OPINIÓN: Estaremos bien con Donald Trump, siempre y cuando…

La campaña de 2016 (y todo lo que pasó después) ha tensado las relaciones con los amigos, los colegas, la familia y los vecinos; incluso ha causado conflictos entre desconocidos.
ANA NAVARRO

Nota del editor: Ana Navarro es estratega y analista republicana; presidió la campaña nacional hispana de John McCain en 2008; fue una de las presidentes de la división hispana de la campaña de Jon Hunstman en 2012 y respaldó la candidatura de Jeb Bush en 2016. Síguela en Twitter como @ananavarro. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de la autora.

(CNN) — Así es, amigos. Esto realmente está ocurriendo. Donald Trump tomó posesión como el presidente 45 de Estados Unidos. Desde las elecciones, vi a los opositores de Trump intentar salvarse o formular teorías con la esperanza de que este día no llegara. Primero tuvieron esperanzas en el recuento en los estados. El resultado no cambió. Luego, trataron de persuadir a los electores de no votar por Trump en el Colegio Electoral. No funcionó.

Luego, la pregunta fue si se le podía someter a juicio político por la interferencia de Rusia, por los conflictos de intereses, porque su peinado es gracioso. Eso tampoco funcionó.

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Respiren profundo. Tomen un gran trago de cualquier bebida (alcohólica o no) que tengan a la mano. Prepárense para la realidad. Este viernes 20 de enero, Donald J. Trump es presidente de Estados Unidos. ¡Cielos!

Desafortunadamente las divisiones que vivimos como país no son menores que el día siguiente a las elecciones. De hecho, es probable que estemos más polarizados. Las facciones se han atrincherado. Los partidarios de Trump piensan que el hombre no hace daño, sin importar lo locos o antipresidenciales que puedan ser sus actos o sus tuits. Los detractores de Trump cuestionan su legitimidad.

Conforme me dirijo a la toma de protesta de Trump, lo surrealista se vuelve real.

Así juró Donald Trump como el presidente 45 de Estados unidos

Abordé un vuelo de Miami a Washington. Muchos de los pasajeros respaldan a Trump y viajaron a la capital de Estados Unidos para participar en las festividades de la toma de posesión. Muchos otros pasajeros eran mujeres de todas las edades, colores y estratos sociales que se dirigían a la Marcha de las Mujeres que se llevará a cabo el sábado 21 de enero.

Parte de mí rezaba para que no se desatara la Tercera Guerra Mundial entre estos dos grupos divergentes en el vuelo. Otra parte de mí estaba asombrada por el simbolismo. Era uno de esos momentos que solo puede darse en Estados Unidos.

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A menos que no te hayas enterado de las noticias o que hayas vivido en la Estación Espacial Internacional durante los pasados 18 meses, sabes que Trump no me cae bien. De hecho, eso es poco decir. Aunque no digo que sus simpatizantes son deplorables, no me molesta en lo absoluto decir que él lo es.

Durante su campaña, Trump facilitó, permitió, hizo proselitismo a favor de y fomentó lo peor de Estados Unidos: el racismo, la división, la discriminación, la misoginia… Nunca lo olvidaré ni se lo perdonaré. Nunca. No obstante, estoy lista para juzgarlo independientemente de su desempeño como presidente. Cuando trate de hacer cosas buenas para mejorar la vida de los estadounidenses, lo alabaré. Cuando trate de hacer cosas que en mi opinión afectarán a nuestro país y nos dividirán aún más, pelearé contra él con todo.

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Habiendo dicho eso, los estadounidenses (tanto los que votaron por Trump como los que no) siguen teniendo razones para celebrar.

Celebro que vivo en un país en el que hemos disfrutado de más de 240 años de sucesiones democráticas. Celebro que estamos en nuestra 45.ª transferencia del poder entre presidentes. Celebro que vivimos en un país en el que no me obligan a asistir a un evento patrocinado por el Estado.

En todo el mundo hay regímenes cuyos ciudadanos sufren represalias si no se presentan a saludar a la bandera, a aplaudir y a fingir entusiasmo en eventos oficiales. Cuba, situado a apenas 140 kilómetros de las costas estadounidenses, es uno de esos países.

Él es Donald Trump, el presidente 45 de los Estados Unidos

Hay lugares en el mundo en los que protestar contra un líder del gobierno puede terminar en desempleo, acosos o golpizas, encarcelamiento o la muerte. Vivimos en un país en el que tenemos la libertad de criticar, cuestionar y someter a escrutinio a nuestros funcionarios electos.

Algunos estadounidenses ponen en duda la legitimidad de Donald Trump como presidente. A otros les enfurece que haya cuestionamientos. No hay que olvidar que Donald Trump se hizo famoso haciendo cuestionamientos. Dudó abiertamente de la legitimidad (más aún, de la ciudadanía) de Barack Obama.

Los siguientes cuatro años no serán fáciles. La campaña de 2016 (y todo lo que pasó después) ha tensado las relaciones con los amigos, los colegas, la familia y los vecinos. Incluso ha causado conflictos entre desconocidos.

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Lo más importante que tenemos que recordar, por el bien de nuestra salud y seguridad, es que en Estados Unidos, el derecho a votar y a elegir democráticamente a un presidente es tan preciado y tan valioso como el derecho a protestar y a expresar tus objeciones a ese presidente.

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No hay nada más estadounidense que reconocer que aunque no estemos de acuerdo en temas políticos, aunque no estemos de acuerdo con el presidente y aunque no nos caigamos bien, todos tenemos los mismos derechos. Si recordamos eso, estaremos bien.

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