OPINIÓN: ¿Tendrá éxito el jefe de Exxon como secretario de Estado de EU?

La falta de experiencia en el servicio público de Rex Tillerson no significa que no pueda hacer el trabajo, de hecho Exxon opera internacionalmente en cinco continentes y 50 países.
Rex Tillerson, ¿de CEO de Exxon Mobil a principal diplomático de EU?
AARON DAVID MILLER

Nota del editor: Aaron David Miller es vicepresidente y académico distinguido del Woodrow Wilson International Center for Scholars, así como autor del libro "The End of Greatness: Why America Can't Have (and Doesn't Want) Another Great President". Miller fue negociador para Oriente Medio en administraciones demócratas y republicanas. Síguelo en Twitter @aarondmiller2. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) – El presidente electo Donald Trump ha postulado a Rex Tillerson como Secretario de Estado.

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Tras haber trabajado para media docena de sus predecesores, presento a continuación varias claves sobre la importancia de su nombramiento.

Una marcada ruptura con el pasado

En el perIodo posterior a la Segunda Guerra Mundial nunca hemos tenido un Secretario de Estado que haya pasado toda su carrera en el sector privado sin ningún cargo previo en la administración pública.

El más cercano a esta descripción sería George Shultz , quien trabajó para la compañía Bechtel entre 1974 y 1982 antes de llegar a Washington. Con anterioridad había servido como Secretario de Trabajo, Secretario del Tesoro y jefe de la Oficina de Gestión y Presupuesto de Estados Unidos.

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A diferencia de sus predecesores (entre ellos generales, un consejero de seguridad nacional, un secretario del Tesoro, un jefe de personal de la Casa Blanca, un senador) la falta de experiencia en el servicio público de Tillerson no significa que no pueda hacer el trabajo; de hecho Exxon opera internacionalmente en cinco continentes y 50 países.

Aun cuando Tillerson no es Metternich ni Kissinger, conoce bien el mundo, a muchos de sus líderes y ciertamente al mundo petrolero económico y político en Asia, Oriente Medio y, por supuesto, Rusia.

En la zona de confort de Trump

El proceso de elegir a este Secretario de Estado fue claramente el más sonado, el más público y el más político de los últimos tiempos. Cuando le pregunté a George H.W. Bush por qué escogió a James Baker como su Secretario de Estado, el expresidente dijo que era una obviedad, un golpe regalado o gimme en términos de golf.

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En esta ocasión no fue así. El número de candidatos con antecedentes tan diversos refleja una clara falta de dirección sobre qué tipo de Secretario de Estado quería el presidente electo: Romney; Giuliani; Petraeus; Corker. Tillerson entró en la lista bastante tarde en el juego.

Sin embargo, no es difícil ver que Tillerson debió haber impresionado a Trump como alguien muy parecido a él: un ejecutivo corporativo increíblemente exitoso con un mítico éxito empresarial a escala mundial o, para usar las palabras del presidente electo, como un jugador de clase mundial.

El aspecto es importante para el Sr. Trump, quien dijo que Mitt Romney tenía la apariencia de un Secretario de Estado. Tal vez Tillerson no fue el primero en el casting para el cargo, pero claramente tiene una gran y fuerte presencia que llamó la atención de Trump. Sin duda también ayudó el respaldo de Bob Gates, Condoleezza Rice y el texano James Baker.

La conexión rusa

En estos momentos es imposible evaluar cómo la relación de Tillerson con Putin (en particular frente a la actual controversia sobre el análisis de la CIA acerca de la interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos) afectará sus perspectivas de confirmación en el puesto.

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Los republicanos y demócratas del Senado, especialmente en el Comité de Relaciones Exteriores, están comprensiblemente muy contrariados con Putin. Pero salvo que Tillerson tropiece durante las audiencias y se presente como alguien ingenuo y blando con Putin (algo altamente improbable) en vez de un tipo que sabe lo despiadado y manipulador que puede ser el líder ruso, sospecho que el proceso será duro pero finalmente exitoso.

A menos que aparezca información adicional sobre la participación de Putin en las elecciones estadounidenses o algo realmente perjudicial para Tillerson, es difícil creer que el Senado no ratifique la elección del Presidente para Secretario de Estado. Y si Trump termina cooperando o enfrentándose a Putin - y ambos escenarios son claramente posibles - podría ser útil tener a alguien como Tillerson, que conoce tanto de Putin el hombre como a Rusia el país.

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¿Puede Tillerson tener éxito?

Mucho depende de qué clase de Secretario de Estado quiere Donald Trump. Conjeturo que Trump se centrará en asuntos internos y presidirá –más que intentar microgestionar- la política exterior. Trump establecerá parámetros amplios; llamará la atención a los aliados si no retribuyen lo suficiente; tratará de involucrar a Putin.

Tillerson y los otros nombramientos de seguridad nacional del presidente tendrán que trabajar dentro de dichos parámetros o tratar de influir en el presidente e intentar cambiarlos. Y ahora mismo es imposible saber quién de los asesores de Trump - incluida su familia - tendrá el mayor peso en asuntos de política exterior.

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Queda por ver si Tillerson tiene las habilidades y el instinto para ser un negociador exitoso. Nos queda claro que ha cerrado con éxito contratos petroleros y diversas negociaciones en el sector de la energía en todo el mundo. Pero lidiar con crisis internacionales no es lo mismo que negociar acuerdos de arrendamiento o derechos de extracción en tal o tal país, o en el caso del presidente Trump, acuerdos inmobiliarios.

La identidad nacional, los profundos temores existenciales, el trauma histórico y la religión a menudo interactúan en los conflictos entre las naciones y los esfuerzos para reconciliarlas de formas que simplemente no están presentes en las transacciones comerciales.

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Según mi experiencia laborando para varios Secretarios de Estado, dos cosas son muy obvias.

En primer lugar, el éxito en el extranjero de un Secretario de Estado y un presidente también depende de si el mundo coopera y ofrece crisis que puedan desactivarse y acuerdos que puedan negociarse.

En segundo lugar, ningún Secretario de Estado puede tener éxito a menos que se mantenga cerca del presidente y el presidente le cubra las espaldas en Washington y en el extranjero; en Washington no hay triunfantes llaneros solitarios.

James Baker lo resumió muy bien. Él era el hombre de la Casa Blanca en el Departamento de Estado, no el hombre del Departamento de Estado en la Casa Blanca. Y algo me dice que Rex Tillerson ya lo entendió.

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