OPINIÓN: Donald Trump presidente, sorpresa y desencanto

Tradicionalmente los partidos y los electores estadounidenses tendían a ser centristas, salvo aspectos puntuales que los alejaban; ahora la novedad es que la población está notoriamente dividida.
Donald Trump se convertirá a partir del 20 de enero de 2017 en el presidente 45 de Estados Unidos.
Nuevo presidente  Donald Trump se convertirá a partir del 20 de enero de 2017 en el presidente 45 de Estados Unidos.  (Foto: Reuters)
Por: HORACIO VIVES

Nota del editor: Horacio Vives Segl es Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Argentina). Es profesor del Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Puedes seguirlo en Twitter, @HVivesSegl. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(Expansión) – Se materializó la pesadilla. Tras una trepidante disputa palmo a palmo de los votos para el colegio electoral, Hillary Clinton reconoció su derrota en las elecciones presidenciales. Con los resultados conocidos hasta ahora, Donald Trump obtuvo 47.5% de votos de la ciudadanía contra 47.7% de Clinton y 289 votos del republicano contra 218 de la demócrata, en el colegio electoral.

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Otra vez, el voto popular que no corresponde con el voto de los electores que terminarán formalizando el triunfo de Trump, que se convertirá a partir del 20 de enero de 2017 en el presidente 45 de Estados Unidos. Al margen de la sorpresa mayúscula, se abren más interrogantes que definiciones a raíz de los resultados electorales de hace unas horas.

Las encuestas

Lo más inmediato e inminente tiene que ver con el papel de las encuestas. Apenas hace unos 12 días, al cierre del tercer debate, éstas le daban una muy cómoda ventaja a Hillary Clinton. No ocurrió un breaking point, algo como un atentado terrorista de dimensiones mayúsculas que realmente justificara la realineación de los electores, salvo la intervención política del FBI y su posterior retractación sobre el asunto de los correos de Clinton. Pero no se trató de un tema que generara un vuelco en las percepciones.

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En ese sentido, las encuestas no supieron medir la intención de voto oculta hacia Trump, el “voto vergonzante” que terminó siendo muy superior a lo esperado. Resultaron entonces fundadas las críticas al sitio Fivethirtyeight.com, que pronosticó de manera aplastante la posibilidad de triunfo de Hillary Clinton (al tercer debate, de 87.3% contra 12.6% de Trump). Misma suerte para Realclearpolitics.com, que en la misma fecha le dio 6.5% de ventaja a la demócrata en la intención de voto en la suma de encuestas.

Voto latino

Al margen de la participación motivada por la amenaza de un posible triunfo de Trump, el voto latino se movilizó. Se generó una percepción de que podría ser el gozne que definiera la elección, particularmente en el estratégico estado de Florida (que terminó ganando el republicano). Pero no. Si bien importante, se topó con su condición de minoría dentro de la población —y del electorado— estadounidense.

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Triunfo de la polarización

Llegará a la Presidencia el candidato que adoptó y que supo articular exitosamente un discurso de odio, de racismo, misógino, antiinmigrante y antimexicano. Todo lo contrario a lo “políticamente correcto” y al discurso de inclusión y extensión de derechos.

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A reserva de ser reduccionista en el argumento y con los adecuados matices que ello merecería, se puede decir que Estados Unidos se dividió en dos países: el de los blancos conservadores —algo retrógradas— que viven en el centro y el sur del país, desencantados con las instituciones políticas tradicionales, y el de la población liberal concentrada sobre todo en las costas, en el que caben latinos, negros, gays e inmigrantes, además de muchas mujeres y pocos hombres blancos, mayoritariamente con educación superior, y quienes siguen queriendo una nación plural, capaz de amortiguar las desigualdades.

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Tradicionalmente, los partidos y los electores estadounidenses tendían a ser centristas, salvo aspectos puntuales que los alejaban. Ahora la novedad es que la población se encuentra notoriamente dividida y, al menos en su primer mensaje como tras conocerse el resultado electoral, Trump llamó a la unidad y reconciliación.

Nerviosismo mundial

Como era de esperarse, los mercados financieros reaccionaron hipersensiblemente a la noticia. Las bolsas y monedas asiáticas fueron las primeras y es de esperarse que ocurra lo mismo con las europeas y americanas. Y como suele suceder en situaciones como éstas, el peso mexicano fue de los que peor reaccionó: en unas horas, la depreciación fue del orden del 15%. Pero no sólo reaccionaron los circuitos financieros.

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A manera de ejemplo, Corea del Sur convocó a sesión urgente de su Consejo de Seguridad. La situación de México se complica y el gobierno reaccionó ante el hecho consumado de tener en breve como el hombre más poderoso del planeta al candidato que hizo de la construcción del muro fronterizo y de la denostación de los mexicanos, la columna vertebral de la campaña.

Incógnitas

No solo estuvo en juego la Presidencia de Estados Unidos. También en el Congreso los demócratas sufrieron un revés, por lo que muchas de las políticas sociales del gobierno saliente estarán en duda. Como se sabe, muchas de las propuestas de campaña de Trump estaban basadas en diagnósticos erróneos, imprecisiones técnicas o con restricciones legales. En ese sentido, los primeros desafíos tendrán que ver con la posibilidad de que esas promesas se articulen en políticas públicas que sean apoyadas por el Congreso.

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En otras palabras, habrá que ver si la solidez del andamiaje institucional de Estados Unidos es un dique de contención ante las propuestas más extravagantes de Trump. La misma incertidumbre se presenta con respecto al partido que lo postuló: durante los últimos días, diversos liderazgos del Partido Republicano se desmarcaron de Trump, por lo que ahora es de esperarse la aparición de conversos y el avance personalista del virtual presidente electo sobre su partido.

¿Democracia fallida?

El año 2016 será un año recordado como uno en el que, a través de distintos procesos electorales, se puso en tela de juicio la efectividad de la democracia.

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La máxima churchilliana sobre si la democracia es apenas la mejor forma de gobierno, se confronta con algunos de los procesos electorales que transcurrieron en el año. No solamente por no haber ganado la iniciativa de paz propuesta por el gobierno colombiano, o por ser el mecanismo que permitió el avance del proyecto hegemónico apenas el domingo pasado de Daniel Ortega en Nicaragua.

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Las dos democracias más longevas y estables del mundo (el Brexit en el Reino Unido y ahora la elección presidencial de Estados Unidos) produjeron, a través del mecanismo democrático, resultados sorprendentes que dan lugar a nuevas agendas de investigación sobre los alcances y límites de los contenidos tradicionales de la democracia.

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