OPINIÓN: Donald Trump se humilla en Twitter

El testimonio del director del FBI, James Comey, derribó las descabelladas acusaciones de que Barack Obama intervino las comunicaciones del presidente de Estados Unidos.
El FBI es cuestionado sobre acusaciones de Trump de que Obama lo espió
Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Todos estamos de acuerdo en que ninguna persona que haya sido electa presidente de Estados Unidos habría acusado a su predecesor de intervenir sus comunicaciones. Y mucho menos en un tuit en el que se refirió así del expresidente de Estados Unidos: "Esto es como Nixon/Watergate. ¡Tipo malo (o enfermo)!".

Pero como les encanta decir a sus simpatizantes, Donald Trump no es un político común, así que fue él quien envileció a la presidencia con las descabelladas acusaciones de que Barack Obama había organizado una conspiración criminal para intervenirlo.

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Fue inevitable que el hombre más poderoso del mundo fuera blanco del repudio del director de la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos, quien dijo ante el Congreso y ante los televidentes de todo el mundo que la dependencia a su cargo no encontró pruebas que respalden la acusación de Trump. Y claro, Trump optó por ignorar la lección obvia de esta humillación y siguió dando rienda suelta al trol que lleva dentro.

El nuevo abuso de la presidencia y de la opinión pública estadounidense empezó horas antes de que una comisión de la Asamblea de Representantes interrogara a Comey y a otros líderes de los servicios de seguridad respecto a la controversia. A las 6:35 de la mañana del lunes 21 de marzo, Trump estaba dándose vuelo en Twitter y esparciendo distracciones en rachas cortas.

"James Clapper (exdirector de los servicios estadounidenses de inteligencia) y otras personas declararon que no hay pruebas de que POTUS (el presidente de Estados Unidos) esté coludido con Rusia. ¡Esta historia es una NOTICIA FALSA y todos lo saben!".

"Los demócratas inventaron y difundieron la historia de Rusia como excusa por haber hecho una campaña pésima. ¡Tenían una gran ventaja en el Colegio Electoral y perdieron!".

"¿Qué hay de los contactos de la campaña de Clinton con los rusos? Además ¿es cierto que el CND (Comité Nacional Demócrata) no dejó que el FBI investigara?".

El intento de Rusia por interferir en las elecciones y los contactos de los rusos con personajes relacionados con Trump estaban en la agenda de la comisión de la Asamblea de Representantes. Pero la noticia que el mundo esperaba era la declaración de los testigos a quienes se interrogó sobre las acusaciones que Trump hizo sobre Obama.

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Como lo sabe cualquiera que haya estado atento a esta controversia, Trump estaba demasiado inquieto y sabía que Comey iba a usar su arsenal. Los tuits que emitió en la mañana representaron los desvaríos de un hombre que despertó con un mal presentimiento sobre ese día.

Los tuits preventivos de Trump son manipulaciones a los medios con los que se pretende sustituir a un liderazgo sobrio en tiempos de crisis. Solamente un político verdaderamente inexperto no habría anticipado el daño que se haría a sí mismo, a la presidencia, a su partido y a su país.

Si se combina la inexperiencia de Trump con su conocida tendencia a comportarse de forma autodestructiva (tan solo basta ver cuántos de sus negocios han caído en bancarrota), se puede empezar a entender cómo se desató la tormenta de tuits. Trump no puede evitar hacer el intento de moldear la realidad a través de los medios y tiene una autoconfianza que raya en el delirio.

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Uno puede imaginarse fácilmente que el ataque continuó mientras Trump se acomodaba frente al televisor como lo hizo Nixon (sin el vaso de whisky) para ver las audiencias y dar sus respuestas instantáneas.

Rodeado de personas elegidas más por su lealtad que por su competencia, Trump hizo comentarios con la destreza de un experto en el arte de las noticias falsas e ignoró el tema principal (que Comey y el Departamento de Justicia desmintieron sus acusaciones contra Obama) y eligió las partes de los testimonios que más le acomodaban.

"El director Rogers de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) dijo al Congreso que desenmascarar a las personas pone en peligro la seguridad nacional", se lee en un tuit en la cuenta @POTUS. "El director Comey del FBI se rehúsa a negar que informó al presidente Obama de las llamadas a Rusia que hizo Michael Flynn".

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Estas dos cuestiones y otras que tocó el personal de Trump fueron algo ordinario. No hay ninguna controversia acerca de los informes que Obama recibió sobre Flynn, cuyos engaños lo obligaron a renunciar como asesor de seguridad nacional, y ningún funcionario responsable está a favor de revelar la identidad de las personas cuyo nombre debería mantenerse en secreto.

Las noticias reales que surgen de la audiencia tratan sobre lo que Comey declaró: "No tengo información que respalde esos tuits (de Trump). Hemos hecho una investigación minuciosa en el FBI".

"El Departamento de Justicia me pidió que les diga que la respuesta es la misma en el caso del Departamento de Justicia y todos sus componentes", agregó Comey. "El Departamento no tiene información que respalde esos tuits".

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En vista del testimonio de Comey, los reportes de Trump en Twitter se parecen a los reportajes que provocarían que los televidentes cambiaran el canal y que los lectores de periódicos cancelaran su suscripción. Los tuits que Trump publicó antes de la audiencia respecto a su victoria en las elecciones lo hicieron parecer a la defensiva y débil. Sus respuestas durante el evento insultaron la inteligencia de la opinión pública estadounidense.

Usando uno de los términos que a Trump le encanta usar en Twitter, es "triste" ver que al parecer sigue siendo incapaz de estar a la altura de los desafíos del cargo que ostenta. Los tuits en los que acusó a su predecesor de haber cometido delitos graves y que sirven como propaganda lo dañan a él mismo y dañan al país en formas innumerables.

Para explicarlo, basta ver la encuesta de Gallup más reciente, en la que se determinó que solo el 37% de los estadounidenses aprueba su desempeño. Ningún presidente nuevo había caído tan bajo y tan rápido, cosa que podría decirse de Trump como persona.

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¿A dónde va todo esto? Trump y sus aliados se metieron en este lío en gran medida por hablar cuando no debían. Trump siguió troleando al Congreso, antes y después de la audiencia. En vista de que el poder legislativo tiene facultades para investigar y llamar a los funcionarios a declarar, es muy probable que esa haya sido una muy mala idea.

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