fuera”. Nos sorprendimos y acordamos que entrara y se convirtiera en un acuerdo trilateral. Deseabamos quitar impedimentos para el crecimiento económico y eso es lo que ha ocurrido.

E: ¿Qué ganó Estados Unidos?

CH: El acuerdo fue el primer paso para otros pactos de libre comercio en el hemisferio occidental. El presidente George Bush padre me dijo que quería libre comercio desde la punta de Alaska hasta la punta de Argentina. Pero eso no ocurrió, de lo contrario, estaríamos mejor en términos económicos y estratégicos. Habríamos apoyado el desarrollo de algunos países de América Latina que se habían quedado atrás, de forma más robusta.

E: ¿Qué resistencia había en Estados Unidos ante la firma del TLCAN?

CH: Hace 25 años, los sindicatos se oponían a los mercados abiertos. Fue difícil venderlo. El presidente George Bush padre firmó el acuerdo en diciembre de 1992 y el presidente Bill Clinton llegó al gobierno en enero de 1993. Es un demócrata y los demócratas estaban ligados a los sindicatos. Durante la elección, Clinton dijo: “No me gusta el TLCAN pero puedo arreglarlo”. Entonces negoció los acuerdos paralelos, sobre el ambiente y temas laborales, y trabajó muy duro para que pasaran. Entendió que el acuerdo era importante.

E: ¿Hay algo que debería cambiarse en el TLCAN?

CH: El acuerdo es genial, tienes que construir sobre él. Es como tener una casa bellísima de 50 años. No la vas a tirar, quieres pintarla y tenerla al día. Es lo que tenemos que hacer, actualizarlo. Necesitamos acuerdos que cubran electrónicos, negocios digitales y con reglas para los gobiernos.

E: ¿Qué podría pasar en una renegociación?

CH: El presidente Trump ha dicho que quiere retirarse (del acuerdo). Hay una provisión para que pueda hacerlo con un aviso de seis meses, pero creo que, al final, la comunidad de negocios aquí se opondrá a ello. Esperaría que fuera más como el presidente Clinton y dijera: “No es bueno y vamos a hacerle cambios” y mejorarlo. Es mi esperanza.

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E: ¿Qué consejo le daría a los negociadores mexicanos?

CH: Que escuchen con cuidado. Hay cosas que podemos hacer juntos para que el acuerdo sea más fuerte. Acordamos algunos de ellos en el TPP, fue la forma de mejorar el TLCAN.

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