OPINIÓN: Acciones incendiarias de Trump han creado una sensación de emergencia

El presidente de Estados Unidos envolvió en llamas al Partido Republicano y se mostró bien dispuesto a quemar la estructura hasta los cimientos para su propio beneficio.
Es notable que el presidente Donald Trump se las haya arreglado para generar tanta emoción, drama y caos con tan poco esfuerzo, señalan analistas.
¿Incendios políticos?  Es notable que el presidente Donald Trump se las haya arreglado para generar tanta emoción, drama y caos con tan poco esfuerzo, señalan analistas.  (Foto: EFE)
MICHAEL D'ANTONIO

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (St. Martin's Press). Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad del autor.

(CNN) — Donald Trump ha sido presidente de Estados Unidos por dos semanas y ya está coqueteando con una crisis constitucional por su prohibición a la entrada de viajeros de siete países mayormente musulmanes.

Ha asustado a sus aliados en todo el mundo, despidió a la fiscal general interina, se peleó con Arnold Schwarzenegger por los índices de audiencia televisiva y ha inspirado protestas callejeras multitudinarias.

Es notable que Trump se las haya arreglado para generar tanta emoción, drama y caos con tan poco esfuerzo.

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Este frenesí de irresponsabilidades ha implicado firmar documentos redactados al vapor y disparar palabras en público o en Twitter.

El tuit de Trump acerca de la "dizque" jueza que bloqueó su decreto antiinmigrantes y antirrefugiados, por ejemplo, fue particularmente impulsivo para un presidente de la modernidad.

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Después de hacer cada una de estas cosas, Trump dio un paso atrás para ver al mundo intentando reaccionar.

La forma más fácil de entender por qué Trump hace todo esto podría ser pensar en ello como un incendio político provocado.

La analogía no es perfecta, pero piensen en que Trump y el equipo de la Casa Blanca han emprendido varias acciones incendiarias para generar una sensación de emergencia al tiempo que demuestran que les preocupa poco a quién afecten.

Esta es precisamente la forma en la que un incendiario perturba la paz. Con un simple cerillo inicia un incendio destructivo y luego se emociona con las reacciones.

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Estados Unidos y el mundo reaccionan como una ciudad sitiada por un incendiario. Reinan el temor y la confusión y, antes de que se desarrolle una reacción efectiva, parece que la estabilidad no volverá nunca.

La mentalidad del incendiario

Los expertos que escriben en la revista Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law señalan que la piromanía es un "trastorno de los impulsos" que afecta a personas cuyos estados de ánimo están desfasados de su realidad objetiva.

Si no se lo detiene y se lo enfrenta (ya sea a través del sistema de justicia penal o de una intervención clínica), la conducta del incendiario se vuelve un problema crónico. Por ello, las comunidades que sufren el ataque de un incendiario enfrentan un incendio tras otro.

¿Donald Trump cubre el perfil del incendiario? Su impulsividad ha sido evidente toda su vida. Cuando era niño, estaba tan descontrolado que sus padres lo metieron a una escuela militar para disciplinarlo.

En los negocios, una bancarrota humillante no bastó para impedir que siguiera corriendo riesgos. Pasó por tres más. En vez de un divorcio que acaparó los titulares, tuvo dos.

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En su campaña por la presidencia no pudo controlar su conducta provocadora. Cuando la violencia acechaba sus mítines, usaba el micrófono para incitarla. Arremetió contra sus rivales en los debates y en sus discursos de campaña con una retahíla de insultos y distorsiones (como repetir las acusaciones infundadas de la revista The National Enquirer sobre que el padre de Ted Cruz había ayudado a asesinar a Kennedy) como nunca se había visto en un candidato de un partido importante de la modernidad.

Trump envolvió en llamas al Partido Republicano y se mostró bien dispuesto a quemar la estructura hasta los cimientos para su propio beneficio.

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Ya como presidente, la conducta de Trump ha contradicho frecuentemente la atmósfera que lo rodea. En su toma de posesión no celebró con una visión positiva del país, sino que describió a un país al borde de la distopía.

Una oración matutina se volvió un foro para presumir. Durante su visita a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos se quejó de la prensa.

Si Trump estuviera solo en su impulsividad y en su condición sombría, tal vez unos asesores sensatos lo habrían contenido. Pero lo han ayudado, principalmente uno de sus asesores, Stephen Bannon, quien está decidido a trastornar el orden político y quien cobró prominencia como director de un sitio web que reparte mensajes intolerantes.

