OPINIÓN: ¿Trump está en el lado correcto sobre la cuestión de los transgénero?

El presidente de EU está en contra de cualquier intento ejecutivo de alterar el lenguaje de la ley federal como sucedió con las directrices emitidas por Barack Obama para proteger a los transgénero.
La nueva posición de la administración Trump no impone ninguna interpretación del Título IX a los tribunales.
Revés  La nueva posición de la administración Trump no impone ninguna interpretación del Título IX a los tribunales.  (Foto: Cortesía)
Danny Cevallos

Nota del editor: Danny Cevallos (@CevallosLaw) es un analista jurídico de CNN y abogado especialista en defensa penal y daños personales que ejerce en Pensilvania y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Las opiniones expresadas aquí son exclusivas de su autor.

(CNN) — La semana pasada, la administración del presidente Donald Trump eliminó las disposiciones que protegían a los estudiantes transgénero en las escuelas públicas, abandonando las directrices emitidas bajo el gobierno de Obama que permiten a los estudiantes usar baños e instalaciones que corresponden con su identidad de género.

Es probable que dicha decisión figure en un caso actualmente en curso ante la Corte Suprema estadounidense, que se centra en un estudiante transgénero de 17 años, Gavin Grimm, que denunció discriminación en los aseos en virtud del Título IX, la ley federal que prohíbe la discriminación sexual en las escuelas. Grimm dice que se sintió estigmatizado por el trato que le dio el sistema escolar de Gloucester, Virginia, cuando se le denegó la entrada al baño de los hombres en el campus. Él presentó una demanda federal de derechos civiles contra el consejo escolar del distrito.

La acción de Trump ya ha sido descrita en la prensa y por los activistas como una medida que deliberadamente "le hace la vida más dura" a los estudiantes transgénero como Grimm, dejando que los estados y los distritos escolares locales los "hostiguen".

Y si usted es un firme partidario de Gavin Grimm en su caso ante la Corte Suprema (los argumentos orales están programados para el 28 de marzo), hay una buena probabilidad de que usted se oponga al consejo escolar y a la administración Trump por no hacer nada para que Grimm use el baño de su elección.

Pero tal vez pierda de vista un punto importante: precisamente en este caso de la Corte Suprema quizás hay que desear que Gavin Grimm… pierda.

¿Cómo, qué? Así es, una posición anti-Trump podría ser también una posición anti-Grimm.

Hay algunas cosas que es necesario entender sobre esta cuestión y este caso: Primero, retirar la directriz de la administración anterior no es intrínsecamente pro o antitransgénero, aun cuando muchas personas lo perciban de esa manera. De hecho, ese ni siquiera es el tema que se dirime en la Corte Suprema.

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La directriz original sobre el uso de los baños fue emitida el 7 de enero de 2015, cuando un empleado del Departamento de Educación emitió una carta en la que declaraba que "el Título IX... establece que los beneficiarios de la asistencia financiera federal no podrán discriminar por razón de sexo, incluida la identidad de género".

En mayo de 2016, una segunda carta del Departamento de Justicia y del Departamento de Educación consideraba que la prohibición de discriminar por razón de sexo en los programas educativos incluía la discriminación basada en la identidad de género o en el estatus de transgénero de un estudiante.

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La cuestión ahora es la siguiente: ¿Puede un funcionario de una agencia del poder ejecutivo -como el Departamento de Justicia o el Departamento de Educación- simplemente decirle a los tribunales y a todos los demás, por medio de una nota, qué significa y cómo debe interpretarse el Título IX? ¿Y los tribunales tienen que dar deferencia a esa opinión?

Hay un par de opciones aquí: Tal vez usted piensa que el Título IX siempre fue concebido como una ley contra la discriminación incluyendo la identidad de género. Pero eso es estirar demasiado la ley, pues la ley sencillamente no incluye esas palabras. Se podría pensar que mientras el poder ejecutivo crea que el Título IX incluye la identidad de género, entonces esa interpretación debería ser vinculante en los tribunales. Bien, mentes razonables -y jueces- han llegado a conclusiones diferentes sobre ese tema.

Tal vez a usted no le preocupe el intríngulis legaloide y piense, moralmente, que el Título IX debe proteger a las personas transgénero. Esa es una posición comprensible, pero no es lo que dice la ley.

Lo que complica aún más el caso pendiente en la Corte Suprema es la nueva posición de la administración Trump: no impondrá ninguna interpretación del Título IX a los tribunales. Hay un argumento razonable de que el poder ejecutivo, es decir, las agencias del presidente Obama, nunca debieron de haberlo hecho en primer lugar.

Incluso si usted asume la postura de que el Título IX debe incluir a personas transgénero, debe admitir que: 1) la ley actualmente no incluye a las personas transgénero en su lenguaje; 2) tenemos un sistema establecido para cambiar las leyes; y 3) lo que una ley debe decir, lamentablemente, no siempre es lo que realmente dice.

En nuestro sistema, el poder legislativo está facultado para promulgar y enmendar las leyes, y el poder judicial tiene desde hace tiempo la autoridad para revisar y desbaratar los actos del Congreso.

Es una crítica justa sostener que la administración de Obama, en tanto poder ejecutivo, pudo haber sobrepasado sus límites al intentar imponer su interpretación expansiva del Título IX sobre las escuelas a nivel nacional.

Podríamos inferir que el acto de la administración Trump de retirar las dos cartas anteriores es un acto motivado por una animadversión hacia las personas transgénero. Ciertamente es posible, pero entonces hay que conceder otra posibilidad: Trump no tiene ningún problema con las personas transgénero, y su administración está en contra de CUALQUIER intento ejecutivo de alterar el lenguaje de la ley federal -debidamente promulgada por un Congreso representativo- por medio de un par de cartas de opinión.

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Y así llegamos a esta otra paradoja: ¿Por qué el oponente más férreo de la administración Trump podría querer que Gavin Grimm perdiera en este caso de la Corte Suprema? Porque el caso del condado de Gloucester versus Gavin Grimm tiene que ver menos con los derechos transgénero y más con los límites del poder de la rama ejecutiva.

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La Corte puede concluir que las agencias de la rama ejecutiva de Obama tenían el poder de imponer su voluntad al poder judicial y a la ciudadanía. Eso entonces significa que la administración Trump tiene ese mismo poder sin restricciones, tiene la atribución de decirles a las otras ramas lo que es la ley. Apoyar la victoria de Grimm podría significar, en última instancia, apoyar una administración Trump sobre-empoderada.

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