OPINIÓN: El verdadero mensaje del segundo debate presidencial estadounidense

Una Hillary Clinton poco agresiva ante un Donald Trump que solo buscó atenuar la polémica por sus comentarios misóginos, el evento se volvió una noche de oportunidades perdidas para ambos candidatos.
El segundo debate  Clinton llegó al debate con ventaja, y Trump llegó con una misión de recuperación casi imposible.  (Foto: Reuters)

Nota del editor: Los comentaristas de CNN y analistas invitados ofrecen su reflexión del segundo debate presidencial. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva de los autores.

(CNN)— Trump arruinó su oportunidad: David Gergen

Si a Donald Trump aún le quedaba una oportunidad de llegar a la Casa Blanca, se esfumó el domingo por la noche en su segundo debate con Hillary Clinton.

Trump, que venía de los 10 peores días de campaña en la historia reciente, necesitaba desesperadamente ganar para revertir su caída en las encuestas. Él estuvo mejor que en el primer debate y ella no dominó tanto. Aun así, el republicano desperdició su oportunidad de victoria en los primeros 20 minutos y ya no pudo recuperarse. En la encuesta de CNN, una mayoría de votantes observadores, 57 contra 34%, pensó que ella salió mejor parada.

Su derrota se produjo por una serie de momentos extraños. El primero fue su sorpresiva aparición previa al debate con cuatro acusadoras de Bill Clinton. Aunque pudiera justificarse el caso de volver a escuchar sus acusaciones de tiempo atrás, el evento parecía una estratagema y Trump nunca lo usó en el debate.

Pero aún más condenable fue la forma en que manejó el repugnante video de hace 11 años en el que hizo vulgares comentarios sexuales. Trump pudo haber logrado cierto perdón si hubiera emitido una disculpa sincera sobre su pasado, así como de algunos incidentes desagradables en esta campaña. Pero su disculpa fue limitada, pareció darle poca importancia y se desvió para mezclar a ISIS en la conversación.

Para colmo de males, lanzó una diatriba sobre los correos electrónicos eliminados de Hillary. Fue un ataque completamente legítimo hasta que prometió que de ser elegido, "ordenaría" a su procurador general nombrar a un fiscal especial para investigarla y que si él fuera presidente hoy, ella estaría en la cárcel.

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¿Cómo, perdón? Así es como actúan los dictadores de medio pelo, encarcelando a sus oponentes políticos. Si le hubiera dedicado media hora de estudio (algo que parece mucho pedir), sabría que bajo la ley, un presidente puede solicitar —no ordenar— que el Departamento de Justicia nombre un fiscal especial y la Justicia debe entonces tomar una decisión independiente del control de la Casa blanca. Trump tiene un extraño tropismo hacia Richard Nixon, olvidando que esos mecanismos entraron en vigor precisamente por sus abusos de poder.

En general, el desempeño de Trump en el debate puede haber gustado a su base de simpatizantes, frenando su caída, pero hizo poco para traer nuevos votantes al redil, especialmente las mujeres. Las preferencias de los votantes se están endureciendo, y el futuro le podría deparar más problemas.

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En los próximos días sabremos si el Comité Nacional Republicano y otros incondicionales del Partido Republicano lo apoyan o se distancian. Veremos también si él y su compañero en la vicepresidencia, Michael Pence, recomponen sus diferencias.

Dado que le dijo al moderador Anderson Cooper que él nunca había toqueteado o acosado a ninguna mujer de la forma en que se jactó en la grabación, la disculpa de Trump también lo expone a que emerjan nuevas mujeres que contradigan sus afirmaciones y nuevas grabaciones con comentarios groseros.

El equipo de Hillary aún no debe ponerse a decorar la Oficina Oval, pero apuesto que su equipo de transición ahora está trabajando con energía renovada. La victoria —y tal vez una grande— parece casi a su alcance.

Sally Kohn: Un espectáculo deprimente

Estoy deprimida. Me deprime que Donald Trump haya sido grabado jactándose de acosar sexualmente a las mujeres y tratara de minimizarlo en un debate calificándolo de "charla de camerino". ¿Pero qué se suponía que debían hacer los moderadores el domingo por la noche? ¿Dedicar más minutos a expresar la absoluta indignación de Estados Unidos ante este último ejemplo del patrón misógino de Trump? No, unos pocos minutos bastan, supongo. Mejor pasar a la política, ¿verdad?

