OPINIÓN: Un México 'congelado' en los años 90 frente a un nuevo orden mundial

El país se quedó atrapado en la década de la apertura comercial, teniendo al comercio exterior como su forma de vida y también nuestra debilidad, algo que Trump sabe muy bien.
El nuevo orden mundial dejó un regalo en Estados Unidos llamado Donald Trump.
Expectativas  El nuevo orden mundial dejó un regalo en Estados Unidos llamado Donald Trump.  (Foto: Cortesía)
Iván Franco

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en su cuenta de Twitter @IvanFranco555 .Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) — La semana pasada Carlos Slim ofreció una conferencia de prensa para hablar, entre otras cosas, de la relación México-Estados Unidos. Slim es quizá el único mexicano que ha sido aceptado por Trump. Y ante la ausencia de líderes de hecho, él representa un importante activo para México.

Lo que llamó mi atención fue el nerviosismo que Slim mostró ante las cámaras durante los minutos iniciales de su ponencia. A mi entender, esto se explica por lo siguiente:

Slim no dirigió su crítica al presidente estadounidense sino a las estructuras y liderazgos de nuestro país. Hizo bien. Su línea de argumentación fue la de mirar hacia dentro y crear las oportunidades aquí, más que enfocarnos en los dichos del iracundo y hábil negociador Trump. En un contexto pragmático y racional, el empresario ayudó a los mexicanos a enfriar los ánimos, aunque sea temporalmente.

Esto sugiere que con Trump o sin él, nuestro país está igualmente perdido.

Un concepto interesante que mencionó es el plan económico del presidente estadounidense, al que juzgó regresivo. Una vuelta al pasado glorioso de la industria del país norteamericano. Y tiene razón.

No obstante, México también se encuentra atrapado en el pasado. Para ser precisos, nos quedamos congelados en los años noventa, la década de la apertura comercial. Como país, el comercio exterior es nuestra forma de vida y también nuestra debilidad. Y Trump lo sabe.

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El mundo ha cambiado y el nuevo orden mundial ya visitó a Estados Unidos y se aproxima velozmente hacia México. El nuevo orden es, además de la reestructuración geopolítica del mundo, la demolición del establishment y el cambio de paradigma del modelo de desarrollo.

Las nuevas reglas del desarrollo se fundamentan en el retorno a los nacionalismos, pero con un inevitable componente globalizador. El comercio internacional no se puede terminar ni con los nacionalismos más rígidos. Al contrario, debería exacerbarse y la competencia cerrarse aún más.

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Si el nuevo orden mundial comenzó con las ideologías nacionalistas –por ejemplo, los BRICS y brexit– necesariamente tendrá que converger hacia un nuevo orden económico. En mi apreciación, el aspecto económico estará marcado por un cambio en las reglas monetarias. Pero ese es tema para otra ocasión.

Lo que ningún dirigente mexicano entiende, incluyendo a Slim, es que nuestro país ya cambió. Y en buena medida, gracias a la generación de los millennials. El plan de desarrollo de las empresas gigantes, proveedoras de miles de empleos y con una vida asalariada asegurada, está derrumbándose.

Nuestro país cuenta con casi 5 millones de empresas, de las cuales 88% son microempresas. Estas son fundadas y manejadas por admirables emprendedores que, ante la necesidad de proveerse de mejores oportunidades, abandonan –si es que lo hay– el mercado de trabajo subordinado y de bajos salarios. Las microempresas generaron 20.6 millones de empleos en 2016, es decir, 40% de la población ocupada.

El problema es que en nuestro país no existen las estructuras, las instituciones ni los liderazgos para gestionar al emprendimiento. Seguimos viviendo en los años noventa, con la partidocracia, los pactos políticos draconianos, los oligopolios, la corrupción, la desregulación irracional de algunos sectores y una política económica y fiscal que favorece a las grandes empresas sobre el capital emprendedor. Y que, además, expulsa mexicanos hacia Estados Unidos.

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En cambio, estamos orgullosos de las reglas donde el mercado nos corrige. Esas bajo las cuales Carlos Slim perdió más de 20,000 millones de dólares de su fortuna (denominada en dólares), causada en parte, por la devaluación. Incluso, él sugirió usar parte de las reservas internacionales para estabilizar al peso. Después de todo, si lo hace el segundo país más rico del mundo, ¿por qué México no?

China, uno de los nuevos líderes mundiales, se protege estratégicamente en varios frentes: la inconvertibilidad del yuan, sus incrementadas reservas de oro, el bitcoin, sus casi 2 billones de dólares de bonos del tesoro y, claro, sus bombas nucleares. Nosotros en cambio, somos temerosos de pensar estratégicamente y nos conformamos con cosas como la libre flotación del peso y lo demás que nos digan de fuera. En el caso del oro, se lo “regalamos” a nuestros amigos los canadienses.

México necesita cambiar tanto o más que Estados Unidos lo está haciendo. De nada sirve tener instituciones y gobernantes de la vieja guardia. México eligió un cacicazgo provinciano para gobernar un país moderno, emprendedor y veloz. Qué ironía. Quienes estamos viviendo en el pasado somos nosotros.

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El nuevo orden mundial dejó un regalo en Estados Unidos llamado Donald Trump, y para México, pronto lo sabremos. El verdadero reto vendrá en el 2018, donde solo habrá cabida para quienes modernicen las estructuras e instituciones de México. Para quienes acepten el derrumbe de las reglas del establishment. Este será el México de los emprendedores.

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