OPINIÓN: Cómo usar el pasado para pelear por tus derechos hoy

Echar un vistazo a la historia nos da abundantes lecciones sobre lo que está en juego cuando permitimos que la histeria y las falsedades atropellen los derechos de la gente.
Diversas manifestaciones se han registrado en EU en protesta por la toma de posesión del presidente Trump y de las nominaciones a su gabinete.
Manifestaciones  Diversas manifestaciones se han registrado en EU en protesta por la toma de posesión del presidente Trump y de las nominaciones a su gabinete.  (Foto: Cortesía)
SHANA BERNSTEIN

Nota del editor: Shana Bernstein es profesora asociada de Estudios Jurídicos de la Universidad Northwestern de Estados Unidos. Escribe y da clases sobre inmigración, derechos civiles y medioambiente, además de que escribió el libro Bridges of Reform: Interracial Civil Rights Activism in Twentieth-Century Los Angeles. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — El fin de semana del 20 de enero viajé de Chicago a Washington para participar en la Marcha de las Mujeres. Rodeada de cientos de miles de mujeres y hombres, jóvenes y mayores, negros y blancos, en sillas de ruedas o a pie, me sentí inspirada al ver cuántos sentimos la necesidad de defender nuestros derechos y los de nuestros compatriotas de todos los estratos.

En el avión de Chicago a Washington (que iba lleno de gorras rosadas) y entre la multitud en el National Mall, la marcha y su alcance me levantó el ánimo por primera vez en más de dos meses, ya que me di cuenta de que mis compatriotas estadounidenses creen que tenemos que actuar como ciudadanos para proteger nuestros derechos.

Algunos afirman que esta clase de protesta es partidista e injusta porque Donald Trump acaba de asumir la presidencia. Pero hay muchas pruebas que indican que los manifestantes tienen razones para estar preocupados.

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Este mes, Human Rights Watch publicó un informe en el que se indica que, por primera vez en 27 años, Estados Unidos fue una de las mayores amenazas a los derechos humanos porque Donald Trump resultó electo.

Human Rights Watch publicó su informe la misma semana en la que el Congreso estadounidense ratificó a Jeff Sessions como secretario de Justicia a pesar de la oposición de grupos de defensa de los derechos civiles como la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU).

Soy historiadora, así que estoy en condiciones de detectar amenazas (pasadas y actuales) a nuestras garantías individuales. La marcha, la toma de posesión y el informe de Human Rights Watch coinciden con el 30.º aniversario de la promulgación en la Asamblea de Representantes de Estados Unidos de un trabajo legislativo que compone la Ley de Libertades Civiles de 1988, una disculpa del Congreso en nombre del país por el encarcelamiento de más de 120,000 personas de ascendencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.

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Esta es una oportunidad importante para hacer una pausa y reflexionar. El 6 de enero de 1987, el legislador Tom Foley presentó una ley con la que se reconocería que el encarcelamiento de ciudadanos y extranjeros bajo el pretexto de la necesidad militar había sido un error, una "injusticia grave" alimentada por el racismo.

En su texto final, la propuesta que el entonces presidente Ronald Reagan promulgó señalaba: "el encarcelamiento de individuos de ascendencia japonesa fue consecuencia de los prejuicios raciales, de la histeria en tiempos de guerra y del fracaso de la dirigencia política".

La situación actual nos muestra que no podemos darnos el lujo de olvidar el pasado. El Southern Poverty Law Center sigue informando que las elecciones aparentemente provocaron incrementos significativos en los crímenes de odio.

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Cabe señalar que algunos de los asesores del presidente electo justificaron la propuesta de crear un registro de musulmanes diciendo que el encarcelamiento de japoneses estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial era un precedente creíble.

Junto con dos colegas, organicé recientemente una declaración de principios que ahora cuenta con la firma de casi 1,800 expertos en historia de Estados Unidos y otros campos relacionados, entre los que se cuenta a al menos seis ganadores del premio Pulitzer, acreedores del premio MacArthur a la "Genialidad", a cinco ganadores del premio Bancroft, a doce miembros de la sociedad Guggenheim y a muchos estudiosos muy distinguidos y prominentes de todo el país y el mundo.

Esto indica que debemos usar nuestro conocimiento de la historia (como el contenido de la Ley de Derechos Civiles de 1988 y el reconocimiento que en ella se hace de los errores pasados de nuestro país) como parte de lo que conocemos como "ciudadanía informada".

