OPINIÓN: Con Trump como presidente, ¿EU sigue siendo un aliado confiable?

El mandatario pone en duda el orden mundial a través de simplificaciones exageradas y desmedidas en el momento en que menos perturbaciones se necesitan.
¿Limitaciones?  Donald Trump no podrá controlar los acontecimientos mundiales como lo ha hecho en casa, en donde tuvo que reunir suficientes partidarios para ganar la candidatura republicana.  (Foto: AFP)
NIC ROBERTSON

Nota del editor: Nic Robertson es editor de temas de diplomacia internacional de CNN. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — Para algunas personas no fue más que un encuentro casual, un tango breve de conveniencias… pero para la mayoría, el romance con Estados Unidos creció sin que se dieran cuenta.

Ese primer héroe hollywoodense que salva al mundo en una película con un final sensiblero o esa caricatura, ese libro para colorear o ese rompecabezas de Disney. Fue subliminal, tan magnético como el lazo evolutivo que se tiene con los padres.

No obstante, a lo largo de las semanas recientes, Donald Trump empezó a cortar ese cordón umbilical. Su retórica de "Estados Unidos es primero" hace surgir una pregunta que alguna vez habría sido inimaginable: ¿Él sigue siendo un aliado confiable? ¿Estados Unidos sigue siéndolo?

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George H. W. Bush llegó a la Casa Blanca en 1989 tras haber sido vicepresidente de Ronald Reagan, el actor vuelto presidente.

Un año más tarde, Saddam Hussein invadió Kuwait y Bush puso a prueba la afinidad del mundo por Estados Unidos al pedir a sus aliados que le ayudaran a expulsar al dictador. Los 32 países que se incorporaron a la coalición encabezada por Estados Unidos tenían diversas capacidades militares: Argentina, Suecia, Senegal y Polonia, por mencionar algunos.

Pero ahora, parece que ese grado de apoyo no es tan seguro.

Trump ha hecho comentarios preocupantes acerca de China en Twitter y en televisión y ha demostrado una afinidad inexplicable por Rusia, así como un desdén desolador por los pilares de la comodidad europea: la OTAN y la Unión Europea. Muchos de los viejos aliados de Estados Unidos hoy se preguntan qué penurias les esperan.

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Nadie sabe qué va a pasar. Las decisiones están en pausa y todo está ocurriendo en un momento muy inquietante. Parece que a lo largo del año que ha pasado, el mundo se ha encogido. Es como si la interconectividad del mundo hubiera evolucionado sutilmente.

Sabíamos que podíamos subirnos a un avión y llegar a Nueva York, Londres o Nueva Delhi en unas cuantas horas, pero ahora parece que las cosas son ligeramente diferentes. A pesar de que el mundo es más caótico y más complicado, de alguna forma parece que todo es más sencillo y más rápido.

Tres años de temperaturas récord, una guerra en Siria, la desintegración de la unidad europea… y ahora Trump y sus tuits que rebotan en todas las capitales del mundo. A todos nos afecta todo y a menudo, de forma inmediata.

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No hace mucho, China ignoraba gran parte de lo que no le gustaba. Actualmente, la diplomacia de Trump en Twitter provocó una respuesta expedita: "La diplomacia en Twitter es indeseable", declaró la agencia noticiosa estatal de China.

Trump usó sus tuits durante su campaña de forma tal que distrajo a la gente de los temas más espinosos. No parece que sea fácil disuadirlo de que lo haga en la presidencia. Eso también es preocupante. Es como un abusador con una resortera en la mano. Cada tuit provoca una herida superficial, pero nada más grave. Parece que a menudo usa Twitter simplemente para tener la última palabra… pregúntenle a Meryl Streep o a Arnold Schwarzenegger.

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Su estilo es la antítesis de la diplomacia mesurada, discreta y sosegada. Pone en duda el orden mundial a través de simplificaciones exageradas y desmedidas en el momento en que menos perturbaciones se necesitan.

El peligro es que ninguno de los tuits de Trump causa heridas de muerte. Antagoniza, aliena y desestabiliza a amigos y a enemigos por igual. Ninguno de ellos irá a ninguna parte.

En el escenario mundial, no será tan fácil distraer a los países y a sus líderes como lo fue distraer a los electores estadounidenses de sus principales inquietudes. La avalancha diaria de tuits no los distraerá de sus objetivos, ya sean islas artificiales o la designación de su embajador ante Estados Unidos.

La estrategia mediática de los presidentes de Estados Unidos

Ahora como presidente, es posible que se dé cuenta de que uno o dos tuits al día no harán que la mala noticia de ayer desaparezca. En pocas palabras, no podrá controlar los acontecimientos mundiales como lo ha hecho en casa, en donde tuvo que reunir suficientes partidarios para ganar la candidatura republicana y luego la mayoría en el Colegio Electoral.

Ocurrirá lo inesperado: un simple atentado terrorista o una cascada compleja de catástrofes. Kim Jong Un hará lo que quiera cuando le dé la gana; los chinos le responderán lo que quieran cuando quieran. ¿Qué pueden hacer 140 caracteres para evitarlo?

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El legado de la presidencia de Barack Obama es que el mundo ya no espera a que el Tío Sam actúe. Se encargó de ello al titubear ante la situación de las armas químicas en Siria.

Pero entre la petulancia de Trump, sus diatribas en Twitter y su retórica a veces belicosa (de la que suele retractarse unas horas después), nadie sabe qué va a pasar. Estamos entrando en territorio inexplorado.

Es probable que la diplomacia en Twitter desaparezca, pero es una táctica que deja ver la estrategia: distraer, disimular, retirarse. La necesidad de enfrentar cada batalla con la misma filosofía de ataque no desaparecerá. El abusador necesita encontrar nuevos blancos para sus golpes.

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¿Quién sabe? Tal vez el estilo de Trump sea la nueva norma. Como bien saben todos los historiadores de la guerra, la llegada de todas las ventajas militares (ya sea el arco o el tanque) fue decisiva para la victoria en el campo de batalla, aunque haya sido por un lapso limitado.

Pero si sigue haciendo enemigos en el extranjero al paso al que lo ha hecho en los meses recientes, el romance con Estados Unidos pronto estará bajo presión.

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Las tensiones con Rusia, sus aliados en el golfo Pérsico e Israel han sido intensas desde hace tiempo. Algunos lo atribuyen a la forma en la que Obama abordó la Primavera Árabe; otros a la reacción a la anexión de Crimea por parte de Putin y a la invasión del este de Ucrania.

Una vez dicho eso, el amor del mundo por los estadounidenses sigue siendo mucho… tan solo hay que pensar en el amor que se ha profesado a Obama mientras se prepara para dejar la presidencia.

Obama llegó a la Casa Blanca con un aire de estrella de rock. Se va (a pesar de los tropiezos durante su mandato) en el punto más alto, con el respeto de la comunidad internacional gracias a su integridad y su mesura.

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La cuestión es si ahora Trump podrá aliviar la incertidumbre que generó su candidatura y asegurarse de que Estados Unidos tenga amigos cuando los necesite, porque nos guste o no, el espacio entre la acción y la reacción en el escenario mundial se está reduciendo.

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