OPINIÓN: Los musulmanes no son parte del problema, decirles que lo son sí lo es

Las comunidades musulmanas son, han sido y serán parte de la solución; esa fue una lección aprendida en Gran Bretaña durante los días difíciles después de los atentados de 2005 en Londres.
El palacio de Westminster fue reforzado tras el ataque del pasado miércoles. La plaza del Parlamento y Whitehall, la avenida que la conecta a Trafalgar Square, permanecieron cerradas.
Seguridad  El palacio de Westminster fue reforzado tras el ataque del pasado miércoles. La plaza del Parlamento y Whitehall, la avenida que la conecta a Trafalgar Square, permanecieron cerradas.
H.A. Hellyer

Nota del editor: H.A. Hellyer, investigador no residente en el Atlantic Council y en el Royal United Services Institute de Londres, es autor de 'Muslims of Europe: The 'Other' Europeans' y 'A Revolution Undone: Egypt's Road Beyond Revolt'. Síguelo en Twitter en @hahellyer. Las opiniones expresadas en el artículo son responsabilidad del autor.

(CNN) - Recuerdo bien los ataques que sufrió Londres el 7 de julio del 2005. Recuerdo la conmoción, la ira y la indignación. Recuerdo el miedo, la preocupación y la inquietud. Y también recuerdo el coraje, la persistencia y la perseverancia.

Me desempeñé como coordinador adjunto del grupo de trabajo del Gobierno de Su Majestad para combatir la radicalización y el extremismo, creado tras el absurdo ataque.

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Tras el atentado terrorista de la semana pasada en Westminster, recuerdo las lecciones del 2005: cómo responder y cómo no responder, cómo mantenerse unidos y cómo no permitir que los viles atacantes hagan suya una verdadera victoria. Fue solo cuestión de horas antes de que algunos fanáticos decidieran usar este despreciable ataque contra uno de nuestros símbolos más duraderos, el Palacio de Westminster, para sus propios fines políticos.

Cuando Jo Cox, un símbolo viviente de la democracia británica, fue asesinada por un extremista de derecha, no recuerdo haber visto a nadie llamando a una guerra contra el nacionalismo blanco. No vimos ningún tuit de gente como Donald Trump Jr., que decidió usar la tragedia de esta semana para agredir gratuitamente al alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán y cuya identidad musulmana es, en mi opinión, ciertamente trascendente al cuestionar por qué el hijo del presidente decidió atacarlo de esa forma.

No vimos diatribas como las de Tommy Robinson, líder de la Liga de Defensa de Inglaterra, quien se enfurece contra el odio y el fanatismo, pero nunca le declara la guerra al extremismo de extrema derecha que está ganando terreno todos los días en Occidente.

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Pero, por supuesto, los simpatizantes de estos populistas intolerantes se aprovecharán de cualquier oportunidad para demonizar a toda la comunidad de musulmanes, y al Islam como una fe mundial, mientras que los extremistas radicales islámicos apuntan y matan a muchos más musulmanes, y cuyos mayores enemigos han sido siempre musulmanes que mueren mientras luchan contra este flagelo.

Sabemos por Mark Rowley, el funcionario de contraterrorismo más experimentado de Gran Bretaña, que desde el 2013, más de una docena de ataques en Gran Bretaña han sido frustrados como resultado del trabajo de la comunidad de seguridad.

Y también sabemos que la participación del público en general, un público que incluye tanto a los musulmanes como a los no musulmanes, es crucial para ese esfuerzo. Como compatriotas y conciudadanos, nuestras comunidades musulmanas no son parte del problema y nunca deben sentirse como tales. Son, han sido y serán parte de la solución. Esa fue una lección que tuvimos que aprender aquí en Gran Bretaña durante esos días difíciles después de los atentados de 2005 en Londres.

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No pretendíamos, como a menudo lo llaman los populistas intolerantes, afirmar que no hay inspiración religiosa en el extremismo islámico radical. Más bien, enfatizamos, como lo reconoce la comunidad de seguridad por todo Occidente, que hay una heterodoxia deformada que sirve de base ideológica para este extremismo. Una heterodoxia de la misma manera que el "cristianismo positivo" de los nazis, el cristianismo del Ku Klux Klan y tantas otras desviaciones ideológicas.

Pero hubo otra lección que tuvimos que aprender en el 2005, que se refería a un tipo de extremismo distinto al de los islamistas, un extremismo que se alimentaría de la carnicería de ataques como estos para atraer a la sociedad.

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A los fanáticos y racistas se les debe decir en términos inequívocos que nuestra sociedad es para todos nosotros. No ganarán al tratar de dividirnos. Si permitimos eso, entonces los terroristas ganan. No debemos permitir que su odio salga victorioso.

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Más bien, aquí en Gran Bretaña, si permanecemos unidos contra el odio y rechazamos la división en nuestra sociedad, saldremos triunfantes. Esto es Londres: mantenemos la calma y seguimos adelante.

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