Vuelo de regreso a México: Historias de las deportaciones de EU

Los aviones de deportación de ICE Air no aparecen en las pantallas de llegada al aeropuerto, pero aterrizan en México tres veces a la semana con decenas de mexicanos.
Miembros de su familia abrazan a Eduardo Hernández al llegar deportado desde Estados Unidos al aeropuerto internacional de Ciudad de México.
Bienvenida  Miembros de su familia abrazan a Eduardo Hernández al llegar deportado desde Estados Unidos al aeropuerto internacional de Ciudad de México.  (Foto: CNN/José Armijo)
Por: LEYLA SANTIAGO
(CNN) -

María Pérez no ha visto a su nieto desde que era un niño pequeño.

En su teléfono celular, ella guarda un video de ese día. El vídeo muestra a Eduardo Hernández, de 8 años, abrazándola y diciéndole adiós.

Ahora Hernández tiene 21 años y camina por las puertas de cristal esmerilado del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Su vuelo desde Estados Unidos acaba de aterrizar.

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Su abuela salta hacia él con las dos manos en el aire, limpiándose las lágrimas mientras pone los ojos en él por primera vez en más de una década.

Los miembros de la familia se amontonan alrededor de él. Dos primos jóvenes corren a su encuentro por primera vez. Pérez agarra la mano de su nieto y lo besa dos veces.

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Hernández no puede dejar de sonreír. Está disfrutando la atención. Pero tiene emociones mezcladas.

Las autoridades estadounidenses lo llevaron de regreso a México en ICE Air, una división del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés). Pero sus padres todavía viven en Wisconsin.

“Estoy volviendo a mi gente, y básicamente estoy feliz ahora”, dijo. “Pero estoy triste al mismo tiempo, porque estoy dejando atrás a la familia”.

Los primeros pasos de gente como Hernández se han vuelto en una escena familiar en el aeropuerto de la Ciudad de México y algo que podría convertirse en una visión aún más común a medida que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, promete reprimir la inmigración ilegal.

En una zona de llegadas, las reuniones con lágrimas y las conversaciones con los trabajadores sociales dan un vistazo a la vida de los más recientes deportados desde Estados Unidos, y una ventana a quién está echando Estados Unidos.

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Un vuelo lleno

Hernández fue uno de los 135 pasajeros en ese vuelo.

Al igual que el gobierno de Obama, Trump ha dicho que deportar a los criminales es una prioridad. Pero el gobierno de Trump ha ampliado la definición de “criminal”, que las autoridades pueden usar dando a los funcionarios de inmigración la capacidad de emitir juicios sobre las amenazas a la seguridad pública.

Durante las recientes visitas de CNN al aeropuerto de la Ciudad de México, después de que llegaron los vuelos de deportación, algunas personas que bajaban de los aviones dijeron que eran criminales convictos, como un hombre que dijo que había sido condenado por violencia doméstica en Colorado. Otros dijeron que solo tenían ofensas menores en sus registros.

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Los aviones de deportación de ICE Air no aparecen en las pantallas de llegada al aeropuerto, pero aterrizan en México tres veces a la semana.

Los deportados reciben una comida en el vuelo y una bolsa de plástico para llevar, llena de agua, refrigerios y papeleo.

A su llegada a la Ciudad de México, docenas de personas son escoltadas a un área acordonada cerca de una cinta transportadora, donde los trabajadores del gobierno revisan bolsas de malla roja llenas de ropa, artículos personales y una etiqueta con el nombre de un mexicano deportado.

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Los pasajeros del ICE Air se reúnen alrededor de los trabajadores del aeropuerto, buscando guía y esperando su turno para reclamar pertenencias personales antes de abandonar el área cerrada.

Al otro lado de la puerta, muchos son bienvenidos de vuelta al país por los trabajadores del gobierno, no por ansiosos miembros de la familia.

Bienvenida

La trabajadora social Celia Anaya sonríe cuando ve las puertas abiertas.