No, porque casi tan deprimente fue la repetida falta de voluntad de Trump para responder a las preguntas que le hacían. ¿Cómo garantizará Trump que las condiciones pre-existentes todavía sigan cubiertas por el seguro médico sin algún tipo de mandato de cobertura universal? No sabemos, no respondió.

¿Qué hará Trump respecto a la crisis de refugiados en Siria? No sabemos, no respondió. Una pregunta tras otra, Trump no dijo nada. Es decir, su boca emitía palabras, pero apenas formaban frases y en definitiva no formaban ideas. Básicamente, vomitó fragmentos de nada sobre Hillary Clinton y Estados Unidos. Y al igual que Clinton, todos nos tuvimos que sentar allí, frustrados y molestos.

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Lo que es especialmente deprimente es que nuestros medios de comunicación, por no hablar de nuestra democracia, parecen mal preparados para manejar algo como Trump. Martha Raddatz y Anderson Cooper lo intentaron, pero cotejar los hechos con Trump no funciona porque a Trump no le importan los hechos. Él niega que está mintiendo cuando está mintiendo y luego, para mayor audacia, acusa a los demás de mentirosos. Sigo esperando que el fantasma de George Orwell se aparezca en el escenario del debate y le jale a Trump los pies.

Donald Trump es un hombre perverso que está pervirtiendo no solo nuestra democracia, sino el mismo concepto de verdad. Trató de ganar el debate como uno gana un concurso de limbo, bajando el listón. Eso debería deprimirnos a todos.

Sally Kohn es comentarista de CNN, activista y columnista. Síguela en Twitter: @sallykohn. Ella apoya a Hillary Clinton para la presidencia.

S.E. Cupp: Una noche de oportunidades perdidas

Después de las últimas 48 horas, es difícil determinar sobre qué bases podría ganar uno de los candidatos el debate del domingo. Donald Trump dejaba atrás las secuelas de una grabación vergonzosa, virulenta y potencialmente fatal, en la que sugería haber utilizado su fama para acosar sexualmente a las mujeres. En las horas previas al debate, reunió a cuatro mujeres que dicen haber sido víctimas del marido de Hillary Clinton —o de ella— explotando su dolor para su propio beneficio personal. Clinton, por otra parte, sufrió una significativa filtración de sus discursos privados.

Con todo podemos decir que Clinton llegó al debate con ventaja, y Trump llegó con una misión de recuperación casi imposible. Hizo poco para recuperarse, pero también es difícil decir si ella usó con eficacia esa ventaja.

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Él fue indisciplinado y pueril, quejándose de que los moderadores lo trataban con parcialidad, eso nunca es una estrategia ganadora. Perdió obvias oportunidades para atacar a Clinton, por ejemplo, tras saberse que en sus discursos privados ella abogaba por la apertura de fronteras. Merodeaba incómodamente a sus espaldas mientras ella hablaba, consciente o inconscientemente.


Clinton se defiende en la polémica por el mal uso de su correo electrónico

Pero aunque Clinton se mantuvo serena, y parecía más tranquila que él, su estrategia fue la de esperar a que Trump se ahorcara a sí mismo, en vez de ir a la yugular. Ella tuvo la oportunidad de acabar con su campaña de una vez por todas, ya fuera ofreciéndole un señuelo para que cayera en una trampa o simplemente asestándole un golpe decisivo. No estoy seguro de que hiciera ninguna de las dos.

Los votantes indecisos e independientes tendrán que decidir si la respetan por no rebajarse, o la juzgan por no desafiarlo de manera más agresiva.

S.E. Cupp es el autor de "Losing Our Religion: The Liberal Media's Attack on Christianity", coescribió el libro "Why You're Wrong About the Right" y es columnista del New York Daily News.

Julian Zelizer: Clinton no lo noqueó

Donald Trump intentó alejarse de la polémica de Access Hollywood volviendo a los temas que animaron su campaña en las primarias. Retomó las amenazas de ISIS, la inmigración ilegal, los magistrados liberales de la Corte Suprema y los escándalos de Hillary Clinton, desde los correos electrónicos hasta los discursos pagados pasando por el pasado sexual de su marido.

