OPINIÓN: El futuro de las relaciones entre EU y la ONU es incierto

El organismo internacional sin duda es deficiente y con frecuencia es exasperante, pero es una vía para avanzar la agenda de Estados Unidos en el mundo y compartir la responsabilidad con otros.
El presidente electo Donald Trump claramente busca un futuro en que Estados Unidos haga menos y que otros países hagan más, estiman analistas.
Escenario  El presidente electo Donald Trump claramente busca un futuro en que Estados Unidos haga menos y que otros países hagan más, estiman analistas.  (Foto: iStock)
STEWART PATRICK

Nota del editor: Stewart Patrick es alto miembro y director del programa de Instituciones Internacionales y Gobernabilidad Global del Consejo de Relaciones Exteriores. Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) – Entre la basta incertidumbre sobre política exterior generada por la elección de Donald Trump existe una predicción que podemos asegurar: la ONU será golpeada. Un nacionalista poco apologético llegará a la Casa Blanca, los Republicanos están en control de ambas casas del Congreso y el cuerpo mundial está en la mira.

El Consejo de Seguridad votó la semana pasada en contra de los asentamientos israelíes en Cisjordania, una resolución en la que se abstuvo controversialmente la administración de Obama, lo cual ha enfadado a los legisladores republicanos. El presidente electo también se ha pronunciado, vía tuits: "La ONU tiene tanto potencial. Pero ahora mismo es simplemente un club para que la gente se reúna, platique y la pase bien. ¡Triste!”.

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El Secretario de Estado John Kerry intentó defender la diplomacia estadounidense en la ONU, pero los republicanos en el Capitolio están determinados a pasar leyes que condenen al Consejo.

La relación entre la ONU y Estados Unidos es tensa en el mejor de los casos, como fue durante la administración de George W. Bush cuando Estados Unidos impuso una visión unilateral a nivel mundial, o durante la década de los 90, cuando el Senador Jesse Helms castigó a la ONU y generó una crisis financiera en la institución al retener las cuotas de Estados Unidos.

Los críticos conservadores, tanto dentro como fuera del gobierno, culpan a la ONU por las fallas de sus naciones miembros. Dado que carece de circunscripción nacional, es un objetivo irresistible para los demagogos nacionalistas.

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Tras ocho años de la administración más inclinada a Estados Unidos en la historia, la ONU debe prepararse para un shock. Donald Trump es el nuevo alguacil de la ciudad. Donde el presidente Obama se proclamó “ciudadano del mundo”, Trump está canalizando a una base populista profundamente escéptica frente a las organizaciones internacionales, donde las fantasías paranoides sobre los “helicópteros negros” de la ONU como una amenaza para la soberanía estadounidense son profundas.

La organización internacional sin duda es deficiente y con frecuencia es exasperante, pero es la mejor vía para avanzar la agenda de Estados Unidos en el mundo y compartir la responsabilidad con otros.

Por una extraña coincidencia, la transición cuatrienal de la nueva administración de Estados Unidos ocurre justo cuando el nuevo secretario general de la ONU toma posesión de su cargo de cinco años. (La única otra ocasión en que sucedió esto fue en 1953, cuando Dag Hammarskjold tomó posesión de su cargo poco después de Eisenhower).

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En este escenario poco prometedor llega Antonio Guterres, quien se convierte en el noveno secretario general de la ONU. Guterres es un exitoso líder dinámico, pero será presionado para defenderse de los ataques de Estados Unidos a la organización mundial.

Como candidato, Trump adoptó una cantidad de posturas unilaterales, nacionalistas y con frecuencia inmorales que lo ponen en camino a una colisión con las Naciones Unidas. Esto incluyó la promesa de dejar el acuerdo climático de París, romper el acuerdo nuclear con Irán, negar la admisión a refugiados, reinstaurar la tortura y violar las leyes humanitarias internacionales para combatir el terrorismo.

Si bien Trump ha dejado atrás algunas de estas promesas, su imprevisibilidad hace imposible saber si revertirá el curso de nuevo.

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Agravando el predicamento de la ONU, los críticos de la Cámara de Representantes y el Senado están determinados a someterla. Una es la representante Ileana Ros-Lehtinen (R-FL), Presidenta de Relaciones Exteriores de la Cámara, quien ha introducido repetidamente la legislación para alterar fundamentalmente el financiamiento de la ONU por parte de Estados Unidos para que las contribuciones al presupuesto de la ONU no sean evaluadas automáticamente (y obligatoria legalmente) sino simplemente “voluntarias”.

Esto será desastroso para la ONU, pues otros estados miembros inevitablemente seguirían sus pasos. Pero esto ha sido un sueño de los críticos de la ONU y recientemente fue apoyado por el exrepresentante de Estados Unidos John Bolton, mencionado como posible oficial senior en la administración de Trump.

Guterres es, en muchos aspectos, el indicado para hacer frente al impacto negativo de una administración estadounidense inclinada unilateralmente y un Congreso que microgestione. Él es exPrimer Ministro de Portugal, un aliado de Estados Unidos en la OTAN, pero también cuenta con el apoyo sólido de Rusia y China.

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Como alto comisionado de la ONU para refugiados será indispensable en un momento en que el mundo tiene más personas desplazadas por la violencia que en cualquier otro momento de la historia. Notablemente, Guterres fue elegido en un proceso (relativamente) abierto que incluyó entrevistas sin precedentes para todos los candidatos frente a la Asamblea General de la ONU.

Pero tendrá que ser cuidadoso. Por un lado, debe asegurar a los estadounidenses escépticos que usará sabiamente los dólares de los contribuyentes estadounidenses al mismo tiempo que apoyará la agenda de reforma interna dejada por su predecesor Ban Ki-Moon, quien logró poco avance en replantear las prácticas disfuncionales de dirección de la ONU. Por otro lado, no puede darse el lujo de alinear a otros países miembros por parecer el lacayo de Estados Unidos.

Lograr un balance será complejo. Su primer paso deberá ser lanzar consultas silenciosas tanto con el presidente electo como con los miembros del Congreso. El círculo interno de Trump, incluyendo a Nikki Haley, su prospecto para enviado a la ONU, carece completamente de experiencia.

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Guterres necesita hacerles llegar un mensaje pragmático: sin importar las muchas fallas de la organización internacional, Estados Unidos recurrirá una y otra vez a la ONU, tal como lo hizo bajo el mandato de George W. Bush, para lograr su cometido.

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Este mensaje podría resonar con Donald Trump. El presidente electo claramente busca un futuro en que Estados Unidos haga menos y que otros países hagan más. La ONU, donde Estados Unidos obtiene un dólar de esfuerzo por cada 25 centavos que invierte, puede ayudar a otros a compartir la carga. Más específicamente, si el Presidente Trump y Vladimir Putin logran negociar un acuerdo en Siria, necesitarán a la ONU para darle el visto bueno y ayudar a implementarlo.

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