“Bienvenido a México”, dice mientras da la bienvenida a la oleada de deportados.

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Algunos ignoran el saludo y se apresuran hacia una terminal de autobuses cercana para regresar a sus ciudades natales.

Otros se intrigan por la trabajadora social y se toman un momento para conversar, lo que a menudo se vuelve una manera de desahogarse acerca de su experiencia.

Anaya escucha sus preocupaciones, luego aprovecha la oportunidad para llegar a ellos y educarlos.

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Los beneficios de desempleo del gobierno mexicano, dice ella, podrían incluir el equivalente a 120 dólares mensuales por seis meses.

Enfrentamientos con la ley

Hernández dijo que vivió en Wisconsin durante 13 años, más recientemente trabajó en una fábrica eleborando mostradores y asistió a una universidad técnica.

Antes de regresar a México, Hernández tuvo varios enfrentamientos con la ley, incluyendo múltiples infracciones de tráfico y una condena por huir y eludir a un agente de policía en Waukesha, Wisconsin.

Hernández entró ilegalmente en Estados Unidos en 2003 y fue detenido por ICE después de su condena por el delito grave, informó el ICE en un comunicado.

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Según su abogado, Hernández se declaró culpable después de un incidente de 2014 cuando estaba haciendo carreras de autos en la calle con sus amigos y pasó por delante de un oficial de policía.

Temeroso de admitir su estatus migratorio al oficial, huyó de la escena antes de ser atrapado, dijo el abogado Marc Christopher.

Las autoridades de inmigración detuvieron a Hernández en diciembre durante su visita mensual con un oficial de libertad condicional.

Es probable que el hecho de que los oficiales estadounidenses ahora se concentren en la deportación de personas con antecedentes penales haya situado a Hernández en su radar, dijo Christopher.

El abogado describió a Hernández como un “buen chico” que había pasado tiempo como voluntario enseñando arte a los niños.

“Voy a la cama por la noche deseando haber podido conseguir un resultado diferente para él”, dijo Christopher.

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El ICE dijo que un juez de inmigración concedió a Hernández una “salida voluntaria” en enero. Eso significa que Hernández tuvo que dejar Estados Unidos, pero no tendrá una orden de deportación oficial en su expediente.

Hernández dijo que pasó dos meses tras las rejas en Wisconsin antes de que las autoridades de inmigración lo transfirieran a un centro de detención en Louisiana durante una semana. De allí, lo escoltaron a un avión con destino a México.

Hernández dijo que el proceso fue largo, frustrante y humillante, y que es suficiente para mantenerlo alejado de Estados Unidos.

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“Ahora que la situación es tan mala”, dijo, “no estoy pensando en regresar”.

Planes

David Padilla no parece prestar mucha atención a la trabajadora social que lo saludó en el aeropuerto de la Ciudad de México.

El joven de 26 años le dice que planea regresar a Estados Unidos porque eso es lo que prometió a sus hijos, que ahora viven con su madre en Utah.

Él no entra en detalles sobre cómo regresará a Estados Unidos, pero bromea sobre tener, al fin, la oportunidad de asistir a un partido de futbol profesional en México.

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Padilla dijo que dejó México cuando era un niño y vivió en Salt Lake City durante 24 años. Según Padilla, estaba en camino a su trabajo de construcción a principios de marzo cuando agentes de ICE, en busca de su tío, lo detuvieron y lo llevaron en custodia.

Padilla tiene dos detenciones por conducir bajo los efectos del alcohol y una serie de infracciones de tráfico en su registro, de acuerdo con documentos judiciales. En 2008, fue sentenciado a 30 días de cárcel por robar en tiendas.

Padilla culpa a Trump por su deportación.

“Si me hubieran detenido aquel día sin que Trump estuviera en el poder”, dijo, “creo que hubiera podido irme a casa”.

Se queda sin palabras cuando ve en su teléfono las fotos de su perro y sus hijas de 1 y 5 años. Para él, la separación es la parte más difícil.

