Este es el pueblo que se unió para evitar robos de gasolina

Habitantes de San Francisco Tláloc, del municipio de San Matías Tlalancaleca, Puebla, deciden hacer justicia por propia mano para abatir a los chupaductos.
San Matías Tlalancaleca, el pueblo que se unió contra el robo de gasolina
Por: ELVIA CRUZ
TLALANCALECA, Puebla (Expansión) -

“¡Vamos a lincharlos, vamos a lincharlos!”, “hay que catear la casas primero”, exclaman de manera unánime al menos 200 campesinos de la comunidad de San Francisco Tláloc, perteneciente al municipio de San Matías Tlalancaleca. Se han armado con escopetas, palos y piedras.

Apenas alumbra el sol y ellos ya tomaron la plaza pública. Buscan hacer justicia por propia mano.

"Vamos a matarlos", dice María al tiempo de narrar que fue testigo desde su ventana cuando una banda de ladrones de combustible llegó a la presidencia auxiliar alrededor de las 23:00 horas del domingo a detonar disparos.

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Otros pobladores exponen que los conocidos como chupaductos querían asesinar a tres integrantes de una policía comunitaria creada el 25 de mayo.

Según las narraciones, los señalados buscaban vengarse debido a que los habitantes habían dejado el miedo atrás para organizarse y perseguirlos.

Los pobladores aseguran que los chupaductos realizan tres operaciones al día en extraer gasolina de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex) que cruza por la población.

Este lunes el tema nuevamente los mantiene sin atender su vida cotidiana.

A diferencia del 25 de mayo —cuando únicamente lograron resguardar 20 unidades con bidones, de los cuales quemaron cuatro— esta vez la organización comunitaria consiguió retener a dos supuestos delincuentes.

Habitantes exigen que los detenidos —ubicados en las instalaciones de la alcaldía auxiliar— sean quemado vivos.

Ministeriales rodean la zona mientras el delegado de la Secretaría General de Gobierno (SGG), Roberto Solano, busca convencer a la población de que lo mejor es entregar a los dos sujetos al Ministerio Público para que éste se encargue de las investigaciones.

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Los campesinos cedieron hasta el mediodía de este lunes tras la firma de un acuerdo que incluye instalar una base mixta en la entrada del pueblo, además de reforzar la seguridad con policías estatales.

Señoras se ofrecen a turnarse para darles de comer. Están dispuestos a dedicar tiempo y dinero para acabar con la banda de chupaductos que los tienen en zozobra.

"Utilizan a los niños como halcones. Un día vamos a amanecer muertos por alguna explosión. Mi vecino tiene galones de gasolina", denuncia una mujer.

"Vamos a catear, vamos a catear", vuelve el grito. Alguien más recibe un reporte que camionetas cargadas con hidrocarburo robado están abandonando el pueblo y piden actuar de inmediato.

Ricardo Herrera Saldívar, supervisor de ministerios públicos de la zona metropolitana norte, es quien los convence para sacar del lugar a los retenidos.

Un alcalde amenazado

“Aquí al pendejo que encuentre va a chingar a su madre", indica el presidente municipal Óscar Anguiano, quien tras varias llamadas llega al Zócalo del pueblo para atender las peticiones.

Ofrece denunciar juntos a los habitantes que estén involucrados con los chupaductos. Los define como delincuencia organizada.

Admite que está rebasado y amenazado por los delincuentes.

Asegura que en la madrugada de este lunes tuvo que sacar a su familia de San Matías Tlalancaleca porque corrían peligro tras enterarse de un nuevo enfrentamiento en San Francisco Tláloc.

"En noviembre, mi familia fue amenazada y su servidor. Tuve que huir dos meses de mi pueblo. Diciembre y enero no estuve, y anoche, al saber, tuve que sacar a mi familia. Mi familia no está ahorita en la casa", expone.

La confesión genera aún más reclamos, pues los pobladores dicen que ellos no tienen a dónde ir y que no sólo están expuestos a una balacera sino a una explosión que podría dejar un saldo rojo como en 2010, cuando en su municipio vecino, San Martín Texmelucan, perdieron la vida 30 personas por un incendio generado por una toma clandestina.

El día que los habitantes corrieron a los chupaductos

“Ya se los cargó la chingada”, dice Juan mientras graba con su celular desde la azotea de su casa. Busca registrar el momento en el que inicia una balacera entre policías federales, estatales y una banda de chupaductos.

Son las 19:00 horas del miércoles 25 de mayo. Los balazos se escuchan a la par del repique de las campanas del pueblo de San Francisco Tláloc.

“A todo el pueblo: urge que se concentren. Es urgente. Vamos a ponerles un alto a estos delincuentes”, se escucha desde el megáfono, que las autoridades ocupan para hacer anuncios importantes.


Muchas familias ya sabían lo que ocurría. La versión de que estaban retenidas al menos 20 unidades de los “ordeñadores” de ductos de Pemex se había propagado. Era el momento de enfrentar por primera vez a la banda.

“Nos armamos de palos y piedras. Les dimos una ayudadita a los policías porque eran solo dos patrullas, y los chupaductos eran muchos”, cuenta a Expansión una vecina que presenció la noche del miércoles y madrugada del jueves cómo un grupo de unos 200 habitantes dejaron su miedo atrás y se enfrentaron a los “ordeñadores”.

Fue el día cuando tomaron el control y advirtieron que lincharían a quien lograran atrapar en otra ocasión como la noche del 29 de mayo.

San Matías Tlalancaleca no se ubica en el llamado “triángulo rojo”, pues los cinco municipios que lo conforman se sitúan sobre la autopista Puebla–Orizaba. Este poblado, donde los habitantes se enfrentaron a los chupaductos, está rumbo a la Ciudad de México.

Cerca está San Martín Texmelucan, en donde en 2010 hubo 30 muertos y docenas de heridos por una explosión provocada por una toma clandestina.

En el último año aumentó en 233% la “ordeña” a ductos de Pemex en San Matías Tlalancaleca al pasar de seis hechos en 2014 a 20 al cierre de 2015. La versión oficial da cuenta que las primeras tomas clandestinas se registraron en 2012 con un total de ocho, mientras que en 2013 bajó a cuatro.

Podría ser una disputa entre bandas: autoridades

Tanto el secretario de Seguridad Pública estatal, Jesús Rodríguez Almeida, como el secretario General de Gobierno (SGG), Diódoro Carrasco Altamirano, reconocieron este problema en entrevistas separadas el 27 de mayo.

“Una vez que nos pidieron apoyo, evidentemente acudimos con bastante personal para hacer recorridos en el lugar, buscando evitar que vaya a haber enfrentamientos entre grupos de chupaductos y población”.

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“Aunque también hemos notado que en ocasiones, hay personas que son de otro grupo y dicen que son ciudadanos que están hartos de la seguridad. Habría que verificar, o en su caso, la PGR tendrá que profundizar en la investigación para ver cuál es la responsabilidad de esas personas (los habitantes)”, dijo Rodríguez Almeida a medios locales.

Carrasco agregó que no es un hecho “cotidiano” en Puebla, aunque sí señaló que fue un enfrentamiento entre una banda y habitantes el hecho del 25 de mayo.

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