El triunfo de Trump, un desaire al buen balance económico de Obama

Aunque la economía estadounidense muestra datos positivos en el gobierno del demócrata, hay puntos que el republicano supo destacar y capitalizar.
Trump tuvo buenos resultados en los decadentes estados del noreste, otrora poderosos por la industria automotriz.
Ganador  Trump tuvo buenos resultados en los decadentes estados del noreste, otrora poderosos por la industria automotriz.  (Foto: Reuters)
WASHINGTON (AFP) -

Donald Trump construyó su triunfo con un sombrío diagnóstico de la economía estadounidense y explotó el temor de la clase media a pesar de un balance relativamente bueno del presidente Barack Obama.

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Con un desempleo de 4.9% y un extendido, aunque lento, periodo de crecimiento, la mayor economía mundial se desempeña bastante bien y hoy parece lejana la Gran Recesión de 2008-2009.

El año pasado los hogares estadounidenses aumentaron sus ingresos en 5%; un crecimiento sin precedentes en la historia de Estados Unidos.

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Muchos presidentes salientes hubieran querido irse con ese tipo de resultados. Sin embargo, los datos esconden una realidad menos envidiable que el líder republicano se encargó de mostrar a lo largo de su campaña.

"Nuestro país se estanca, perdimos nuestros empleos, perdimos nuestra actividad", dijo en un debate ante su rival demócrata Hillary Clinton.

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La desigualdad creció, los salarios demoran en despegar, sigue siendo importante la cantidad de personas que no encuentran un empleo conforme a sus ambiciones o que se ven obligadas a trabajar a tiempo parcial. Además, regiones enteras fueron arrasadas por la desindustrialización.

Una muestra elocuente fueron los buenos resultados de Trump en los decadentes estados del noreste, otrora poderosos por la siderurgia y la industria automotriz y del carbón. Desde 2000, Estados Unidos perdió 5 millones de empleos en la industria manufacturera.

Impulso proteccionista

Una y otra vez, Trump machacó: "No producimos nada. Los productos llegan masivamente desde China, Vietnam y el resto del mundo".

A lo largo y ancho del país, el magnate devenido en líder político, se alejó de la ortodoxia republicana y despotricó contra los acuerdos de libre comercio, como el vigente con Canadá y México.

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Su principal blanco es la Alianza Transpacífico (TPP), una zona de libre comercio formada por Estados Unidos y 11 países que está pendiente de ratificación.

Ese acuerdo, que crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, así como el que está negociándose con la Unión Europea (TTIP) va camino a una muerte segura si Trump respeta sus promesas.

Ese impulso proteccionista le hizo perder apoyo en sectores empresariales normalmente afines a los republicanos. La Cámara de Comercio de Estados Unidos auguró recientemente un "debilitamiento" de la economía con Trump en la Casa Blanca.

El ahora presidente electo rechaza las críticas y promete "devolver los empleos" a Estados Unidos con un cocktail de medidas proteccionistas, amplias desregulaciones y una disminución de los impuestos a las empresas.

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Tensiones con la Fed

Trump quiere bajar de 35% a 15% los impuestos a los beneficios de las compañías con la esperanza de estimular el crecimiento y generar puestos de trabajo. Sin embargo, esa intención causa escepticismo en los expertos.

A pesar de la promesa de beneficios fiscales que parecen enormes, las empresas estadounidenses no aumentaron sus inversiones y "no es seguro" que reducir impuestos los haga cambiar el rumbo, dijo este miércoles la agencia financiera Fitch.

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La organización apartidaria Tax Policy Center dice que esa rebaja de impuestos puede fomentar inversiones en el corto plazo. Sin embargo dañaría las finanzas públicas, las cuales recibirán menos ingresos y no habrá otra opción que endeudarse.

Según Tax Policy, la deuda estadounidense aumentaría más de 36% en los próximos 10 años si la rebaja de impuestos se concreta.

Los economistas de Moody's Analytics van más lejos. Recientemente auguraron una posible recesión en Estados Unidos debido al tono aislacionista de la política de Trump.

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El efecto podría ser devastador, dijo el execonomista jefe del FMI Simon Johnson. "La amenaza es que eso perturbe las relaciones comerciales con nuestros socios", dijo. "Eso terminará por debilitarnos", declaró.

Las interrogantes sobre la economía en tiempos de Trump son varias, y particularmente esas dudas son sobre la política monetaria de la Reserva Federal (Fed).

Los mercados, que reaccionaron con bajas pero sin pánico ante la victoria de Trump, podrían ver con malos ojos conflictos entre la Fed y el presidente electo.

Varias veces Trump acusó a la presidenta de la Fed, Janet Yellen, de alimentar una "enorme y horrible burbuja financiera" al mantener obstinadamente las tasas de interés apenas por encima de cero.

La Fed subió las tasas en diciembre de 2015 por primera vez en casi una década y desde entonces las mantiene entre 0.25% y 0.50%.

La próxima reunión de la Fed será a mediados de diciembre, seguramente en medio de mercados aún febriles y pendientes de lo que planee hacer Trump con la economía una vez que entre a la Casa Blanca el 20 de enero.

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