“Es tan difícil que te alejen así”, dijo. “Ni siquiera puedes despedirte de nadie”.

Padilla describe su vuelo de regreso como una pesadilla. No le gustó estar esposado o que sus agujetas fueran cortadas por agentes de ICE.

“No te tratan como a un ser humano”, dice Padilla.

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El ICE no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios sobre el caso de Padilla.

El portavoz de la agencia, Bryan Cox, dijo que los deportados son esposados en los vuelos de ICE Air por la seguridad del oficial. Todos los aspectos de la aplicación están de acuerdo con la ley federal y las políticas de ICE, dijo.

“El cumplimiento se hace de una manera humana, de acuerdo con la política”, dijo Cox.

Deportada dos veces

Guadalupe Figueroa no se considera una criminal peligrosa. Ella llegó por primera vez a Estados Unidos como inmigrante indocumentada en 2003. Según los funcionarios de inmigración de Estados Unidos, fue deportada dos veces a los pocos días de haber sido atrapada tratando de cruzar ilegalmente la frontera ese año.

Ella eventualmente logró cruzar, encontró un hogar y comenzó una familia en Somerville, Alabama. Mientras limpiaba casas, su hijo de 11 años y su hija de 10 años, ambos nacidos en Estados Unidos, asistían a la escuela.

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De acuerdo con su abogada, Geraldine Escalante, Figueroa regresó a su ciudad natal en México cuando su madre se enfermó en 2012. Es también cuando Figueroa afirma que se convirtió en una víctima de la extorsión de los cárteles. Con la esperanza de buscar asilo, decidió cruzar la frontera nuevamente en agosto de 2015.

Agentes de la Patrulla Fronteriza la detuvieron en California y luego le permitieron irse a Alabama durante el resto de sus procedimientos de inmigración.

El expresidente Barack Obama todavía estaba en el cargo cuando comenzó su proceso de deportación. En diciembre, la apelación de Figueroa para bloquear la orden de un juez para su expulsión fue denegada. Cuando se registró con los funcionarios de inmigración en enero, dijo que la tomaron en custodia.

Según el ICE, la deportación de Figueroa, el 27 de febrero, fue “de acuerdo con una orden final de expulsión emitida por un juez federal de inmigración después de que su caso recibió todo el proceso apropiado a través de las cortes federales”.

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A pesar de que Figueroa nunca ha sido condenada por un crimen violento o vinculado a ninguna pandilla, el ICE dice que sigue siendo una prioridad.

“El ICE se concentra en identificar, detener y eliminar las amenazas a la seguridad pública, como los criminales condenados y los miembros de pandillas, así como las personas que han violado las leyes de inmigración de nuestra nación”, dijo Thomas Byrd, portavoz del ICE en una declaración escrita.

Con lágrimas corriendo en su rostro, Figueroa dice que no entiende por qué está siendo separada de su familia. Su hijo también lucha por entender. En una carta que Figueroa lleva consigo, su hijo dibujó una foto de un niño llorando y diciendo: “Quiero a mi mamá”.

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“Me siento terriblemente triste porque las pesadillas me persiguen todos los días, todas las noches, todas las semanas, y necesito que vuelvas. Hice este dibujo de lo triste que estoy. No quería dibujar esto, mamá, pero es así como me siento en mi corazón y en mis sueños”.

El esposo de Figueroa, que vive en Alabama, dijo a CNN que el niño está viendo a un terapeuta para hacer frente a la separación. Su abogada considera el caso como una tragedia porque ella no cree que Figueroa sea uno de los “hombres malos” a los que Trump afirma estar atacando.

Figueroa está de acuerdo. Ella dice que si alguna vez tiene la oportunidad de decirle una cosa a Trump, apuntaría a lo que ambos tienen en común.

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“Mira en tu corazón, porque tienes un hijo también, y yo, como madre, estoy sufriendo por mis hijos”.

Catherine Shoichet, Toby Lyles y Casey Hicks de CNN contribuyeron a este reporte.

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