OPINIÓN: El reloj de los "cien días" del gobierno de Trump está corriendo

En vista de todo lo que se dice sobre la impredecibilidad y el estilo audaz del empresario, la agenda de su administración podría cambiar inesperadamente en estos primeros cien días.
Su discurso de toma de posesión indicó que, una vez más, el "giro" de Trump tendrá que esperar.
Trump  Su discurso de toma de posesión indicó que, una vez más, el "giro" de Trump tendrá que esperar.  (Foto: Cortesía)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton y miembro de New America. Ha escrito los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) — El reloj está corriendo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene de aquí al 29 de abril para sacar el máximo provecho de sus primeros "cien días" en la presidencia.

Desde que Franklin Roosevelt acuñó el término en 1933 al promover en el Congreso una de las agendas internas más audaces de la historia de Estados Unidos (75 propuestas de ley en total), estas semanas importantes de la historia temprana de una presidencia se han vuelto el parámetro con el que los políticos y los expertos miden la efectividad de un nuevo líder.

Los resultados de los "cien días" de los diferentes presidentes han sido contradictorios.

En el caso de John F. Kennedy, el Congreso estaba dominado por los demócratas, pero estaba profundamente dividido entre los demócratas conservadores del sur y los liberales del norte, por lo que gran parte de su agenda interna chocó con pared; por otro lado, el fiasco de Bahía de Cochinos, en Cuba, provocó que muchos estadounidenses dudaran de su competencia en asuntos de política exterior.

Ronald Reagan no logró hacer tanto como Roosevelt porque el Senado republicano no pudo superar la oposición de la Cámara de Representantes demócrata, además de que John Hinckley le disparó en marzo. Sin embargo, Reagan logró que una reducción de impuestos histórica avanzara en el Congreso y desreguló los mercados petroleros a través de decretos.

A Bill Clinton le fue mucho peor que a Kennedy a pesar de que la Asamblea de Representantes estuvo en poder de los demócratas hasta 1994 y a pesar de que había prometido un éxito abrumador.

En sus primeros cien días, Barack Obama logró que el Congreso trabajara en su propuesta de ley de estímulos y promovió las propuestas de regulación financiera que culminarían en la ley Dodd-Frank.

La verdad es que lo de los cien días es una ficción, una forma en la que los presidentes definen un periodo específico con el fin de presionar a los aliados del Congreso para que se muevan lo más rápido posible antes de que pierdan la oportunidad de legislar. Es interesante señalar que algunos presidentes a los que se considera un fracaso, como Jimmy Carter, tuvieron unos "cien días" bastante productivos.

La narrativa

La idea de los "cien días" ofrece a los medios de comunicación la oportunidad de generar una atmósfera dramática para los espectadores y para los lectores a través de una narrativa clara.

Toda la premisa descansa en la creencia de que un presidente tiene cierto "capital político" que puede usar después de las elecciones para promover asuntos en el Congreso, una especie de luna de miel en la que los legisladores obedecen su voluntad. Como descubren todos los presidentes, estos conceptos están exagerados y la oposición está lista para pelear durante los "cien días" y después.

¿Qué hará Donald Trump en sus "cien días"? En vista de todo lo que se dice sobre su impredecibilidad y su estilo audaz, es bastante evidente lo que veremos en este periodo. Su discurso de toma de posesión indicó que, una vez más, el "giro" de Trump tendrá que esperar. Aunque los detalles no están muy claros, y los detalles son lo más peligroso, seguramente trabajará con el Congreso republicano en varios objetivos.

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Desregulación

Pocos temas han animado tanto a Donald Trump como la desregulación de la economía, particularmente de los mercados de energéticos y las instituciones financieras. No fue ninguna sorpresa que los mercados se dispararan después de que Trump resultara electo. Después de todo, Trump es un defensor apasionado de la idea central de la Revolución Reagan: lo mejor es eliminar las restricciones gubernamentales a la actividad económica. Trump dejó bien claro a lo largo de su campaña que considera que las regulaciones federales inhiben el crecimiento económico.

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Seguramente veremos que buscará agresivamente que se eliminen las prohibiciones a la perforación en el extranjero, mismas que han dificultado la exploración petrolera. Como eligió cuidadosamente a personalidades de Wall Street para llenar su gabinete, la administración también buscará derogar las regulaciones financieras (ley Dodd-Frank) que se implementaron tras el derrumbe de 2008.

La desregulación no solo se llevará a cabo a través de decretos y legislación, sino a través de miembros potenciales del gabinete, tales como Rick Perry y Scott Pruitt (si los confirman), a quienes no les gustan los programas que ahora tienen la responsabilidad de administrar.

Abrogaciones

Trump ha dejado bien claro que irá tras lo más que pueda del legado de Barack Obama. El primer programa en la fila al cadalso es la Ley de Cuidado de Salud Asequible. Los republicanos del Congreso ya empezaron a aprobar leyes con las que se eliminan gran parte del programa.