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Echar un vistazo a la historia nos da abundantes lecciones sobre lo que está en juego cuando permitimos que la histeria y las falsedades atropellen los derechos de la gente. Una de las lecciones clave es no repetir nunca estos errores, así que emitimos un llamado a reconocer los lazos críticos entre el conocimiento de la historia, la ciudadanía informada y la protección de los derechos civiles y humanos, y a actuar en consecuencia.

No faltan quienes opinan que los historiadores deben ser imparciales y que al emitir una declaración masiva tomamos partido o simplemente reflejamos el supuesto "prejuicio liberal" de los académicos. Pero este no es un asunto partidista ni liberal. Es un asunto estadounidense.

La ciudadanía informada es esencial para la democracia, como lo reconocieron los creadores de la Constitución de Massachusetts de 1780 al consagrar en dicho documento que la "sabiduría y conocimiento, así como la virtud, difundidas en general entre el grueso del pueblo" son "necesarias para la preservación de sus derechos y libertades".

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La carga de asegurar que nuestra democracia sea justa corresponde a los ciudadanos, así que exhorto a mis compatriotas a informarse y a ayudar a sostener nuestra democracia poniendo atención a la historia y a la política actual, a comprometerse a conocer los hechos y a comunicar a los funcionarios electos sus inquietudes sobre las violaciones a los derechos y las libertades civiles y sobre otros peligros para la democracia.

En nuestra declaración destacamos otras persecuciones históricas, acontecimientos que demuestran que es fácil que se suspendan los derechos de las personas en tiempos de gran incertidumbre, y revelamos lo esencial que es la "ciudadanía informada" para la preservación de los ideales democráticos estadounidenses.

Además del encarcelamiento, señalamos las "cacerías de brujas" de principios de la Guerra Fría, época en la que las investigaciones de la Comisión de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (HUAC, por sus siglas en inglés) destruyó la vida de incontables maestros, artistas, políticos, escritores y demás.

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Tanto republicanos como demócratas denunciaron las cacerías de brujas relacionadas con Joseph McCarthy a lo largo de las audiencias Ejército-McCarthy que se llevaron a cabo en el Senado estadounidense en 1954.

Tras décadas de investigaciones, debates y análisis, los historiadores han llegado al consenso de que los episodios de encarcelamiento y macartismo estuvieron mal encaminados y fueron inmorales.

La historia política llena de matices, tanto del encarcelamiento como del macartismo, demuestra que los dos partidos políticos más importantes han estado del lado correcto de la historia en algunas ocasiones, pero también han violado los ideales democráticos.

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Los republicanos y los demócratas se aliaron durante las audiencias Ejército-McCarthy de 1954 para denunciar a McCarthy (quien era republicano) y también lo hicieron para apoyar la Ley de Libertades Civiles en 1988. Ronald Reagan, héroe del partido republicano, promulgó la ley de 1988. Franklin Delano Roosevelt, uno de los personajes más respetados de los demócratas, firmó la orden de encarcelamiento.

El mismo Earl Warren que se volvió el héroe de los liberales cuando guio a sus colegas de la Suprema Corte de Estados Unidos en fallos como el del caso Brown contra la Junta de Educación de 1954, ayudó a orquestar el encarcelamiento cuando era fiscal general de California en la Segunda Guerra Mundial.

Otros estudiosos y yo nos unimos a los políticos republicanos y demócratas que denunciaron esta clase de políticas en otros tiempos y a los millones de manifestantes que defienden los derechos de todos los estadounidenses; repudiamos en los términos más firmes posibles cualquier política futura que fomente el regreso a la intolerancia y la inhumanidad (inconstitucionales) de estos episodios del pasado.

Es profundamente perturbador encontrarnos en un momento histórico en el que parece que los llamados mal encaminados al odio y al miedo ganan tracción. Nuestro presidente desdeña temerariamente los hechos y su portavoz, Kellyanne Conway, indica que los "hechos alternativos" son tan reales como los hechos reales y desecha las lecciones históricas que podrían sacarse de los casos en los que los políticos reemplazaron los hechos con exageraciones o, peor aún, con ficciones absolutas.

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Me consuelo y sumo mi voz a la de quienes nos han recordado recientemente que como sociedad tenemos que volver a aprender las lecciones de la historia y aplicar el pensamiento crítico a nuestra actualidad. Imploro a mis compatriotas, ya sean demócratas, republicanos, libertarios, ecologistas o independientes, que se vuelvan ciudadanos informados, a que lean nuestra historia con una mentalidad crítica y con admiración y que se preparen para luchar contra cualquier intento por socavar nuestra democracia.

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