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Parece que Bannon, el hombre más influyente de la órbita de Trump, no tiene experiencia en el servicio público y se ha comparado a sí y a sus seguidores con "el vulgo que no sabe nada".

La dinámica de los incendios provocados

Aunque a los incendiarios frecuentemente se declaran no culpables por locura, rara vez ganan con este argumento. Esto se debe a que generalmente no se considera que estén trastornados o separados de la realidad en otro sentido.

En términos sencillos, saben lo que están haciendo y saben que está mal, pero la compulsión es muy poderosa y la emoción del crimen es muy intensa. Esta cuestión se aclaró en un caso de un incendiario que incendió un granero, lo miró desde lejos, reportó el incendio y luego les preguntó a los bomberos si podía acompañarlos a la escena.

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En las comunidades asoladas por un incendiario, los habitantes y las autoridades al principio no reconocen lo que está pasando. Una serie de incendios puede parecer una simple coincidencia hasta que se descubre el patrón y el problema empeora. La gente se alarma y tiene miedo; entonces, los investigadores se ven obligados a detener la destrucción.

Por ejemplo: a principios de la década de 2000, las autoridades de la zona metropolitana de Washington finalmente se dieron cuenta de que tenían a un incendiario en serie en sus manos cuando Thomas Sweatt cruzó a Maryland, un estado vecino, a cometer uno de sus delitos.

Cuando se reconocen los incendios políticos provocados, no resulta tan misterioso como el problema del incendiario que se refugia en las sombras de la noche para incendiar edificios.

Hubo un momento en el que las tendencias destructivas de Trump se ocultaron tras la noción de que actuaría como un presidente normal una vez que sintiera el peso de su cargo. Esta noción se disipó cuando emitió su decreto antiinmigrantes.

Trump y su equipo también han revelado sus intenciones perturbadoras con sus diatribas contra la prensa, la afirmación de los "hechos alternativos" y las acusaciones locas sobre el fraude electoral que pone en tela de juicio los cimientos de la democracia estadounidense.

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Cómo contrarrestar el caos

En uno de los libros de texto que tratan sobre incendios provocados se señala que a la gente que inicia incendios le gusta sentir que es más lista que las autoridades y disfruta poner a prueba su inteligencia para vencerlos. Les gusta adivinar lo que piensan los demás y la culpa no suele acosarlos.

Algunos expertos recomiendan enviar investigadoras a interrogar a los sospechosos varones porque creen que cometerán un error al sentirse insultados cuando una mujer los interrogue. La idea es que el exceso de confianza y la arrogancia hacen que un incendiario sea vulnerable ante quienes trabajan para detener la crisis.

En el caso de Sweatt, una investigación enorme y decidida llevó al descubrimiento de pequeños fallos en su método. Usaba trozos de su propia ropa para iniciar los incendios y los restos tenían rastros de ADN que sirvieron como prueba.

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Los incendios políticos provocados por Trump se están topando con una oposición muy grande y cada vez más organizada. Al igual que una comunidad aterrorizada por el fuego, el país se cimbró temporalmente, pero está recuperando el equilibrio.

Los ciudadanos que se reúnen en las calles y en los aeropuertos indican que hay decisión. Los periodistas vigilan cada acontecimiento. Los casos que se presentan ante los tribunales en defensa de la Constitución asemejan a los esfuerzos de los bomberos por sofocar las llamas.

En el estado de Washington, la orden de un tribunal federal para detener la aplicación de la prohibición inmigratoria de Trump en todo el país fue un acto definitorio en nombre de una comunidad nacional que reacciona ante la crisis.

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Aunque a muchos estadounidenses sigue alarmándoles la sensación de emergencia que la nueva administración creó, la reacción de los tribunales y de otros actores ha sido notablemente rápida. En tan solo dos semanas, el sistema diseñado para sofocar las llamas detuvo a una Casa Blanca comprometida con el caos, al menos temporalmente.

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Con miras al futuro, quienes están a favor de la estabilidad y la paz harían bien en tomar en cuenta los consejos de la Administración de Incendios de Estados Unidos para prevenir incendios provocados. La dependencia recomienda informarse, organizarse y, sobre todo, estar atentos.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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