Si Trump cumple su promesa de destazar el programa, será difícil que los demócratas lo impidan. En efecto, si millones de personas pierden sus prestaciones podría haber consecuencias catastróficas y contragolpes políticos, pero en este momento parece que los republicanos decidieron que lidiarán con eso después.

Trump también prometió que iría tras otros programas, tales como los decretos relativos a los Dreamers, con los que se permitió que los hijos de inmigrantes indocumentados, nacidos en Estados Unidos, se quedaran en el país.

Es probable que use sus facultades ejecutivas para derogar los logros de Obama en materias como el acuerdo climático de París, la Alianza Transpacífico y el acuerdo nuclear con Irán.

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También es muy probable que arremeta contra decretos menos conocidos, tales como el de 2016 dirigido a la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, en el que se extendió considerablemente el alcance de la definición de personas "involucradas en el negocio" de venta de armas de fuego con el fin de dar mayor poder regulatorio del gobierno federal.

Legislación

Trump no solo se concentrará en derribar cosas. Como tiene que trabajar con un Congreso republicano muy conservador, intentará aprovechar esta oportunidad para construir su propio legado. Aunque no sabemos si estampará sus programas con el logotipo Trump, lo que sí sabemos es que hay varios ámbitos en los que promoverá leyes que sirvan para cumplir algunos de sus objetivos de campaña.

Es muy probable que veamos que la Casa Blanca se esfuerce por cumplir lo que prometió respecto al endurecimiento de las reglas antiinmigración. Es probable que lo arriesgue todo para promover la construcción del muro o que trabaje dentro de los límites de lo que es políticamente más fácil, ya sea incrementar las deportaciones o destinar más recursos al control de las fronteras. También se espera que presente una propuesta de ley de infraestructura cargada de incentivos fiscales para las inmobiliarias con el fin de demostrar que se toma en serio la generación de empleos, lo que pondrá a los demócratas en dificultades para oponerse.

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Otro tema con el que podría atraer a los demócratas podría ser el paquete de reformas fiscales con el que se pretende la eliminación de incentivos a las empresas que se trasladen al extranjero. Las reformas para eliminar lagunas legales siempre han sido un tema que puede atraer el apoyo de ambos partidos.

Nominar y confirmar

Trump ya empezó con este proceso. Ha presionado fuerte y rápido para que confirmen a sus elegidos para el gabinete y quiere llenar las oficinas con personas que promoverán una agenda bastante conservadora si los confirman. Es probable que algunos de los candidatos se vean en problemas, particularmente por cuestiones éticas que han surgido en las audiencias.

El problema principal es que los demócratas del Senado acabaron con sus posibilidades de obstrucción en todas las confirmaciones en 2013, lo que significa que los republicanos solo tienen que lograr una mayoría simple en el Senado para aprobar a los candidatos.

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La batalla más difícil se librará en la Suprema Corte, en donde los demócratas aún tienen poder para obstruir. Trump prometió que elegiría candidatos muy conservadores para llenar las vacantes actuales con el fin de inclinar la balanza a la derecha. Es muy probable que lo haga pronto para ganarse el apoyo de las bases conservadoras.

La Suprema Corte no será el único caso. Pretenderá llenar tantos juzgados federales como pueda con jueces conservadores con el fin de ganarse el apoyo de la derecha y con los demócratas del Senado que ahora no pueden obstruir sus nombramientos.

Pelear

No se sorprendan si Trump ejerce su poder presidencial con un despliegue de fuerza en contra de ISIS. A lo largo de su campaña, Trump criticó a la administración de Obama por haber sido demasiado tímido frente a las amenazas internacionales a la seguridad. Criticó a la administración por rehusarse a tomar medidas firmes cuando los terroristas atacaron y por no hacer lo suficiente en Siria para acabar con las fuerzas de ISIS que luchaban contra el régimen de al Asad. Ahora, todos están atentos a la Casa Blanca para ver si el presidente recurre a la fuerza militar para responder a esas cuestiones de seguridad.

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Revertirá gran parte de lo que Obama logró al dar prominencia a la diplomacia y a las alianzas internacionales. Es probable que siga habiendo declaraciones provocadoras respecto a China y que persistan las amenazas comerciales a países a los que considera hostiles.

Se pondrá a prueba a la OTAN más que nunca con los ataques de Trump y el posible apoyo a las amenazas republicanas de reducir la contribución económica de Estados Unidos. Tampoco debería sorprendernos que se reduzcan las sanciones a Rusia.

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Claro que es imposible predecir totalmente cómo serán los "cien días". Los acontecimientos inesperados pueden cambiar la agenda de una administración y obligar al presidente a adaptarse y a mejorar para moverse en nuevas direcciones.

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