OPINIÓN: El borrón y cuenta nueva de Trump con Rusia podría funcionar

Llevarse bien con Rusia es un objetivo que vale la pena, siempre y cuando el propósito sea atenerse a ciertas conclusiones específicas y no lograr la amistad solo porque sí.
¿Nueva relación?  Estados Unidos y Rusia tienen algunos intereses en común e incluso si el borrón y cuenta nueva tiene éxito, habrá desacuerdos, señalan analistas.  (Foto: AFP)
STEVE CHABOT

Nota del editor: Steve Chabot es congresista republicano estadounidense, representa al primer distrito legislativo del estado de Ohio en la Cámara de Representantes y pertenece a la Comisión de Asuntos Exteriores y a la Comisión Judicial. También preside la Comisión de Pequeñas Empresas. Síguelo en Twitter como @RepSteveChabot. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — Durante las recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos (y después), Donald Trump dijo: "¿No sería agradable que nos lleváramos bien con Rusia?". En ese entonces, el candidato republicano contrastaba profundamente con Mitt Romney, quien decía que Rusia es "nuestro principal enemigo geopolítico".

Otros presidentes de Estados Unidos han intentado conquistar a Putin para tener mejores relaciones. Los resultados no han sido muy buenos. La ineficacia con la que Barack Obama manejó a Rusia ha sido tan vergonzosa que pudo haber animado al exagente de la KGB a anexionarse Crimea y aterró a los aliados de la OTAN a lo largo de la frontera con Rusia.

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Cuando Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero, tendrá que enfrentarse a un montón de asuntos que demuestran hasta dónde llega la interdependencia estratégica de Rusia y Estados Unidos: el control de las armas en China, el terrorismo islámico radical, las amenazas cibernéticas, la proliferación nuclear y el precio de la energía.

A pesar de que los medios liberales se han burlado de Trump, él tiene razón al decir que el diálogo con el gobierno ruso es esencial, aunque solo sería productivo si hablamos de los temas complicados en los que no estamos de acuerdo.

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Llevarse bien con Rusia es un objetivo que vale la pena, siempre y cuando el propósito sea atenerse a ciertas conclusiones específicas y no lograr la amistad solo porque sí. En la política internacional, dejarse llevar para llevarse bien puede ser letal. Tan solo pregúntenselo los habitantes de Checoslovaquia en 1938, a los de Georgia en 2008 o a los de Crimea en 2014.

Eso no significa que haya que evitar los compromisos, abandonar los enfrentamientos o usar reflexivamente a uno para excluir al otro. El compromiso y el enfrentamiento deben verse como herramientas para promover nuestros intereses.

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Para tener una relación más productiva con Rusia, necesitamos darnos cuenta de cuatro cosas:

Primero, que Rusia todavía se está recuperando de la gran pérdida de poder. Aunque Winston Churchill haya pronunciado la famosa frase: "Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma", nuestros problemas con el gobierno ruso surgen de su búsqueda de prestigio y de la pérdida de su relativo poder militar y económico.

Segundo, no hay que esperar que el borrón y cuenta nueva se parezca a la Ostpolitik de la nueva Alemania ni a la "Política del Sol" de Corea del Sur. Aunque el borrón y cuenta nueva sea exitoso, las relaciones entre Rusia y Estados Unidos no se parecerán a nuestra relación con Reino Unido.

Sin embargo, podríamos cooperar con Rusia en algunos asuntos como el terrorismo, el control de armas y tal vez la estabilización de Asia Central. Es probable que difiramos en otros como la protección de nuestros aliados de la OTAN o la mala conducta de Rusia en Ucrania.

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Tercero, a pesar de la decadencia relativa de Rusia, el Kremlin tiene a su disposición una serie de instrumentos que le dan influencia. Por ejemplo: en vista de la postura de Obama respecto a Siria, es probable que Rusia tenga la batuta en este tema y podría tratar de influir en otras regiones delicadas, tales como los países del Báltico.

Cuarto, Estados Unidos no tiene un problema con Putin. Putin es el clásico líder autoritario ruso, aunque es más efectivo que la mayoría. Si muriera o lo derrocaran mañana, su sucesor probablemente adoptaría una postura similar en cuanto a política exterior. Estados Unidos tiene un problema con Rusia porque tenemos diferencias en nuestros intereses.

En conclusión, el presidente electo Trump tiene razón: sería agradable que nos lleváramos bien con Rusia. Todos los presidentes que ha habido desde que terminó la Guerra Fría han pensado algo parecido. Es importante que pensemos en el diálogo y en el compromiso como herramientas para alcanzar nuestras metas, no como fines en sí mismos.

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Si pueden engrasarse los engranes de la cooperación con halagos, Trump debe seguir con el plan. Pero nunca debemos perder de vista nuestro objetivo principal: la búsqueda de una política que ponga en primer lugar los intereses de Estados Unidos. No debemos olvidar que a Rusia la mueve el deseo de restaurar su vieja condición.

Estados Unidos y Rusia tienen algunos intereses en común e incluso si el borrón y cuenta nueva tiene éxito, habrá desacuerdos. Aunque los líderes son importantes, Putin no es una anomalía en el caso de Rusia.

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Algo es seguro: cualquier cosa representará una mejora en comparación con la desastrosa política de Obama respecto a Rusia.

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