En momentos arremetió contra Clinton al estilo Trump, llegando al extremo de llamarla "diablo" y afirmando que si él fuera presidente ella estaría en la cárcel. La pintó como una embustera y política profesional que dice una cosa y luego hace otra.

Si el objetivo era detener, al menos temporalmente, la discusión incesante sobre los comentarios que hizo en el autobús con Billy Bush y los llamados para que renuncie a la candidatura, Trump lo logró. Probablemente inyectó nueva energía a algunos en su base y viró la atención hacia las controversias de Clinton. Hubo varios momentos en los que Clinton se encontró a la defensiva y trastabillaba en sus respuestas.

El problema es que el debate no puede rehacer el carácter básico de esta candidatura o los problemas que Trump ha creado. Las grabaciones de Access Hollywood fueron la punta de un iceberg muy grande. Se disculpó por los comentarios, pero sin mucho entusiasmo. Además, es muy posible que asomen más controversias en torno a Trump.

Es bien conocida la larga lista de republicanos prominentes que han anunciado que no votarán por Trump. Ese historial de posiciones polarizantes y controvertidas no va a desaparecer. Dentro del debate mismo, hubo varias ocasiones en las que Trump les recordó a los votantes indecisos por qué tantos republicanos no están de su lado. Cuando amenazó con meter en la cárcel a su oponente, en la televisión en directo, cruzó otra frontera en la historia de las campañas. Incluso parece discrepar con su candidato a vicepresidente en materia política.

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La grabación tuvo un impacto tan grande por la persona que ha sido Trump y por el tipo de campaña que ha hecho desde que entró en la contienda presidencial. Este debate difícilmente le permitirá a Trump ampliar su base electoral, algo esencial si quiere ganar.

Aunque Trump fue capaz de aprovechar este debate para desviar la atención de la grabación, no se anotó una "victoria" en términos de la calidad general del debate (sus respuestas estaban llenas de inexactitudes, referencias vagas y declaraciones dispersas sobre cuestiones inconexas) y tampoco borró los problemas que le ha creado a su partido. Sin embargo, Clinton no logró el tipo de "nocaut" o golpe de gracia que sus seguidores estaban esperando.

Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton y becario de New America. Es el autor de "Jimmy Carter" y "The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society".

Haroon Moghul: El verdadero mensaje de la noche

Donald Trump dice ahora que no deberíamos haber invadido Iraq. Pero también dice que deberíamos haber "tomado su petróleo". Vigilar infraestructura inmóvil, a veces inflamable, mientras se saquea y se expolia a una nación soberana es colonialismo. Si más republicanos hubieran prestado atención a ese "tomar su petróleo", no estarían tan sorprendidos por ese "agarrarlas por el coño".

Porque la islamofobia es misoginia es racismo. Mi Dios, mi raza, mi riqueza, mi género, o lo que sea, me permite hacerte lo que nunca aceptaría que me hicieran a mí. Tomemos su petróleo. Instalémonos en su tierra. Manoseemos sus cuerpos.

En respuesta a una pregunta sobre la islamofobia, Trump le dijo a una aparente votante musulmana indecisa (una combinación de palabras que chirría tanto como la de "carbón limpio") que tenemos que tener en cuenta el problema del terrorismo.

Si los moderadores hubieran sido más osados, le habrían preguntado a Trump si la violencia de los supremacistas blancos radicales nos permite infringir los derechos de todos los estadounidenses blancos en general.

No deberíamos simplemente perdonar, como pidió Melania Trump, las imprudencias de su marido, y pasar a "las cuestiones importantes". Al votante promedio de Trump no lo mueve la angustia económica. Dejemos de buscar términos políticamente correctos para los racistas flagrantes. Prefieren deshacer décadas de progreso social antes que ceder un ápice en las estructuras de explotación que los mantienen poderosos.

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Como nos recordó este viernes, ese privilegio no es nunca inofensivo. Se produjo a través de la violencia y se mantiene a través de la violencia: sobre los cuerpos, sobre la tierra, sobre la cultura. Tenía la esperanza de que Trump quedara fuera de la contienda este fin de semana, pero parece que incluso la depredación sexual no basta para despertar a nuestro país. No pregunte si Clinton ganó o perdió. Pregunta qué nos pasó.

Haroon Mogol es investigador del Center for Global Policy. Su próximo libro, " How to be a Muslim ", llegará a las librerías en 2017.

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