Capítulo 11: El último salvavidas de la central nuclear de Toshiba en EU

Westinghouse se ha acogido a este rubro para reestructurar sus deudas y reducir costos.
El Capítulo 11 de la Ley de Quiebras permite a las empresas reorganizarse, con ayuda de las autoridades.
Bancarrota  El Capítulo 11 de la Ley de Quiebras permite a las empresas reorganizarse, con ayuda de las autoridades.  (Foto: iStock/courtneyk)
CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) -

Westinghouse, la unidad estadounidense de energía nuclear de Toshiba, buscará la protección legal contra la quiebra a solo tres meses de haber registrar grandes excesos de costos.

Esta medida permitirá a Westinghouse, con sede en Pittsburgh y otrora crucial en el plan de diversificación de Toshiba, renegociar o poner fin a sus contratos de construcción, aunque es probable que las empresas de servicios públicos dueñas de los proyectos soliciten una indemnización.

Acogerse a la ley es visto como la última oportunidad para que las empresas puedan reestructurar sus finanzas bajo el marco legal, aunque no siempre logran sobrrevivir. Pero, ¿qué implicaciones tiene? ¿Es posible salir adelante?

Te presentamos los puntos clave que debes conocer sobre este recurso legal en Estados Unidos.

¿Qué es?

El Capítulo 11 es una herramienta que permite a las empresas en problemas financieros reorganizar sus deudas bajo protección federal.

Esto quiere decir que si una compañía se acoge a esta cláusula, puede seguir operando, pero un tribunal de bancarrota será quien tome las decisiones más relevantes para el negocio, de acuerdo con la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés).

“El Capítulo 11 proporciona un proceso para rehabilitar el negocio endeble de la empresa”, indica la SEC, que también destaca que simplifica el proceso de bancarrota y le ahorra dinero a la compañía en dificultades.

¿Cómo funciona?

Luego de que la compañía realiza el trámite para acogerse al Capítulo 11, el Administrador Fiduciario de Estados Unidos designa a uno o más comités para representar los intereses de los acreedores y los accionistas, así como para trabajar en un plan de reestructuración.

Idealmente, el plan debe ser aceptado por todas las partes afectadas antes de ser aprobado por el tribunal. Pero, en caso de que no sea así, las autoridades pueden proceder unilateralmente.

Posteriormente, la compañía debe ejecutar el plan, lo que toma meses o incluso años.

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¿Qué pasa con las acciones?

Mientras dure el proceso, los tenedores de bonos dejan de percibir intereses y pagos de capital, mientras que los accionistas ya no obtienen dividendos, según la SEC.

En algunos casos, se intercambian las acciones a cambio de participación en las empresas reestructuradas. Sin embargo, en otros la situación se complica, ya que “el tribunal de bancarrota puede determinar que los accionistas no reciban nada debido a que el deudor no es no solvente”, indica la dependencia.

¿Hay excepciones?

Las empresas que no pueden continuar con sus operaciones y deben someterse a un proceso de liquidación no pueden entrar en el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, por lo que deben acogerse al Capítulo 7.

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En este rubro, la empresa cierra definitivamente y se designa a un administrador fiduciario para vender sus activos. El dinero recaudado se utiliza para pagar los gastos administrativos y legales; lo demás queda para los acreedores.

“La garantía secundaria se devuelve a los acreedores asegurados (bancos). Si la empresa no tiene suficiente dinero para pagarles todo, tendrán que ser agrupados con otros acreedores no asegurados (instituciones financieras o proveedores, entre otros) para el resto del reclamo”.

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